Sociedad colombiana urgida de educación con enfoque diferencial

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Por Eduardo Montoya Pérez

La semana anterior fuimos testigos de tres hechos que llamaron mucho la atención para los sectores sociales LGBT+, tres titulares noticiosos que ocuparon las principales agendas de los diferentes medios. El primero, el juez que se negó casar a una pareja de mujeres, del que hablamos en el artículo (Mis creencias son privadas, los derechos son de todos), y los otros dos, las denuncias por comentarios homofóbicos de un docente y el ataque lesbofóbico a la Alcaldesa de Bogotá.

Con respecto a estos hechos, se pudo evidenciar en los comentarios homofóbicos de Alejandro Silva, profesor de la Universidad Distrital, quien durante una de sus clases nos declaró como “aberraciones”, refiriéndose a temas de género, como si fuera poco el nivel de odio y asesinatos contra persona transgénero en este país.

Sumado a ello, está el ciudadano que increpa a Claudia López, según él «en el nombre de Cristo Jesús te reconvengo. Si te quieres volver homosexual hazlo tú, pero no le enseñes a nuestros hijos», como si en todas las salidas de la Alcaldesa portara un rayo homosexualizador convirtiendo a niños y niñas en “aberrantes homosexuales”. Caso similar con lo ocurrido con Ginna Parodi, cuando en cumplimiento de sus funciones intentó implementar una sentencia constitucional.

Y traigo a colación la situación que vivimos hace unos años con el Ministerio de Educación, por que es necesario que volvamos a poner el tema en la agenda pública. Se requiere con urgencia que desde las instituciones educativas se escolarice con enfoque diferencial, interseccional y en respeto a todas y todos los ciudadanos de este país, y eso no se lo inventó el ‘lobby gay’, como dirían algunos extremistas religiosos. Es cumplir los fallos de la Corte Constitucional y la Ley 1620 con su decreto reglamentario.

En Colombia quieren quemar en nombre de Jesús al que es diferente, pero se olvida con mucha facilidad que se deben aplicar y cumplir las leyes por las cuales hemos dado peleas históricas. ¡Qué bueno fuera que al menos aplicáramos los mandamientos de la ley de Dios! En especial el último que nos dejó Jesús: “Amaos los unos a los otros”, pero creo que se entendió mal y aplicamos: “perseguíos los unos a los otros”.

¿Acaso no entendemos que nuestros niños y jóvenes se están suicidando? ¿Cuántos de ellos por razones por matoneo por su orientación sexual e identidad de género? El Silencio que mata, es hora de bajarle a esos discursos de odio que ningún cristiano debería profesar, ya que las principales enseñanzas fueron la defensa los más desvalidos. ¿Se imaginan si Jesús en vez de proteger a la prostituta, incitara a que fuera apedreada?

Los claustros de la educación nos deben servir para desminar el lenguaje; volcarnos a reconocer en el otro un mundo en sí, único, autentico, diferente, pero con los mismos derechos. Es hora de hablar de enfoque diferencial como un principio de igualdad y no discriminación, donde rompamos los paradigmas de la interseccionalidad que recoge no sólo a los LGBT+, sino también etnias, mujeres, personas en situación de discapacidad o diversidad funcional, razas y credos.

2 COMENTARIOS

  1. Hablamos de Cristo y nos santiguamos. Miramos al otro , lo juzgamos y por ende lo condenamos. y luego exijimos respeto a nosotros mismos, cuando lo que enseñamos en el seno de nuestro hogar, en la escuela , en la sociedad, practicamos el discriminar, alejar y odiar al que no es como yo? . Y vamos pregonando en nombre de Dios el rechazo al otro. Creo que Dios no los rechaza a quienes sean homolesbobitransfobicos, dandose cuenta que a sus hijos mas vulnerables ( LGTBI-+) desprecian cercenan y matan. Si existimos?. Es porque Dios , nos AMA

  2. Primero felicitar a Eduardo Montoya por tan excelente tema que se vuelve imperante en estos tiempos. Educar desde el amor es necesario y de carácter urgente para formar seres en el respeto y la aceptación de la dignidad humana. Niños amorosos serán adultos respetuosos de la diversidad.

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