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ActualidadSIN LIMITES – Taxistas

SIN LIMITES – Taxistas

Por LUIS ALBERTO MARTÍNEZ

Tienen la particularidad de transpórtanos en veloz carrera a cualquier sitio de la ciudad, acompañados de una agradable conversación que incluye en la mayoría de los casos, política, corrupción, y el tema de moda, la pandemia por la Covid -19, asunto que manejan con suma precaución.

La pregunta inicial del taxista al parar, es “para dónde va” y de acuerdo a la dirección buscan el camino más largo, para llegar más rápido, dicen, y para que el costo del servicio valga más. Los taxistas son buenas personas, casi nunca pelean con los de Uber, ni con piratas.

Todos gozan de emisora propia en sus vehículos y la música popular domina la sintonía, muy pocos escuchan noticias, pues afirman que, para oír de muertes, atracos, y violaciones, lo ven en vivo y en directo en sus recorridos por barrios y zonas céntricas.

Si en un taxi se monta una pareja de enamorados, tiernamente recogidos, el retrovisor entra en funcionamiento, para no perder detalle de lo que atrás sucede, ojos bien abiertos, oídos despiertos, es la regla general; nada de distracciones para ver un buen final de la emocionante película.

Montar en taxi es bueno, es como tener carro propio con chofer, lléveme aquí, lléveme allá, sin preocuparnos si el taxista se pasa un semáforo en rojo, o porque casi atropella a un peatón distraído o aun motociclista que a gran velocidad le cierra la vía.

Aunque algunas veces una carrera mínima, la convierten en máxima, según la cara del pasajero. El señor del volante tiene obligatoriamente que reunir la cuota diaria para el patrón y a él le debe quedar mínimo para el tinto, mientras labora, y para el sustento familiar.

Aseguran que hay tiempos buenos y malos; cuando las cosas marchan bien, sonríen al observar a la gente parada en cualquier esquina esperando un taxi, miran de reojo y pasan rápido sin inmutarse, si el día es lluvioso las carreras se multiplican y las ganancias también, pero si hay poco movimiento, a todo aquel que este por ahí parado le pitan y preguntan con voz angustiosa “para donde va?». El taxista vive bien, de lo contrario se dedicarían a manejar buses, camiones, o realizar cualquier otro oficio.

Si en el taxi se queda olvidado un bolso con tarjetas de crédito, o documentos importantes, aparte del dinero, el taxista hace hasta lo imposible por encontrar a su dueño. Si hay alguna duda al respeto, hagan el ensayo.

El taxista es un profesional, y como tal merece reconocimientos gracias a su ardua y exigente labor. Para ellos, el “Timón de Oro”.

Ya, me estoy despidiendo porque acaba de arribar el taxi que pedí a la Estación Central. Me subo rápidamente y antes que el conductor pregunte” para dónde va”, yo le digo, por favor a la plaza de Bolívar, voy para iglesia Catedral. Estamos en Semana Santa, tiempo de oración y recogimiento.

Cuidémonos, el virus no se ha ido, está en todas partes. El tapabocas, el lavado permanente de manos y el distanciamiento social, es nuestra mejor arma contra esta peligrosa enfermedad. He dicho.

Luis Alberto Martínez. LAM

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