Sin Limites – Inseguridad

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Por LUIS ALBERTO MARTINEZ

Hoy recordamos con cariño y mucha nostalgia aquellos días y noches que irradiaban resplandores de encanto y las gentes se paseaban en familia y en comunión de amigos en serenos y placidos recorridos por las calles céntrica de la ciudad. Ratos de apacible esparcimiento. A las fuentes de soda muy de moda en ese entonces acudían los enamorados viejos y jóvenes a disfrutar lindos momentos al ritmo de regias baladas y románticos boleros.

Era una agradable costumbre, los paseos nocturnos por la séptima y octava eran de placer, nada perturbaba aquella sana distracción.

Al Lago Uribe Uribe del mismo modo iban encumbrados personajes de la sociedad pereirana a deleitarse de agradables pasajes de amistad, en noches divinas, noches con ojos que miraban hasta el alma de quienes disfrutaban exultantes la belleza nocturna.

Pero la paz y serenidad de repente feneció, poco a poco aquellas caminadas a céntricos sitios de la querida Perla del Otún en recordadas noches de resplandor y belleza, se fueron convirtiendo en noches negras como de misterio.

La aparición de tenebrosas y repugnantes bandidos sembraron el caos y el terror, la infección de una epidemia vandálica se regó como pólvora en lugares que antes vestían con gran lujo a los asiduos visitantes.

Se volvió costumbre ver a los policías corriendo de huida de esos buitres que sin compasión arreciaban en contra de su integridad. Muchos maleantes se transformaban en trans para atraer a sus víctimas que caían en la red de esos modelos pervertidos. Estos actos eran frecuentes en la séptima a solo dos cuadros del Lago Uribe Uribe; los videos de los habitantes del sector son elocuentes.

Las viejas luces que iluminaban la vida nocturna de los pereiranos, lucen lúgubres, amarillentas; la inseguridad se convirtió en tema diario de los periódicos y noticieros. La luz radiante del sol también es testigo del nerviosismo y tensión que afecta a los ciudadanos ante el incremento despiadado de vándalos que sin piedad atracan y roban a cualquier hora y en todo lugar. Actualmente a cuenta de la pandemia por el coronavirus, la ola de desempleo y de pobreza se disparó y con ella la delincuencia. En algunos sitios de la capital, las autoridades de policía instalaron unas garitas, para ayudar a controlar el orden, pero esto no funcionó. La comunidad reclama acción.

Por estos tiempos el país vive la más cruel y aterradora emergencia por las protestas, marchas y paros cívicos, por la aplicación de la Reforma Tributaria que pretendió imponer el gobierno nacional; más impuestos para los pobres y clase media. a pesar del retiro de esta abominable medida el pueblo colombiano sigue agitado.

Mientras cesa la horrible noche, lo mejor que podemos hacer es cuidarnos. El virus continua su ataque mortal. He dicho.  

Luis Alberto Martínez. LAM

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