“Siquiera se murieron los políticos de antaño…”

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Ferley Henao Ospina

ferleyhenao@gmail.com

“Siquiera se murieron los políticos de antaño sin ver como corrompieron esta urbe”, parodiando el título del inmortal poema de Jorge Robledo Ortiz: “Siquiera se murieron los abuelos”

Esta era una Pereira grande, de un civismo colosal y de una paz infinita. Dejó de serlo y eso duele mucho y duele aquí, en el fondo del alma. Los pereiranos, nacidos o no nacidos aquí, sí que amábamos esta tierra con amor profundo y con orgullo inmenso.

Pereiranos éramos todos, sentenció Luciano García con su inmortal frase: “Aquí no hay forasteros, todos somos pereiranos”. Un país que venía de ser liberal o conservador y que en diferentes partes no se toleraban los unos a los otros, encontró en Pereira el refugio para vivir en paz y armonía.

En los años sesenta había aquí dos líderes muy visibles, Camilo Mejía Duque, liberal y Jaime Salazar Robledo, conservador, quienes fueron varias veces parlamentarios, y junto a ellos uno minoritario, Neftalí Henao Echeverry quien fundó la ANAPO, el único distinto en un Concejo dominado por los otros dos partidos.

Era una clase política distinta a lo que desafortunadamente nos toca ver ahora. Hicieron progresar a Pereira  con transparencia, la percepción ciudadana de ellos era muy elevada. Se trataba de respetables caballeros en quienes el ciudadano confiaba. En cabeza de la gente, ellos eran quienes cuidaban y protegían los recursos públicos. Esa es la diferencia. Cómo nos ha cambiado la vida política.

Los concejales servían ad honoren, es decir, eran elegidos por el pueblo pero servían sin percibir salario ni honorarios. Desempeñaban con honor el cargo que era como una especie de respetable junta directiva de la ciudad a la que los funcionarios rendían cuentas. Se producían allí, en el último piso del palacio de gobierno, auténticas deliberaciones públicas en las que sí se respetaba y se escuchaba al orador.

Así progresó Pereira con dirigentes a quienes desvelaba lo social, líderes que le dedicaban tiempo a servir a la comunidad, a ayudarle a los humildes, a buscar soluciones para los problemas que afectaban a los más vulnerables de la sociedad pereirana. Se esforzaban en conseguir becas para que jóvenes de familias de bajos recursos pudieran acceder a la universidad, en la mayoría de los casos, en otras ciudades. Hacer gestiones para conseguir mercados y entregarles a las familias necesitadas. Era una clase política de verdadera clase: sensible, humana, correcta, cercana al ciudadano y comprensiva.

El partido liberal estaba dividido en dos, la inmensa mayoría liderados por Camilo Mejía Duque afincado en las bases populares y del otro lado los que lideraban Byron Gaviria (padre de César Gaviria Trujillo) y Oscar Vélez Marulanda quien había sido gobernador de Caldas antes de la creación del departamento de Risaralda.

En el partido conservador estaba Jaime Salazar Robledo encarnando las bases populares y con esa fuerza fundó el Movimiento del Cambio Social. En el otro bando Emiliano Isaza Henao y Cástor Jaramillo Arrubla representaban los cuellos blancos.

En síntesis, los líderes políticos de los años sesenta manejaban las bases populares, servían a su pueblo y su pueblo los quería. Dicen que Camilo Mejía Duque tenía más de 500 ahijados, inmensa proximidad a su pueblo que se sentía orgulloso de él.

Para tener una idea de lo que hacían los políticos de entonces, en contraste con lo que nos toca vivir hoy, Jaime Salazar Robledo y su hermano fundan la Sociedad de San Vicente de Paul, compraron una finca que se llamó San Vicente entre Canceles y el alto del Chocho y allí lotizaron para proporcionarle a la gente que venía de otros lugares del país, desplazados o huyendo de la violencia, la forma de comenzar a hacer una vivienda. Hoy ese sector se denomina Villa Santana.

Eran caciques. Ante todo a Camilo Mejía Duque le llamaban el Cacique y sí, eran caciques del servicio a la comunidad y la comunidad les respondía con sus votos, en aquella época en la que no cabía en la cabeza de ningún ciudadano que los votos podrían llegarse a comprar. Esos si eran votos de verdad. ¿Cuándo volveremos a ser honrados?

Siquiera se murieron los políticos de antaño sin ver cómo transformaron la política en un burdo y hasta cruel negocio.

2 COMENTARIOS

  1. Señor Columnista: gracias por evocar la Pereira pujante, para quienes sin ser de la bella ciudad, morenita, querendona, la llevamos en el alma.
    Señor Columnista: evocó con el titulo de su escrito, la canción de Fausto: » Soñando con el Abuelo»
    Cito: «Que puedo hacer por mi pueblo, aquí ya no existe paz, aquí ya no hay libertad, aquí ya no queda nada que podamos controlar»
    Un país que se derrumba por el ideario de corrupción en la mente de nuestros dirigentes.

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