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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadUn mandatario digno y un gobierno de respeto

Un mandatario digno y un gobierno de respeto

  • ¿Por qué un jefe de gobierno en Colombia ejerce ínfulas de monarca autócrata? 
  • Nuevas ciudadanías con ética pública deben asumir la gobernanza de todos los derechos en democracia real.  

Los ciudadanos menores de cincuenta años no han conocido ni elegido un presidente que haya cumplido con el más sagrado precepto constitucional de servir en la función pública de manera efectiva como símbolo, factor de unidad nacional al frente del gobierno. Todavía no han vivido ni elegido con su voto el primer jefe de Estado que haya merecido la investidura de autoridad de respeto para todos los colombianos en ejercicio de ciudadanía.

No han conocido a un mandatario que haya demostrado su empeño en garantizar la vida de la diversidad contenida en los cincuenta millones de seres humanos que conforman la nación dentro del contrato social que nos titula como Estado Social de Derecho desde 1991.

Los seis inquilinos que pasaron por el primer empleo del Estado bajo la actual Constitución Nacional, sobrevivientes todos, son factor de división, desprecio y rechazo de al menos dos de cada tres colombianos. Cada uno ejerció el cargo en el régimen presidencialista colombiano omnipotente, inmune e impune, después de haber sido elegidos por uno de cada cuatro ciudadanos con derecho al voto. En la llamada democracia más antigua de occidente del hemisferio sur, cliché de todos los demagogos, uno de cada dos ciudadanos no vota  y la mitad de los votantes le entregan el primer empleo a quién lo ejerce.   

En la elección 2022 esa constante será similar. No será elegido mandatario para el periodo 2022 – 2026 con aceptación diferente a la ecuación constante de los treinta años transcurridos con el pacto de democracia participativa aplazada por el referido presidencialismo con tendencia a la autocracia. 

El cambio más importante que debe construir en proceso transformador de cultura con valores civiles una sociedad que merezca respeto por su sentido de responsabilidad y dignidad, es la formación de ciudadanos, ciudadanía autónoma capaz de someter bajo el imperio de la ley la totalidad de actuaciones y cuentas que debe exigir y hacer rendir a todo gobernante en el nivel que fuere. Un mandatario es un servidor de la voluntad popular ordenada por la legitimidad de la democracia efectiva en ejercicio constante día a día,  no solo en el acto electoral en que es nombrado para el cargo que ha de ser, incluído el de primer empleado jefe del Estado, quien no está exento del examen y escrutinio permanente de toda la sociedad.

El control sobre el exceso de poder sin restricciones del presidencialismo desbocado es uno de los retos fundamentales de un Estado que pueda llegar a ser verdadera democracia respetable como los que demuestran con evidencia irrefutable máximos estándares de respeto por los ciudadanos, sus derechos, garantías y cuentas claras sin trampas. 

Un mandatario digno es aquel capaz de entender que está subordinado al imperio de la ley, que debe cumplirla en serio y no violarla con jugadas y trampas, que no divide a la sociedad entre amigos y enemigos para desafiar y perseguir a quienes no están de acuerdo con su parecer. No es digno de llamarse jefe de estado alguien que practica comportamientos de secta y amiguismo para repartir el erario a conveniencia. Lo es menos aquel inferior al compromiso y juramento de cumplir la Constitución, Ley y todas las normas, que se va a otro continente a burlarse de la ciudadanía que rechaza su gestión con falacias propagandísticas ofensivas de «si me pudiera presentar a las elecciones seguro me reeligen». 

La dignidad de Estado, sociedad y ciudadanía, toda no es  rey de burlas de semejante irresponsabilidad propia de la ignorancia e improvisación en la elección de alguien sin competencia moral para honrar todo lo que significa un mandato popular para todos los asociados. 

En la elección 2022 de mandatario de todos los colombianos, hay nombres que se supone no tienen impedimento legal, judicial y cumplen los requisitos de idoneidad para ser escogidos para el cargo de presidente de Colombia, con competencias e idoneidad  para desempeñar la Jefatura de Estado con decoro y dignidad. Es hora de considerar normas constitucionales que establezcan control y límites al presidencialismo sin límite que permite desmanes y grados de impunidad en actos violatorios del orden constitucional que incluyen acciones y omisiones como excesos con las armas del Estado contra civiles en situaciones ajenas a combate o confrontación con la fuerza pública. 

El tarjetón electoral para presidente de Colombia 2022 – 2026  contiene seis candidaturas de las cuales ninguna es mujer para el primer cargo del Estado colombiano y cuatro de las opciones reales representan propuestas y posibilidades específicas de manejo de lo público y visión de desarrollo.

Sergio Fajardo quien se define como opción centro fuera de todo extremo y único con autoridad de decencia irrefutable que no admite nada con corruptos. Un profesor para una elección en un país como Finlandia. Sus contradictores lo señalan de superioridad moral. 

Federico Gutierrez candidato que se define sin jefaturas e independiente, sin investigaciones ni imputaciones, reúne a los partidos tradicionales y el del actual gobierno del cual es candidato según sus adversarios que lo perfilan como el continuismo del actual régimen.  

Rodolfo Hernandez candidato ajeno a toda formalidad y protocolo político, con cuestionamientos judiciales, con la promesa de cortar ipso facto la corrupción. Expectativa y curiosidad para pasar a una posible segunda vuelta. 

Gustavo Petro Urrego candidato con su fórmula Francia Márquez, representa la posibilidad de un hecho sin antecedentes en doscientos años de República en Colombia, sería la primera vez que un jefe de gobierno colombiano perteneciente a la orilla ideológica de izquierda, dirigiría al Estado. 

No tendremos los colombianos un presidente que una a toda la nación, pues ninguna opción es aceptada por los seguidores de sus adversarios. Ninguno. El que sea elegido tiene la obligación constitucional de respetar a todos los ciudadanos y hacer lo posible por su unidad, en la salvaguarda de la vida y los derechos sin excepción para todos.

Mientras la historia de nación sigue su curso en esta circunstancia, será esencial trabajar en transformar la cultura política inexistente con la formación de ciudadanías dignas y autónomas que jamás permitan a servidor público alguno considerar a los ciudadanos  súbditos, subalternos, subordinados ni serviles a las malas causas y prácticas que el pensamiento de la política feudal sigue imponiendo en el actual régimen.  Sin ciudadanos capaces, dignos y autónomos, imposible tener Democracia veraz. 

Escrito por Hernando Ayala M. Periodista     Mail   disnnet@gmail.com

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