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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadUn libro y el corazón

Un libro y el corazón

Observo una pintura que he construido en el tiempo del ocio creativo. En el telón de fondo de este instante, las lagartijas hacen su concierto flamenco de castañuelas, seguido del gorjeo de mirlas y el coro de los canarios. Un racimo de plátanos se eleva en la esplendorosa quietud. Las amigas de cuatro patas vienen a saludarme y a protestar por el ronroneo de las guacharacas, mezclado con el anuncio estridente del comprador de chatarra, simulando la algarabía de una plaza de mercado. Es sólo un instante. Una abeja zumba alrededor de mi cabeza, una flor nace, una hoja cae, una mariposa de azules destellos aletea en el aire.  

En el reverso de esta forma de habitar el mundo, el andamiaje de la hiperproducción de información está servido, exacerbando la  manipulación emocional, que  sobre estimula la inmediatez como visión consumista de la cultura. Este asunto, nada menor, exige una decisión, para no ceder ante los bucles del confesionario moderno que toma forma de iglesia. Los influencer son los nuevos sacerdotes, el like su amén, compartir la comunión y el consumo la redención.[1]

Sin duda un coctel venenoso corroe nuestro inconsciente, devora nuestro cuerpo, después de una noche de adicción compulsiva a las redes sociales, degradándonos en mera repetición, condenándonos al panóptico delirante de la dispersión y el sinsentido.   Crece la audiencia, la devastación, la egolatría, el grifo de las vanidades, el imperio de los cuerpos intervenidos, la estupefacción. Juicios, divorcios, reinos, reinas, reyes, príncipes y princesas, dólares, vinos, puñales, mansiones, enmarañamientos rabiosos, el amor en la hoguera de las ambiciones, acantilados de vergüenza. Periodismo envilecido, verdugos del odio y la desinformación. Obediencia y obcecación a los algoritmos, sometimiento de nuestra percepción que nos atomiza como sujetos.  

En un mundo digitalizado y desritualizado, que se precipita con sus ampulosas llagas, es imprescindible volver al barro, amasar el pan, la arcilla, disfrutar el olor de la hierba después de la lluvia, caminar el verde sendero con el sol naciente o bajo el influjo de la blanca luna. Ir hacia el bosque. La naturaleza es equilibrio primigenio. Cultivar nuestro jardín, la cosmogonía Maya nos advierte que el que se hace enemigo de la tierra se hace enemigo de su propio cuerpo. Buscar en la otredad la paradójica ternura. Volver al libro, extensión de la memoria y la imaginación ¡Oh maravilla! hay en él, una sortija de presagios para inclinar la brújula hacia mundos insospechados. Salvar la piedra y el caracol, ambos libros, en el sueño que nos refiere Borges en sus inmortales Siete noches.

Empieza de nuevo el canto de las guacharacas, los gallos responden, las gallinas cacarean. Doblan las campanas. Silencio. Y como dice el gran Lorca: Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque en un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerlo e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.

Fortalecer sin duda la inteligencia, sobre todo la del corazón, pues ya está demostrado científicamente que tiene su propio pequeño gran cerebro. Por eso no olvide siempre, llevar un libro y el corazón.

Aleida Tabares Montes

Fotografía: Wilmar Ramírez

Obra: Rosas Púrpuras


[1] HAN,  Chul Byung, Infocracia

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4 COMENTARIOS

  1. Los esfuerzos no los mira todo el mundo pero el trabajo de las personas nos fortalecen ánimo sigue luchando por tan bello trabajo

  2. Vuelves a conquistarnos con tus metáforas. Hacía mucho tiempo no leía en prosa, en poesía, una buena forma de refrescar el termostato literario.

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