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EspiritualidadUn NO rotundo a la autocompasión

Un NO rotundo a la autocompasión

Por: RICARDO TRIBÍN ACOSTA

La autocompasión es algo de cierta ocurrencia que agobia a algunos seres humanos llevándolos a pobretearse y a tener lastima de sí mismos, lo cual incluso conlleva el intrínseco y quizás inconsciente deseo, de que los demás les tengan pesar. Hay gentes que prefieren que les miren con lastima y así quizás se les alivianen sus cargas, en vez de trabajar en la solución de sus problemáticas. Cuando una relación se acaba, nada mejor que inventarse una enfermedad o «cranear» una posible tragedia para que la pareja saliente acepte a la otra parte de nuevo. Algo similar sucede en el trabajo y hasta en los negocios, buscándose con la lástima que los demás se apiaden y le alivien sus problemas o errores cometidos. Pero este de verdad es un camino bien equivocado.

Por ello cuando sintamos y experimentemos que esto nos está sucediendo nos será bueno, como en las entradas contables, hacer un balance equilibrado entre lo que tenemos, en comparación a lo que sacamos, Procediendo así obtendremos que, por cada asiento de miseria en el área del débito, corresponderá anotar un crédito, basado en las bendiciones que recibimos. Si por ejemplo no tenemos unos zapatos nuevos, como no agradecer que al menos estemos calzados y no a pie limpio, como les sucede a tantas gentes en el mundo.

Y si nuestra vista es afectada por la miopía, el astigmatismo o la presbicia, incluso las tres incluidas, que bueno y conveniente será el sentirnos contentos de que al menos podemos leer con la ayuda de unos lentes, existiendo tantas personas que han perdido tal privilegio. A veces nos quejamos del sitio donde vivimos, pero no miramos que hay mucha gente que vive en condiciones paupérrimas, y en no pocos casos infrahumanos. Igualmente, si llueve mucho será adecuado acordarnos de los grandes daños que las sequías ocasionan.

Finalmente, al creernos estar solos no tenemos que sentirnos para nada que estamos abandonados. Siempre habrá un buen libro que nos acompañará o una excelente película que podremos ver, o quizás a alguna persona o museo a quien podremos visitar. La soledad se agrava cuando creemos erróneamente que estamos perdidos y que nadie nos quiere y allí es cuando los «pobrecito yo» se dan su gran banquete. En tales instantes nada mejor que, en vez de lamentarnos, elevar con alegría y gratitud nuestra mirada al Cielo y decir desde el fondo de nuestro corazón: ¡Mil Gracias!

https://ricardotribin.blogspot.com

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