Señor Alcalde, fui yo

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Por: Luis Fernando Restrepo

De los tiempos en que viajar era lícito, dos recuerdos vienen a mi memoria en relación con lo sucedido esta semana en Popayán; el primero fue en el Museo del Oro en Armenia, mientras realizaba una visita guiada con una familia de españoles y en algún momento sentí furia de escuchar a un niño de 9 o 10 años, decir que gracias a ellos éramos un pueblo civilizado, escucharlo decir que nos habían traído la cultura y la religión en cierta forma me enervó; salí de la visita guida y continué solo el recorrido para no desmentir lo que su escuela y la mía nos habían enseñado.

El otro fue ingresar a la ciudad de Barcelona desde el aeropuerto y a la entrada se observaba en una rotonda cerca del puerto, una enorme estatua de Cristóbal Colón, y no sé por qué razón me sentí tan indignado de verla en ese sitio prioritario para los catalanes, un pueblo que admiro.

A todos los que fuimos educados en historia en los últimos 500 años, se nos enseñó que los españoles durante la conquista nos trajeron la cultura, la religión y el idioma, y eso no es mentira, pero bajo el tapete de esa verdad existe otra en la que para traer su cultura debieron arrasar con la existente en los pueblos americanos. El reino español está en mora de pedir perdón a sus víctimas mesoamericanas por el genocidio de muchos pueblos indígenas a quienes les arrebataron su cultura, su religión, su idioma, sus tierras y sus espacios sagrados.

Por nuestras venas corre orgullosamente sangre de tres razas, la española, la indígena y la negra; y al conocer los pormenores de la gesta conquistadora, ruego a Dios que, pese al color de mi piel, por mis venas fluya una muy buena cantidad de sangre indígena y negra y en menor cantidad, española, pues es de público conocimiento que las conquistas se hicieron con los ladrones, asesinos y con la peor ralea del pueblo conquistador y la española no fue la excepción.

La Pinta, la Niña y la Santa María venían cargadas de ladrones a quienes les habían conmutado su condena por una posible pena de muerte en un viaje con muy pocas posibilidades de retorno. Trajeron todas sus triquiñuelas y engaños, y a nosotros se nos vendió la mentira de que esa parte de maldad conocida como “malicia Indígena”, que fluye en nuestras venas y que ha enraizado la corrupción de nuestro País desde su “Independencia” hasta la actualidad, era de nuestros pueblos originarios, y no de los ladrones, estafadores, violadores y asesinos que llegaron en los barcos desde Europa.

Luego otros barcos desde la “madre patria” vinieron con miles de soldados, en superioridad de armas, e incluso armas biológicas, ¡trajeron mantas cargadas con viruela! para perpetrar un genocidio de los pueblos indígenas, del que el mismo Hitler se ruborizaría, y en uno de estos navíos atracó el conquistador Sebastián de Belalcázar, quien casi quinientos años después, es juzgado de manera simbólica por el pueblo Misak y condenado a abandonar su sagrado Morro Tulcán que era, para los Pubenses, un templo de adoración al Sol y la Luna.

En la década de 1930 se había dispuesto colocar en el Morro Tulcán una estatua del cacique Pubén, símbolo de la resistencia del pueblo indígena, pero a cambio se erigió la estatua del victimario y no del defensor. Ya de por si la ciudad Blanca es un hermoso recordatorio de la época colonial, un monumento a lo bueno que los españoles nos dejaron, ¿por qué entonces cometer el sacrilegio de los sitios sagrados indígenas erigiendo estatuas a sus victimarios?

El equivalente en tiempos modernos de este sacrilegio, sería colocar en el muro de las lamentaciones en Jerusalén una estatua de Adolfo Hitler, o colocar la imagen de Fernando Garabito en todos los Jardines Infantiles del País o como símbolo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, o erigir una estatua del Mono Jojoy en Mocoa Putumayo, o de Rito Alejo del Río en la población El Aro.

El mundo viene tomando una nueva conciencia, no en vano en Estados Unidos y Europa se han derribado estatuas de personajes ligados al tenebroso negocio de la esclavitud, en Washington derribaron la estatua de Cristóbal Colón, y en el mundo, a modo de reivindicaciones históricas, las estatuas de esclavistas, conquistadores y otros delincuentes han sido bajadas de sus pedestales.

El Pueblo Misak llevó a cabo un juicio a Sebastián de Belalcázar, es decir se le respetó el debido proceso, y para llevarlo a cabo se recopilaron los documentos históricos generados por las mismas élites que decidieron colocar la estatua del victimario y encontraron que este señor era culpable de:

genocidio, despojo y acaparamiento de tierras desaparición física y cultural de los pueblos que hacían parte de la Confederación Pubence, tortura por medios de empalamiento y ataque con perros asesinos a los fuertes guerreros Misak Pubences y Asesinatos de Taita Payan, Taita Calambas y Taita Yasguen, hurto del patrimonio cultural y económico de la herencia Pubence, repartición arbitraria de tierras, esclavitud por medio de la institución de las encomiendas, despojo forzado del NUPIRO- gran territorio pubence, violación de mujeres, esclavización de la mano de obra indígena para enriquecimiento ilícito, imposición de costumbres y creencias como el cristianismo, profanación de sitios sagrados y desarmonización espiritual, (…) las conductas anteriormente descritas fueron realizadas con sevicia y dolo, bajo la voluntad deliberada de cometer un delito a sabiendas de su arbitrariedad.”[1].

“Fui Yo” es un reciente movimiento en redes sociales ante la propuesta del acalde de Popayán de capturar a los responsables del derribo de la estatua ecuestre de Sebastián de Belalcázar, lo que hace que confiese también mi participación, y en apoyo a quienes se ponen un cartel yo me pongo esta columna.

Señor Alcalde de Popayán, nuestros ancestros indígenas y sus sitios sagrados merecen respeto y consideración, si bien ya es muy difícil, por el transcurso del tiempo, lograr su reparación y devolverles sus tierras, por lo menos, nosotros, los mestizos colombianos, debemos respetar sus territorios sagrados y hacer honor a sus próceres y no a sus victimarios; entiendo que son monumentos culturales pero hay otros sitios de la ciudad Blanca, que tiene cantidad de parques donde no desentonaría la imagen, sin reparar, del conquistador.

Reivindiquemos al Cacique Pubén que ofreció resistencia en su sitio sagrado y continuemos, con Popayán, sin desconocer la verdad de lo que sucedió, haciendo honor a esa ciudad colonial de la que todos los colombianos nos sentimos orgullosos.

Si alcalde, yo fui; de corazón, estuve jalando esas cuerdas al lado de mis pueblos indígenas para que cayera de su sagrado pedestal el genocida conquistador Belalcázar y, de corazón, acompaño a los pueblos originarios en la búsqueda de la reivindicación de sus derechos y la reparación de sus víctimas, a las que las élites payanesas quieren seguir pisoteando.


[1] Sacado del documento denominado “Juicio de los Purek hijos del Agua, descendientes de los Pubences a Sebastián Moyano y Cabrera alias Sebastián de Belalcázar quien la historia de la voz racista y colonial lo describe como el Conquistador de Popayán, del Movimiento de Autoridades indígenas del suroccidente” y rescatado de: 

11 COMENTARIOS

  1. Excelente columna, es importante aprender a enaltecer a quien hace méritos para ello, tenemos la triste costumbre de arrodillarnos ante el tirano🙄

    también fui yo💪

  2. Excelente columna profe !

    Realmente hace falta mas contenidos como estos en los que se de a conocer y hacer valer la historia colombiana y sus grandes luchadores.
    No se puede olvidar nuestro origen y la sangre que corre por nuestras venas!

  3. Los historiadores Medofilo Medina de Colombia y Heraclio Bonilla del Perú han preguntado de manera proponente ¿Cómo es la historia del descubrimiento y conquista de América contada por los nativos de América? El historiador norteamericano Eric Van Young en su libro La otra Rebelión, y el abogado colombiano Quintin Lame en sus discursos políticos y sociológicos muestran que la cultura indígena de América tiene bastante profundidad, historia y con invaluable riqueza. Proponen pues estos intelectuales, superar el Eurocentrismo y elaborar una nueva narrativa incluyente.

  4. Excelente, muy clara y contundente esta columna, debemos como mínimo respetar y defender la dignidad y autonomía de nuestros marginados pueblos indígenas, señor alcalde *Fui yo*

  5. que buena columna…gracias por ese sentir que muchos no expresamos y que nos lleva a tomar conciencia de la realidad que estamos viviendo sin olvidar de donde venimos…un abrazo

  6. Me gustó mucho leer mucho su columna y saber que en la actualidad todavía seguimos ciegos frente a una realidad triste de nuestro pais , adorando y añorando una España quien maltrato y acabo con nuestro indígenas de una manera tan atroz.

  7. Quienes desprecian sus orígenes y honran la brutalidad el deben quedar en el pasado, las personas no son más porque vienen de afuera, dejemos de ser malinchistas, traidores a nuestra gente. Totalmente de acuerdo, fui yo también

  8. Excelente columna, Luis Fernando
    Como nos enseña Gonzalo Arango, nuestros pueblos originarios, el SentiPensar Ambiental… Hay que recuperar la Salvaje Esperanza
    Gracias!

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