Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad¿Simple jefe… o líder?

¿Simple jefe… o líder?

“Nadie es imprescindible”, eso dicen; dicen que las personas llegan, hacen su labor, se van y mueren en el olvido y añorando lo que alguna vez fueron.

Se equivocan. Todo depende de la diferencia abismal entre un jefe y un líder.

Un jefe es alguien con poder transitorio en una institución o empresa. Se beneficia de prerrogativas mientras está en ejercicio del cargo: posiblemente un vehículo con conductor, escoltas, tarjeta de crédito para gastos de representación, acceso a las salas VIP de los aeropuertos y tiquetes en primera clase, almuerzos en costosos restaurantes, reconocimiento social, aduladores profesionales a diestra y siniestra, personas que lo esperan durante largas y aburridas horas  en la antesala de la oficina con la esperanza de que las atienda y las escuche pero a sabiendas de que posiblemente nunca las recibirá. Disfruta de la aparente lealtad de los subordinados que lo acatan, obedecen y brincan con la flexibilidad de los sapos para complacerlo cada que chasquea los dedos. Algunos, doblegados por la necesidad del sustento diario, lo tratan como a un ser omnipotente que en cualquier arrebato de mal genio o aprovechándose de un pretexto insignificante puede despedirlos, destruirles la vida y dejarlos sin recursos para el estudio de los hijos y para la satisfacción de las necesidades básicas.

Es tal la supremacía provisional de un jefe de turno, CEO, gerente, administrador, mánager, director o cualquiera sea la denominación, según sus funciones, que la rutina del ejercicio del mando puede embriagarlo hasta el punto de olvidar su condición de empleado de “confianza y manejo” y, por lo tanto, de sujeto expuesto como sus subalternos a quedar en la calle de la noche a la mañana por capricho de alguno de sus superiores, en cuyo caso otro “Dios” ocupará su lugar en cuestión de minutos. Una vez en la calle el jefe que otrora se sintiera amo y señor de su entorno laboral experimenta la orfandad del poder; sobre todo cuando sus antiguos colaboradores y “confidentes” lo borran de sus contactos y muchos, incluso, lo ignoran o lo tratan con menos respeto… o sin respeto.

Eso, un ser humano común y corriente, con autoridad casi “ilimitada” pero efímera, eso es un simple jefe, como tantos que proliferan en el mundo empresarial y en las oficinas públicas; son la gran mayoría, para hablar sin rodeos.

Un líder, en cambio, levita con naturalidad sobre su posición temporal. Sabe, sin vanagloriarse, que brilla  como una estrella y que siempre irradiará su luz, esté donde esté. Odia las lisonjas de los hipócritas. Ama y estimula la crítica constructiva y valora a los colaboradores que lo contradicen y le debaten con argumentos porque son auténticas joyas que debe atesorar. Es de tal naturaleza su carisma que las personas a su cargo lo acatan porque sienten que estarán bien guiadas hacia el éxito y la realización profesional y personal; lo visualizan como un maestro, alguien capaz de señalar el horizonte e impulsar a cada uno para que potencialice sus capacidades y las aplique con entusiasmo y creatividad en el logro de las metas corporativas e individuales.

Un simple jefe puede ser un gran administrador, digno de admiración y respeto. Pero, en contraste, un líder es, además de jefe, un creador, un verdadero fabricante de ideas innovadoras y lucrativas; un Midas que con su intelecto genera riqueza para sí mismo y para quienes dependen de sus iniciativas.

En manos de un líder las empresas evolucionan, crecen, son imitadas y en muchas ocasiones marcan el camino a seguir por sus competidores. En oposición al líder, un simple jefe se limita a sostenerse en el mercado o cumplir al pie de la letra el manual de funciones, sin marcar una diferencia sustancial.

Mientras que un jefe sabe que lo seguirán por obligación, un líder obtiene lealtad incluso cuando guarda silencio y sin necesidad de valerse de recursos coercitivos o de halagos oportunistas y vacíos. Su presencia, por sí sola, mueve la voluntad y el entusiasmo de quienes lo rodean e inspira respeto hasta entre sus eventuales enemigos.

El mundo está plagado de simples jefes en todos los niveles de la política y los sectores económicos. Son profesionales magníficos, con maestrías y doctorados; navegan en tantos diplomas como cartones tiene un tugurio, pero tan pronto pierden sus privilegios tienden a quedar marginados y hasta menospreciados por quienes antes les servían y apoyaban en forma aparentemente incondicional.

Pero los líderes son pocos; muy pero muy pocos. Conforman una selecta minoría de mujeres y hombres tan excepcionales que al retirarse o morir dejan un vacío imposible de llenar en entidades que decaen y en empresas que pierden brillo e influencia económica y social o que desaparecen. Y no es para menos; al fin y al cabo, los simples jefes pasan sin dejar huella, al tiempo que los líderes trascienden y sus discípulos envejecen imitando su ejemplo y multiplicándolo entre las siguientes generaciones.

*Abogado y comunicador social

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