Sobre la revictimización y otras estrategias estériles.

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Fuente: https://www.elexpreso.co/es/por-el-aborto-tienen-derecho-a-protestar,-sin-vandalizar-la-plaza-de-bolivar

Por JUAN NICOLAS GAVIRIA 

Nos dejaron fríos e impávidos al ver la Plaza de Bolívar de colores. Nos la dejaron pintada de un color que habla de igualdad de genero, de respeto por la libertades civiles, de unión, de paz, en fin. Un color que profiere un discurso de reconciliación entre ciudadanos y entre la clase política, un tono que nos invita a respetar y reconocer los derechos que, sobre su cuerpo, solo debe tener la mujer.

Pero este tinte que nos dejaron en La Plaza de Bolívar no quita. No solo por el mensaje que busca transmitir, no, la vaina fue que lo pintaron con pintura de aceite y eso no sale fácil. Sin embargo allí no va mi argumento; ese problema de la responsabilidad por su limpieza le compete a la secretaria de Gobierno y por supuesto, a quienes atentan contra el patrimonio público.

Mi argumento lo quiero centrar en algo diferente, algo que alguien me enseñó alguna vez, y me explicó sobre lo complejo y grave que resulta ser, sobre todo en un país que lucha todos los días por ser mas justo y equitativo. Un error que el estado procura no cometer y cualquier persona inmersa en las dinámicas de defensa de derechos humanos, representación de victimas y en general cualquier situación que suponga el restablecimiento de derechos civiles, conoce y procura evitar.

Me refiero a la revictimización. Es un termino recurrente en casos de abuso sexual, violencia intrafamiliar, violencia de género, secuestro, en general cualquier situación en la cual una persona, en adición al sufrimiento inicial debe incurrir en un sufrimiento adicional por cuenta del proceso jurídico al cual se debe someterse como víctima, esto con el fin de exponer su caso y lograr el restablecimiento de sus derechos.

Se preguntarán por qué uso este término para una situación como la que se advierte en los primeros párrafos. Pues bien, resulta que ante el gran eco que ha tenido el gesto de pintar de verde la Plaza de Bolívar con motivo del “día internacional de la acción global por el acceso al aborto legal y seguro” y dejarla así, muchos sectores de la sociedad civil han convidado a este colectivo a resarcir su falta, lo cual parece apenas lógico. Sin embargo su respuesta resulta en algo que sorprende a cualquiera que la lea.

En comunicado a la opinión publica, este colectivo se refiere al hecho. En él, argumenta que el gesto de pintar la Plaza aduce a un grito de protesta que busca la despenalización del aborto; que su actuar fue pacífico, que no son vándalas, que nunca realizaron daños al patrimonio publico, ni atentaron contra los bienes de la ciudad. En general que todo fue una expresión artística, la cual esperaban se fuera con la lluvia, o en su defecto cuando ésta fuera limpiada por quién sabe quién, pues se había usado una pintura de agua y la naturaleza haría el oficio.

Ahora bien. Los argumentos que presentan resultan validos. Sin embargo resultó que la pintura usada no fue a base agua, era a base de aceite. Pero antes de eso, de las características de la pintura, lo que me llamó fuertemente la atención vino después. Los argumentos expuesto a continuación me recordaron conversaciones sobre casos de victimización y revictimización, en lo cuales la víctima, si bien logra el restablecimiento de sus derechos, también resulta gravemente afectada como resultado de ese proceso nefasto de recordar y relatar su sufrimiento inicial.

Pero aquí la cosa es diferente, en este comunicado se usa la revictimización como estrategia de comunicación para justificar un acto. Se usa un lenguaje específico, en el cual se ubica el colectivo no solo como victima de una política pública represiva, también lo hace en lo que respecta a su incidencia local. Advierten que han sido objeto de señalamientos, que fueron puestas como “objeto de violencia en un país patriarcal”, lo cual les parece un acto irresponsable que no construye canales de comunicación y dialogo.

Adicionalmente, advierten que borrar el mural al día siguiente supone un acto de censura por parte de la Alcaldía municipal y que, en lugar de censurarlas deberían abrir espacios de dialogo para atender las problemáticas propias del motivo de sus manifestación. Me pregunto, si es una alcaldía Municipal la llamada a ese tipo de diálogos. Leyendo todo lo anterior en su comunicado, no podía sacarme de mente la palabra revictimización.

Permítanme aclarar algo, el argumento sobre la despenalización del aborto lo comparto plenamente, lo que no comparto son las vías de hecho. Entiendo también que un país que se podría advertir sordo por parte de grupos y colectivos como éste, resulte apenas lógico abordar el problema desde una estrategia alternativa al dialogo. Sin embargo, lo encuentro carente de objetividad.

Creo yo, que cada mujer puede manifestarse a su forma, así como cualquier ciudadano lo puede hacer. Creo también que el derecho a la protesta garantiza que el pueblo sea el cuarto de los poderes del estado. Pero también creo que este derecho se deslegitimiza cuando se vulnera el patrimonio público o cuando se altera el orden, en esos casos el motivo de la protesta se confunde, se extingue.

Hubiera bastado con asegurarse qué pintura iba ser usada, bastaba simplemente con reconocer el error, fácil hubiera sido aceptar restablecer de los derechos de todos los ciudadanos pereiranos que no participamos de la manifestación. Sin embargo, optaron por otro camino, el camino de la revictimización, el camino de la arrogancia y el desconocimiento de los derechos de los demás ciudadanos.

Yo quedé verde de la ira.

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