EspiritualidadUn amor libre

Un amor libre

Cada tarde, al acercarse el ocaso, un ave cantaba sin cesar; un pajarillo rojo que vivía en una jaula, justo en la ventana de una casa esquinera. Su canto era bello, pero desprovisto de alegría; un canto vacío, la repetición constante de una sonora melodía sin alma.

Una tarde cualquiera, el ave calló. Busqué la jaula en aquella ventana, temiendo lo peor; sin embargo, allí estaba, silencioso pero vivo; absorto en el reflejo de la mirada de un hombre que, en secreto, intentaba liberarlo. Durante las tardes siguientes, y con la complicidad sigilosa del ave, el hombre persistió en la tarea de abrir la jaula. Parecía innegable que, aunque callado, el ave luciera diferente. Su color rojo se tornó tan brillante que, los rayos de sol se reflejaban en sus plumas, justo hasta los extremos de sus alas prestas a alzar el vuelo.

Volví a escuchar el canto. La misma melodía, que ahora sonaba como una canción hablando de amor, alegría y libertad. Aquel hombre no sólo le rescató, también le devolvió las ganas de vivir, el deseo de volar y un verdadero motivo para cantar.

Cada día, cuando se acerca el ocaso, el pajarillo rojo canta desde la copa de un árbol, mientras el hombre le observa. El ave canta solo para él, canta lleno de gozo y gratitud porque le ama ¡Cómo no amarlo! Si lo trajo de regreso a la vida. Ahora, irónicamente, es el hombre quien le observa con la mirada turbia; sabe que la melodía lo invita a volar, y tiene miedo, porque no puede. Cree que no puede, pues ignora que la capacidad de conquistar el cielo dista mucho del hecho de poseer alas ¡Claro que puede volar! Pero no entiende la libertad, sólo quien vivió en cautiverio comprende su significado, aprecia su valor.

Antes de ponerse el sol, se escucha el canto del ave, esperando encontrarse con la mirada del hombre; vive con el temor de que un atardecer, mientras el sol se marcha, se marche con él su amor. La pequeña ave encontró el amor en un hombre que cree que no puede volar, solo porque no puede ver que él es el cielo. Es un amor inexplicable pero real; es un amor inconcebible prohibido, diferente… ES UN AMOR LIBRE.

El sonido del canto del ave es una invitación. Quien lo emite anhela fundirse en el cielo mientras el viento sopla en su dirección. El hombre sigue siendo hombre y él solo es un ave con el deseo de cantarle al ocaso una melodía de amor y libertad, que le recuerde al mundo que, la voluntad de volar, verdaderamente se halla en el alma. 

3 Comentarios

  1. Volar cuando se ha estado atado al pasado en un país donde las libertades no existen hace que todos querramos votar hscia un país diferente en un todo, la libertad de volar puede ser hermosa, pero la libertad sin derechos no lo es.

  2. Cuando descubrimos que el universo somos nosotros, nos soltamos de las limitaciones que nos impone la mente: ¡claro que podemos volar con nuestra alma! Gracias

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