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¿Somos una sociedad de guerreros?

DOSCIENTOS AÑOS DE INDEPENDENCIA PARTE 1.

Por Danilo Salazar Ríos

Se aproxima el año 20l de vida republicana en estos hermosos territorios, de abundantes recursos naturales con biodiversidad, lo que nos ubica en los primeros puestos de ésta clasificación a nivel mundial; dos mares abundantes de recursos, diversidad paisajística que nos permite pasar de nieves perpetuas a la costa marítima en unas cuatro horas, valles, montañas para cultivos diversos, según los pisos térmicos durante todos los meses del año, ríos majestuosos, y en medio de tantas maravillas, para nuestra vergüenza los colombianos no logramos la construcción de un proyecto amplio de nación que nos incluya a todos sin excepciones, sin abusos o atropellos de parte de unos hacia otros, con paz, equidad y justicia.

Si no me falla la memoria, nuestro Nóbel de literatura en alguna ocasión dijo que: “antes de la llegada de los españoles a nuestro territorio, esto era una arcadia de paz y tranquilidad”, nada más alejado de la realidad; en nuestro territorio las tribus de pacíficos agricultores eran atacadas por tribus poco avanzadas en modos de producción que solo conocían el arte de la guerra. Con la llegada de los españoles, el ciclo de violencia empieza de nuevo, los indígenas con sociedades productivas son dominados y puestos al servicio de un nuevo amo que los explota económicamente a través la mita y encomienda y a quienes no les son rentables, caso de los Caribes y otras tribus guerreras, los etiquetan de homosexuales y antropófagos para poder exterminarlos “legalmente”.

Se calcula que, pasados los primeros 50 años de la era hispánica, solo sobrevivía la tercera parte de los antiguos habitantes precolombinos y se inicia otro ciclo de violencia y dolor con la trata negrera, que causó un éxodo masivo de la población africana que no ha sido posible cuantificar, traída para reemplazar a los aborígenes muertos por el abuso español.

Llega la primera independencia en 1810, después de años de pelea y violencia con las tropas españolas y “oh gloria inmarcesible”, salen los peninsulares y nuestros héroes se dedican a pelear hasta llegar a una guerra civil para tratar de imponer a los demás sus ideas sobre las mejores formas de gobierno, dándole oportunidad a los españoles de reconquistar nuestro territorio, con nuevas cuotas de sufrimiento, lágrimas y sangre.

En 1819, cuando por fin sacamos por las armas a los chapetones, empezó una era de intrigas y puja por el poder, que no acabó con la muerte de Bolívar y la disolución de su más grande sueño, la gran Colombia; durante todo el siglo XIX el país vivió otro baño de sangre entre bandos y movimientos políticos empeñados en quedarse en el poder o recuperarlo después de perdido. Dijo algún historiador, que son alrededor de 45 los conflictos ocurridos en éste siglo, en los que participó hasta la iglesia católica de esas épocas, y cuyo acto final fue la guerra de los mil días, que inicia a finales del siglo XIX e inaugura el siglo XX, que además del sufrimiento y la pobreza en que deja al país, tiene otra consecuencia:  la perdida de Panamá.

En el nuevo siglo no amainó la violencia partidista; los conservadores gobernaron a su amaño hasta 1930 siendo sucedidos por el partido liberal hasta 1946, donde vuelven al gobierno los conservadores y se inicia la “violencia política”.

Luego del asesinato de Gaitán en 1948, una nueva época de sangre, terror, desplazamientos y atropellos, pero con el agravante de ser violencia de estado contra gentes pobres y humildes, aunque no es exactamente cierto decir que fue un conflicto entre terratenientes conservadores y pequeños campesinos o desposeídos de tierras de origen liberal, hay algo de cierto en  ésta afirmación, algunos campesinos liberales se organizan como autodefensas en los Llanos, se les ofrece amnistía y abandonan la lucha armada contra el estado; ya desarmados  y desmovilizados  son asesinados sus líderes.

 Otros grupos de autodefensas se arman y se van para el monte, estos campesinos serán la semilla de una guerrilla cuyas ideas políticas les fueron inculcadas luego del triunfo de Fidel Castro; insisto, eran unos humildes campesinos agrupados como auto-defensas,  que siguiendo la “ teoría del foco” de la revolución cubana, creyeron poder tomar el poder aquí como había ocurrido en Cuba; sin el horizonte de la toma del poder, que es lo que los hace enemigos del estado y les da status político,  Tirofijo y sus hombres hubieran pasado sin dejar mayor  huella en  la historia de Colombia.

Para desgracia nuestra, la ilusión de un país con más justicia social, menos discriminación y mayor acceso de los sectores populares a salud, educación, saneamiento básico, vivienda de interés social, oportunidades de trabajo y ascenso social y otras aspiraciones que debieron ser banderas de lucha de éste grupo y otros grupos guerrilleros en favor del pueblo colombiano, no llegaron a ningún puerto.

Las guerrillas nunca trascendieron como representantes del pueblo ni lograron su respaldo, no lograron ni el apoyo de las gentes en los territorios donde ejercieron el poder y se dedicaron a abusar tanto, que dieron origen a otras nefastas auto-defensas, aliadas de poderosos terratenientes y ganaderos, dedicadas a asesinar  a quienes les señalaran sus patrones, narcotraficantes, etc., pues hasta empresarios pagaron para eliminar a líderes sindicales; es decir, fueron los encargados de asesinar solapadamente a todo lo que les oliera a izquierda, opositor o líder que cuestionara sus ideas  o incomodara al establecimiento, o a cualquiera que fuera un estorbo para sus planes.

En este corto resumen en el que puedo cometer imprecisiones y omisiones, lo que pretendo es mostrar que somos una sociedad inmersa en una violencia constante,  que ha tenido pocas épocas de paz y progreso, parece ser que cada ola de violencia deja odios y rencores que son  la raíz de la siguiente  ola, por eso aunque no comulgo con muchos de sus postulados y mantengo prevención y desconfianza en sus motivaciones y eficacia, pienso que los procesos de paz con paramilitares y guerrilla de las F.A.R.C, sirven en la medida que haya reparación, verdad y no repetición.

Escuchar a las víctimas es desgarrador, pero permite que sepamos de sus hondas heridas, sus sufrimientos y desarraigos y oír al victimario nos horroriza, pero es bueno saber las motivaciones de su accionar y de quién o quiénes recibían órdenes; con todas sus imperfecciones y sabiendo que no son una maravilla, prefiero que haya  10, 20  o 30 mil hombres menos en armas y que se termine el baño de sangre que enluta  a ésta hermosa tierra.

Creo que guerrilla y paramilitares deberían contar quiénes, en el poder, en la industria, la banca, los gremios económicos, fueron sus patrocinadores. Alguna vez que, al hoy senador Uribe lo criticaban, el argüía que esos comentarios provenían de “guerrilleros de civil”. Sería muy bueno develar a quienes fueron “guerrilleros y paramilitares de civil” y que asuman su responsabilidad moral, social y económica como participantes en ésta etapa de conflicto en Colombia; ya es tiempo de conocer a fondo toda la verdad de la para-política y de la farcc-política, si ella existió.

No soy ingenuo para pensar que ya con esos procesos se acaba la violencia en Colombia; aunque cese la violencia guerrillera y paramilitar, quedan por desterrar: la violencia doméstica, la de las grandes narcotraficantes, la del microtráfico, la de la falta de cultura ciudadana, la de la falta de educación cívica, la de la falta de valores éticos y morales, la de la corrupción que se echa al bolsillo dineros que solucionarían problemáticas sociales y las violencias de género, discriminación y exclusión y por supuesto, la violencia contra el opositor o crítico del sistema.

¿Somos los colombianos guerreros por naturaleza? Si es así ¿de dónde nos viene la casta guerrera?

Prefiero  pensar que la violencia es responsabilidad de todos como sociedad, donde hemos pecado unos por acción y otros por omisión, hemos sido permisivos y cómplices del narco, del violento, admiramos al bandido, nos gusta violar las reglas y dárnoslas de vivos y nos dejamos permear por el culto al dinero fácil; esos males son más la causa de nuestra violencia que la mala herencia genétic,a legado de nuestros ancestros españoles, si bien ellos fueron los primeros que usaron como mecanismo de dominio en  nuestro continente las torturas, secuestros y otras barbaridades que han practicado con lujo de horrores los grupos  delincuenciales del país.

Como punto de partida para un nuevo tipo de sociedad, deberíamos ponernos de acuerdo, sin ningún propósito partidista, en una agenda mínima que empiece por: volver a la ética y frugalidad campesina, la vida basada en el trabajo honrado y eliminar de la vida del país todo tipo de drogas, que son el cáncer y el caldo de cultivo para muchas de las violencias que nos destruyen.

¿Podremos lograrlo?

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4 COMENTARIOS

  1. Triste realidad la de nuestra patria que siempre ha tenido la violencia como punto de partida y nunca hemos sido libres, siempre unos aprovechandose de otros…

  2. Buen recorrido histórico que me lleva a concluir que, la violencia en cualquiera de sus formas, siempre está presente en nuestra sociedad.
    Muy agradable pasearse por todos los periodos mencionados, en esa forma de cuento. Un abrazote!

  3. Si queremos erradicar la violencia enquistada en nuestro país en un futuro, tenemos que empezar en nuestro hogar sembrando semillas de Paz, amor, perdón y temor de Dios en nuestros hijos.

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