Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadTesoros de los señores de Malagana.

Tesoros de los señores de Malagana.

Como sucedió en el caso se la tumba del señor de Sipán relatado la semana anterior, este es otro hallazgo arqueológico  debido a  saqueadores de tumbas, con la gran diferencia que mientras en Perú se han podido identificar las culturas, sus nombres reales y gobernantes, aquí en Colombia, en el caso de la cultura de Malagana, este es un nombre “artificial” dado por el sitio del hallazgo, una hacienda llamada Malagana, en el corregimiento de San Isidro  en Palmira, Valle del Cauca, de manera que su historia nunca se podrá escribir. ”Muchas piezas fueron vendidas a coleccionistas extranjeros, con ellas se perdió información valiosa acerca de sus formas de enterramiento, ajuares funerarios y ocupación del espacio”  palabras de Roberto Lleras Pérez, subdirector técnico del Museo de Oro de Bogotá de la época, (“Los tesoros de Malagana” “El Tiempo”  Domingo 11 de Julio de 1999, página 12A, de autoría de la redacción nacional del periódico); ni se sabrá de sus dioses, costumbres, gobernantes o estadios culturales, todo esto se perdió en manos de los saqueadores o los compradores de estos recuerdos dorados que hacen parte del legado cultural de nuestros ancestros indígenas, solo unos esqueletos pudieron estudiar los científicos en el sitio.

Según el artículo “Los tesoros de Malagana” “El Tiempo”,  ya reseñado: “Ésta cultura no había sido reportada en las crónicas de los conquistadores, pero habitó ésta región entre el 200 A.C. y el 300 de nuestra era”;  un maquinista de un tractor  trabajaba un campo de caña de azúcar, cuando accidentalmente descubrió los restos  de esta cultura indígena en terreno de la mencionada hacienda, algunos de los cuales vendió,  llamando la atención, lo que desencadenó que entre Octubre y Diciembre de 1992 hordas de guaqueros llegaran al sitio.

”La fiebre del oro corrió por el Valle del Cauca”  sin que Valiera el Ejército y la Policía  para controlar a los guaqueros que de noche y día saquearon el cementerio indígena sacando oro, cerámica, collares y hasta restos óseos.  

“El   Instituto Nacional de Arqueología e Historia envió una misión de rescate  arqueológica, dirigida por la arqueóloga Marianne Cardale. Las excavaciones  arqueológicas en el sitio establecieron un complejo cultural anteriormente desconocido, designado como Malagana- Sonso” (es.m.wikipedia.org).  Los antropólogos que intentaron estudiar en el terreno como vivían estos antepasados recibieron amenazas,  y según rumores hasta guaqueros que encontraron piezas valiosas fueron asesinados en el mismo lugar.

Decían los periódicos de la época que los saqueadores llegaban a 5.000, y que  incontables  artefactos  fueron robados por los guaqueros; el peso de los objetos de oro que fueron robados en el sitio ha sido estimado en 160 kilogramos por una fuente, y entre 140 y 180 kilogramos  por otra, pero se especula que la cantidad pudo ser mayor. Aquí les va una perla que no conocía: antes de 1993 los objetos de oro guaqueados ilegalmente en sitios arqueológicos  eran comprados por  el Banco de la República para ser fundidos,  o comprados por galeristas o para colecciones privadas, museos u otras instituciones, muchas de ellas extranjeras. “En 1939, un hombre llamado  Julio Caro convenció al directorio  del Banco de  la república en Bogotá que los objetos de oro  debían ser preservados y retenidos en Colombia” (es.m.wikipedia.org).

Dice el  “El Tiempo” que en el mes de Junio del año 1999, cuando iban a ser sacados  ilegalmente del país  fueron incautados varios artículos de la Cultura Malagana, y resalta que solo se habían rescatado para la época unas 200, de las miles que seguramente saquearon.  El articulo cita palabras de Camilo Díaz, asesor de arqueología  del ICAN (Instituto Colombiano de Antropología) quien trae a cuento que  la profanación de tumbas inició con la llegada de los españoles, incluso  una empresa inglesa fue autorizada para dragar la laguna de Guatavita y que uno de nuestros  “obtusos”  (subrayado de mi autoría) gobernantes,  en 1892 regaló a  la reina Cristina de España el  “Tesoro Quimbaya”, que  pasados gobernantes intentaron recuperar  con postura genuflexa y lenguaje balbuceante, por lo que aún anda embolatado.

Claro está que mientras por un lado los colombianos acusamos del saqueo a los españoles, nosotros continuamos con la tradición, ahora el saqueo está en manos colombianas y los coleccionistas extranjeros,

”Como  ya casi no queda oro, tomaron un valor muy importante las  piezas elaboradas con barro”  dice el señor Díaz, y  calcula  que ”solo está reportado ante el ICAN  el 0,2 por ciento del patrimonio arqueológico de nuestro país. Éstas pocas piezas están en museos, parques y en manos de particulares. Las restantes adornan vitrinas de coleccionistas en  Estados Unidos y Europa, sin que se tenga reporte  alguno de su historia”, las culturas más saqueadas han sido la Quimbaya, Calima, Tayrona y Tumaco, por sus llamativas piezas; “se calcula que quedan muy pocos tesoros de más del centenar de culturas de las tres principales familias prehispánicas que habitaron nuestro país (arawac, caribes y chibchas)” según “el Tiempo”. Un objeto arqueológico es valioso  si es estudiado en el sitio de su encuentro, pues a través de ollas, cerámicas, joyas y restos humanos  se puede reconstruir que comían, cómo cazaban, si sufrían desnutrición y hasta sus dioses, la pérdida de estos objetos impide que se conozca la evolución de la organización social y económica de una cultura,  y que se puedan aprender cosas para el presente.

El periódico “La Tarde” Lunes 22 de Julio de 1996, página 6D, Pereira, en su artículo “Los tesoros de los señores de Malagana. La exposición del siglo”  da cuenta que durante casi ocho meses se excavó en una zona cercana, con características similares cercana  al cementerio indígena saqueado, para estudiar los suelos, la estratificación y superposición de distintos periodos, pruebas de carbono 14 para establecer fechas y la recuperación de algunas piezas de cerámica. Según las pruebas de radiocarbono “Éste cacicazgo  sobrevivió paralelamente a las grandes culturas del suroccidente colombiano, entre los 200 a.C.  a  500 d.C. La fertilidad de ésta región y su cercanía con la red de caminos entre Calima, Tierradentro, Quimbaya y San Agustín permitió que el señorío Malagana compartiera símbolos, creencias, técnicas y una cosmovisión de las culturas de su época. En el primer milenio antes de Cristo, los territorios del suroccidente fueron ocupados por agricultores especializados que desarrollaron culturas regionales: empezaba el periodo  que los arqueólogos denominan Llama en Calima y el periodo intermedio de San Agustín”. Los periodos ocupacionales estuvieron designados como proto- llama (periodo más temprano), “llama”,  ”Malagana”  y “ Sonso” (más tardío).

Loa arqueólogos estiman que hacia el inicio de nuestra era muchas comunidades habían alcanzado una gran complejidad social y política y un esplendor tecnológico y artístico  que  unos diez siglos, y que la cultura Malagana era una sociedad jerarquizada, tenía una estructura sociopolítica muy definida y los objetos permitían distinguir los rangos sociales: los pectorales y máscaras, se hacían solo para los grandes señores y caciques y se portaban en rituales y ceremonias especiales.    

El Museo de Oro de Colombia con la exposición  de Los Tesoros de los Señores Malagana, sacó a la luz  pública después de estar ignorado, el arte de una cultura  indígena que durmió por casi 2.000 años, abriendo un nuevo capítulo para  la arqueología de nuestro país,  permitiendo reconocer a otros colombianos del pasado y parte del legado de su vida cotidiana;  la muestra estuvo integrada por 25 cerámicas, 115 piezas de oro, todas salvadas de la guaquería o de salir de contrabando del país, que fueron adquiridas por el Museo de Oro. Entre  el 9 de Noviembre de 2005 y  el9 de Abril del 2006, el instituto Smithsoniano de historia natural en Washington presentó la exhibición “”The  Spirit of  Ancient  Colombia Gold”, 280 artículos prestados por el Banco de la República, entre ellas una máscara funeraria, hecha de chapa de oro martillada de la cultura Malagana. “El tesoro inspira a los descendientes de sus creadores y al resto del mundo con asombro y evoca la gran estima por los artesanos y la cultura de su origen” (es.m.wikipesia.org).

No solo en Egipto, Centroamérica y Perú  tuvieron  civilizaciones avanzadas y ricas, en Colombia todavía hay vestigios de  “ Los Dorados” que la codicia española no pudo encontrar, y que nosotros como sociedad  no hemos sabido valorar.  

Artículo anterior¿Orgullo suramericano?
Artículo siguienteDesarrollo Sostenible

2 COMENTARIOS

  1. Mil gracias por su lacónico y contundente comentario. Así estamos menos del 1 por ciento de nuestro patrimonio arqueológico se conoce, de lo demás no tenemos ni idea de su procedencia o domicilio actual, por eso no amamos nuestro patrimonio ¡ Ni siquiera lo conocemos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más articulos