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LUIS FERNANDO CARDONA
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Actualidad¿Triunfo pírrico?

¿Triunfo pírrico?

El pasado domingo sucedieron muchas cosas que cambiaron la política colombiana quizás para siempre, aunque el resultado obtenido por el ingeniero Rodolfo Hernández sea un telón para ocultarlas. El hecho más importante es el entierro definitivo de los partidos políticos, algo que se venía venir desde que nuestro país adoptó la nueva Constitución de 1991. Quedaron hechos pedazos y ahogados en su propio estiércol. Para el futuro venidero deberán resignarse al lánguido papel de tiendas de barrio donde se venden avales para aspirar a cuerpos colegiados.

Otro hecho incontrovertible es que se fueron por la puerta de atrás Álvaro Uribe y César Gaviria, los dos líderes políticos más emblemáticos de los últimos treinta años. El primero de ellos ante el evidente fracaso de su propuesta y soportando sobre sus hombros el pesado piano del actual presidente Iván Duque quien lideró, a su nombre, uno de los gobiernos más desprestigiados de nuestra historia. El segundo, por dirigir su partido liberal hacia el abismo sucumbiendo a las presiones clientelistas de sus congresistas para llevarlo arrodillado hacia una «derecha» que combatió con furia. Aliado a su peor enemigo —el doctor Uribe— se enfrenta a un retiro forzoso, sin una casa de pensión —como el «Ubérrrimo»— donde alejarse de los ruidos de la democracia.

Herido grave queda Gustavo Petro con su triunfo pírrico. Su vanidad lo llevó a liderar, en medio de una gran soledad, una de las propuestas políticas más interesantes de la reciente historia nacional tan solo superada por otra que él también fabricó: el antipetrismo. No supo encontrar aliados importantes que fortalecieran su proyecto, dejó marchar a Gaviria con su partido liberal, fue incapaz de unir a la izquierda colombiana distanciándose de Robledo, de Navarro y de muchos más y se acompañó de mediocres dirigentes, «ávidos cómplices», cuyo único aporte ha sido el deterioro paulatino de la imagen de su campaña.

Estropeados como líderes y sin reversa quedan Vargas Lleras, los Char, Dilian Francisca, Cepeda, Barguil y todos los caciques de la política tradicional que deberán dedicarse a manejar sus gavillas, a mendigar migajas y a chantajear al Ejecutivo desde el Congreso en busca de la mermelada que alimente sus precarias huestes. Se guarecerán en sus regiones intentando conservar los últimos reductos clientelistas que les quedan.

Pero, sin duda, el golpe más recio de las elecciones del domingo pasado fue sobre nuestra débil democracia que ha quedado acorralada entre dos opciones que ofrecen un nebuloso futuro para los colombianos. En ambos casos todos los compatriotas saldremos a votar en contra del otro y seguirá creciendo la polarización histórica que nos ha llevado por caminos de violencia. Ninguno de los dos candidatos tendrá claras mayorías en el Congreso de la República y se anticipa un choque de trenes sin antecedentes recientes. Tramitar alguna reforma importante, de las muchas que requiere el país, será tarea casi imposible en el Legislativo.

Y para colmo, el que una de las opciones presidenciales sea alguien con un lenguaje vulgar, que carece de un plan de gobierno, que se limita a criticar a los políticos haciendo «tabla rasa» con todos ellos y que no tiene identidad ideológica nos deja muy mal parados ante nosotros mismos y frente al mundo. Dramático espectáculo presenciaremos estas próximas tres semanas con toda la «derecha» colombiana corriendo desesperada a arropar a Rodolfo como única alternativa para derrotar al «Coco». Qué bochornoso panorama ofrece la democracia más antigua de América Latina.

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3 COMENTARIOS

  1. Para mí ha sido revelador y tener que asumir que definitivamente tenemos los gobernantes que merecemos, asumir que tenía en una estima superior de la real al pueblo colombiano y que hay que trabajar con lo que hay, reconociendo nuestra naturaleza y dándole prioridad a la protección de la libertad como valor fundamental para que la sociedad pueda avanzar. Nunca había pensado en el voto en blanco y lo vislumbré como una posibilidad…una ingenua posibilidad que definitivamente no aplica. Voy con el ingeniero, solo con la esperanza de que en cuatro años ya no estará más y que durante los mismos, tendremos que «tragarnos los sapos» que tenga para nosotros, que soy muchos. Desde ya lo sé. Lo lamento muchísimo por mi país. Mi amada Colombia merece más.

    • Es el resultado que deja la politiquería y los manejos corruptos realizados por los partidos tradicionales. Parece ser que se han tenido los gobernantes que el país se ha merecido; en el caso de Hernández, es continuar con los mismos vicios y, además, con un gobernante inepto como Duque e incendiario como su jefe (el de duque).

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