Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad¡Taller de Cine, qué grata experiencia!

¡Taller de Cine, qué grata experiencia!

Gracias a mis amigos de un chat que tenemos para recomendarnos el buen cine y muchas notas súper agradables sobre lo relacionado con Cultura, en general, surgió la idea de llevar a cabo, durante 10 sesiones (los sábados a las 9 de la mañana), un completo taller sobre Apreciación Cinematográfica y ya este sábado que pasó, lo iniciamos con toda la energía del caso y nos topamos con un grupo extraordinario.

Empezamos con algunos datos sobre el origen del cine, pero vamos a hacer un recorrido por todo lo que ha acontecido a lo largo de toda la vida de este arte que atrapa a multitudes.

Empezamos con su nacimiento y primeros años.

Algo de esto vimos:

HISTORIA

 La historia del cine como espectáculo comenzó en París el 28 de diciembre de 1895.

Desde entonces ha experimentado una serie de cambios en varios sentidos. Por un lado, la tecnología del cinematógrafo ha evolucionado mucho, desde sus inicios con el cine mudo de los hermanos Lumière hasta el cine digital del siglo XXI. Por otro lado, ha evolucionado el lenguaje cinematográfico, incluidas las convenciones del género, y han surgido así distintos géneros cinematográficos. En tercer lugar, ha evolucionado con la sociedad, con lo que se desarrollaron distintos movimientos cinematográficos.

El inicio del cine

La idea de capturar, crear y reproducir el movimiento por medios mecánicos es muy antigua, y existieron antecedentes tales como la cámara oscura, el taumatropo, la linterna mágica o el fusil fotográfico. La técnica para captar la realidad por medios luminosos había sido ya desarrollada por los inventores del daguerrotipo y la fotografía, a mediados del siglo XIX.

Thomas Alva Edison, inventor de la lámpara incandescente y el fonógrafo, estuvo muy cerca también de inventar el cine, al patentar el Quinetoscopio creado en su laboratorio por William Dickson, una máquina que solo permitía funciones muy limitadas.

Inspirándose en este e integrando diversos inventos y descubrimientos de la época, como el rollo de fotos de Eastman, los hermanos Lumière (hijos del fotógrafo Antoine Lumière) crearon el cinematógrafo: este dispositivo que desarrollaron permitía la toma, proyección y hasta el copiado de imágenes en movimiento, así como el espectáculo público derivado de la exhibición del funcionamiento del aparato.

La primera presentación de los hermanos Lumière fue el 28 de diciembre de 1895 en París y consistió en una serie de imágenes documentales, de las cuales se recuerda aquella en la que aparecen los trabajadores de una fábrica (propiedad de los mismos Lumière), y la de un tren (en la estación de La Ciotat) que parecía abalanzarse sobre los espectadores; ante estas imágenes las personas reaccionaron con un instintivo pavor, creyendo que el tren los atropellaría. La función de las primeras «películas» era mayormente documental, con el agregado del movimiento. Tiempo después lograron el primer filme argumental de la historia, El regador regado.

El viaje a la Luna

Por un tiempo, el cine fue considerado una atracción menor, incluso un número de feria, pero el puntapié inicial para realizar historias y experimentar recursos narrativos visuales fue cuando el ilusionista Georges Méliès usó en un primer momento el cinematógrafo como un elemento más para sus espectáculos, pero luego los desarrollaría en el cine, creando rudimentarios —pero eficaces— efectos especiales. Los noveles realizadores captaron las grandes posibilidades que el invento ofrecía y fue así como en la primera década del siglo XX surgieron múltiples pequeños estudios fílmicos, tanto en Estados Unidos como en Europa. En la época, los filmes eran de pocos minutos y metraje, trataban temas más o menos simples y, tanto por decorados como por vestuario, eran de producción relativamente barata. Además, la técnica no había resuelto el problema del sonido, por lo que las funciones se acompañaban con un piano y un relator. Pero en este tiempo surgieron la casi totalidad de los géneros cinematográficos (ciencia ficción, históricas o de época); el género ausente fue, por supuesto, la comedia musical, que debería esperar hasta la aparición del cine sonoro. También en la época se produjeron los primeros juicios en torno a los derechos de autor de las adaptaciones de novelas y obras teatrales al cine, lo que llevaría con el tiempo a la creación de las franquicias cinematográficas basadas en personajes o sagas.

El 28 de diciembre de 1895 se realiza la primera proyección cinematográfica abierta al público. Ya se habían realizado anteriormente proyecciones consideradas como experimentos delante de varios científicos. Ambos hermanos consideran al cine como un simple experimento que no tiene futuro.

Negocian con varios propietarios para encontrar una sala de proyección. Tras varios rechazos, escogen el Salón Indio del Gran Café del Boulevard que está ubicado en París, un pequeño café de pocos metros cuadrados. Seleccionaron este café ya que, según ellos, si el público era relativamente mínimo y la proyección era un fracaso, esta pasaría desapercibida.

Esta primera proyección es un éxito y marca el nacimiento oficial del cine como se conoce hoy en día. Esa noche, por solo un franco, cualquier persona interesada pudo asistir a la primera proyección cinematográfica de la historia.

Reacción del público

Antes de encontrar la sala de proyección del Salón Indio del Gran Café del Boulevard fueron rechazados por numerosas salas como el museo Grévin y las Folies-Bergères que no confiaban en un invento del que nadie había escuchado hablar. Se realiza una primera sesión por la tarde reservada para algunos invitados especiales, pero en la cual ningún periodista atiende. Muchos días después y en una esquina de un diario cualquiera, alguien habla del nuevo invento en los periódicos.

Esa misma noche se abre la sala al público que, por un franco, se podía asistir a la sesión. La sala puede contener hasta cien espectadores, aunque únicamente entran treinta y cinco personas, intrigadas por el cartel anunciando el cinematógrafo. Entran sin ninguna expectativa pensando encontrar frente a ellos luces de feria. Sin embargo, al encenderse el proyector, el público queda asombrado. Las paredes parecen cobrar vida y las imágenes que, hasta ahora habían permanecido estáticas, empiezan a moverse. A pesar de que se trata de escenas de la vida cotidiana, el público queda totalmente descrestado.

Poco a poco fue corriendo la voz y se empieza a hablar del dispositivo que proyecta un espectáculo nunca visto hasta ahora. El segundo día se llenó la sala. Los días siguientes se puede ver una larga fila delante del Salón Indio del Gran Café del Boulevard. Tras varias sesiones, tienen que aumentar el número de proyecciones a más de diez por día. La gente lucha por poder entrar y asistir al espectáculo. El número de representaciones va en aumento y los hermanos Lumière acaban vendiendo hasta 2500 boletas por día.

Nació entonces, lo que nos tiene asombrados a millones de seres en este mundo.

El próximo sábado, nos asombraremos de nuevo.

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