Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadUn centro unificador

Un centro unificador

 

Esta semana recibía un Chat donde se me pregunta: Hola, ¿cómo es el tema con el espíritu y/o el alma? ¿Cuál es el papel del cerebro en estas dimensiones, si es que existen? Son distintos o son lo mismo, ¿Cuáles son sus diferencias? Si realmente existen, ¿Qué pasa con ellos después de la muerte?

Se suele argumentar que la vida humana responde en su totalidad a un esquema bioquímico que explica todos sus procesos; esto, ha llevado a querer negar la existencia del alma. Se afirma que la inteligencia humana es un proceso cerebral, como cualquier otro de los que hay en el organismo humano, haciéndose innecesario una explicación desde la dimensión espiritual.

Nuestra gran pregunta es: ¿si el cerebro es la base fundamental para todo el repertorio humano, donde podemos ubicar dimensiones como la espiritual? ¿Podemos afirmar que nuestra memoria es el cerebro, que nuestra voluntad es parte del cerebro, que nuestro espíritu, nuestra alma dependen del cerebro? ¿Son acaso las neuronas quienes originan la voluntad libre y, por consiguiente, se dan órdenes a sí mismas?

El cerebro es un órgano complejo que forma parte del Sistema Nervioso Central, constituye la parte más voluminosa y conocida del encéfalo. Está formado por millones de neuronas que, interconectadas mediante axones y dendritas, permiten regular, todas y cada una de las funciones del cuerpo y la mente; funciones vitales como respirar o los latidos cardiacos, pasando por el sueño, el hambre o la sed hasta funciones superiores como el razonamiento, la memoria, la atención, el control de las emociones y la conducta.

En la base de las decisiones libres encontraremos procesos bioquímicos, es cierto, pero la libertad y la inteligencia no parecen ser procesos bioquímicos, como la luz solar que entra en la habitación no es efecto solo de que la ventana esté abierta: tiene que alumbrar el sol. Reducir la vida humana a una interconexión neural extraordinariamente compleja supondría, negar la existencia de la libertad humana. Y cualquier hombre puede comprender que es capaz de escoger, que podría haber obrado de manera distinta a como lo ha hecho, y que, en definitiva, la libertad existe y no es una simple entelequia de la razón.

Algunos investigadores han llegado a concluir que hay en el hombre un centro unificador, un “Yo” único e irrepetible que debe su origen a una identidad externa a él e indudablemente superior. Y ese “Yo” es el efecto de una creación sobrenatural, eso que el fenómeno religioso llama “alma”, que es lo que le permite al individuo no solo ser persona, sino inmortal. El alma, esa parte espiritual del hombre que sobrevive al cuerpo, ese principio vital humano, sede de las operaciones espirituales.

 

Padre Pacho

 

 

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