Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadUrge una pedagogía para el cambio

Urge una pedagogía para el cambio

¿Por qué cambiar es tan difícil y nos da tanto miedo, aunque sea tan crítico e inaplazable?

Un porcentaje de los colombianos aceptamos la necesidad del cambio en nuestro país, pero aún entre quienes lo reconocemos sin discusión alguna, no hay acuerdo sobre la urgencia, la profundidad, la magnitud, el tipo de cambios y la forma de llevarlo a cabo. Por otra parte, otro porcentaje de personas no sienten la necesidad del cambio, porque ya se acostumbraron a la profunda y reiterada problemática de nuestro país, marcada por la pobreza extendida (21,5 millones; de los cuales siete comen solo una vez al día), la corrupción, la inequidad (es la 2da. de América), la exclusión, el desempleo, la migración forzada, la enorme cantidad de desplazados y sobre todo la violencia que lleva décadas sin parar. Todo lo cual fue destapado y creció durante la pandemia y se visibilizó con el tremendo estallido social de abril del 2021 y que tuvo un preámbulo en noviembre de 2019.

De pronto la violencia para algunos colombianos ha estado lejos de su hogar, pero la violencia es negativa venga de donde venga y llegue a donde llegue y nos afecte o no directamente. Puede venir de la guerrilla, de los paramilitares, del narcotráfico, de la delincuencia común, de fuerza pública, de los empresarios o de nosotros mismos como personas, porque la violencia no solamente es el golpe, el daño físico, es también la palabra, el lenguaje, las actitudes. Nos hemos acostumbrado a ella y la justificamos siempre de una manera reactiva: echándole la culpa a alguien, a otro, porque eso nos fascina y tranquiliza falsamente.

Mucha gente no sabe que no solo somos uno de los países más violentos del mundo, sino que eso no es normal.  Los que lo sabemos no siempre conocemos cuáles son las verdaderas causas de esa situación; y con una concepción lineal en el análisis, muchos simplemente nos limitamos a echarle la culpa a “los malos”, sin entender que eso tiene unas causas estructurales y sistémicas.

Las causas de estas violencias y de los demás problemas de amplios sectores de la población son múltiples, pero en su gran mayoría tienen origen en que Colombia ha carecido de una alternancia democrática real: desde Santander hasta el gobierno de Duque nos han gobernado los mismos intereses dominantes del establecimiento económico privilegiado y que se benefician de manera exorbitante en todos los sentidos, generando una enorme debilidad del sistema de protección social (condiciones de vida, informalidad laboral, acceso a la educación y a la salud, etc.). Eso ha corroído y corrompido todas las instituciones y en muy pocas, cortas y cortadas excepciones, han trabajado en un cambio en el modelo de gobierno. Siempre fue más de lo mismo. No han tenido imaginación política o verdadero compromiso para lograr una sociedad próspera, incluyente, descentralizada, diversa y segura.

Esto también hace que muchas personas de las llamadas clase alta y clase media estén enfermas en su manera de pensar lo político, a pesar de que se vean normales en los demás aspectos de su vida. Así mismo, la casi totalidad de los medios de comunicación social tradicionales, han contribuido abierta y descaradamente a esta enfermedad, entre otras cosas porque familias de las clases dominantes han sido las dueñas de dichos medios. Mencionemos solo tres de los más influyentes: El Tiempo, El Colombiano y la Revista Semana que perdió el nivel de periodismo serio, alcanzando en pocos meses un grado de descomposición increíble y que lo demuestra al inventarse carátulas mal intencionadas, llenas de odio y parcialidad (“Elecciones: ¿exguerrillero o ingeniero?”; en vez de: ¿Economista o Ingeniero? La desinformación no solo genera confusión, sino que se vuelve una herramienta de ataque.

Este odio también lo destilan y despliegan las personas del común promoviéndolo por medio de la difusión de lo que se llama «contaminación informativa» que incluye la propagación de información errónea; la de contenido falso creado en forma deliberada para causar daño (desinformación) y de información maliciosa (basada en hechos reales, pero manipulados). De ahí surgen los bulos, las fake news y las exageraciones que tanto les encanta enviar en forma compulsiva por las redes sociales como WhatsApp, Facebook, Twiter y muchas otras. La desinformación se cuela por todas partes, impulsada por quienes quieren producir una reacción emocional en momentos de crispación social, con el fin de aumentar la animadversión, la polarización, la sensación visceral contra alguien o contra alguna propuesta. Así lo vimos en personas que para referirse a quien no les gustaba en las elecciones pasadas lo llamaban “el cacas”… Muchos otros se regodearon enviando en forma frenética mensajes sin ningún valor o argumentación: “La patria ya no es boba, es bruta” cuando perdió su candidato… Estos ejemplos, no dan rabia… dan tristeza porque no saben que con eso alimentan la descomposición del país.

Además, es grave porque se evidencia que no comprendemos la necesidad de un cambio. Que más bien nos dedicamos a despotricar, a criticar y a especular sobre el terror del cambio, ya sea porque carecemos del conocimiento de la realidad, porque no tenemos marcos de referencias estructurales (como lo sistémico, lo proactivo, la evolución de las tensiones sociales) y nos quedamos satisfechos con algunas noticias y con lo que rueda por los chats sin ningún valor real.

Todo lo anterior nos ha llevado a un agravamiento increíble de los problemas sociales y a unos odios históricos que nos hace esclavos del pasado. Por eso es un hecho que necesitamos un cambio real y significativo del modelo de gobernanza que se ha tenido en Colombia,  tanto en los sistemas políticos, sociales, económicos, institucionales y administrativos, que nos ha llevado al desajuste social que hemos traído por décadas y que como ya dijimos se destapó y incrementó en la pandemia. Necesitamos, como decía alguien un gobierno con responsabilidad social y ambiental, que desactive las violencias que todavía definen nuestra vida pública y privada.

Seguimos pensando que desde el Estado se puede promover el cambio social, aunque éste dependa de muchas variables incluso de situaciones inesperadas, como factores externos al Estado, que hoy en día determinan el futuro de la sociedad, pero es claro que el Estado puede determinar ciertas trayectorias claves para el desarrollo y el bienestar colectivo, en un futuro relativamente cercano. Estos cambios hay que hacerlos porque necesitamos poner en plena vigencia la Constitución de 1991, o de lo contrario estaríamos esperando un estallido social sin precedentes que afectaría a toda la sociedad, algo que obviamente no es conveniente para nadie. Como le he escuchado a varias personas en Colombia cambiamos o cambiamos y el cambio posible y necesario, pero además hay que entender que es mejor hacerlo dentro de unos trámites democráticos.

Ahora bien, por todo lo anterior y dado el estado de polarización, emocionalidad y fanatismo, carente en muchas ocasiones de una racionalidad estudiada, de un análisis profundo, es crucial que hagamos toda una pedagogía del cambio, tanto para los que quieren llevarlo a cabo, como para los que sienten que se van a beneficiar con el mismo, como para los que sienten que se van a perjudicar con él. Y digo hagamos porque no solo lo debe hacer el gobierno nacional, sino todos los que nos sentimos comprometidos con el cambio y ahí destaco a los periodistas y maestros.

Como una pequeña contribución a esa pedagogía del cambio señalo a continuación lo puntos que considero que son importantes que se tengan en cuenta en ese proceso pedagógico:

  1. Lo más importante es que quienes quieren hacer el cambio, dirigirlo o apoyarlo ─y eso lo debe entender el gobierno nacional que acaba de ganar las elecciones presidenciales─ tienen que entender que se requiere esa pedagogía del cambio. Por más que sea necesario el cambio, demasiada gente no lo ve así, ni quiere aceptarlo y mucho menos contribuir al mismo.
  2. Hay que considerar cinco requerimientos claves del cambio:
    1. Crear conciencia de la necesidad del cambio… Eso se logra a partir de trabajar a fondo los porqués racionales del cambio a corto, mediano y largo plazo.
    1. Motivar al cambio. Crear o impulsar el deseo… las ganas, el amor, por el cambio, lo cual no es fácil. Ayuda si se destacan de una forma amplia en qué se beneficiarían en forma personal y colectiva de esos cambios.
    1. El conocimiento. Se debe entregar en una forma muy didáctica el conocimiento acerca del cómo llevar a cabo el cambio. De pronto los grandes líderes del cambio no sepan esa didáctica, pero tienen que buscar quién la sepa.
    1. La capacidad para el cambio. Puede que algunos quieran cambiar, pero no tienen la fuerza… no es que no les dé la gana… no tienen los recursos: tiempo, dinero, fuerza, para hacerlo, como vencer los obstáculos. Hay que averiguar qué necesitan para poder sacar adelante el cambio.
    1. El Refuerzo. El cambio no basta con impulsarlo de entrada. Tenemos que ver cómo finalmente lograrlo  y cómo sostenerlo en el tiempo.
  3. Una pedagogía del cambio debe ser muy instructiva: que nos enseñe a todos a entenderlo y a hacernos ver que no siempre se va a dar de acuerdo con lo que nosotros creemos. Que hay que tener en cuenta la opinión y las perspectivas de muchos y que no siempre la de quien promueve el cambio es siempre la correcta o es fácil de entender.
  4. Hay que llevar la pedagogía del cambio a las instituciones educativas. Se necesita que los niños, los jóvenes, toda la gente de los distintos niveles educativos entiendan la conveniencia del cambio para mejorar, y se comprometan con él si queremos un país distinto al que hemos tenido.
  5. Hay que crear condiciones para que todos los colombianos entendamos los beneficios del cambio y que todos debemos contribuir al mismo. Es probable que en el pasado no ayudamos al cambio porque veíamos gobiernos que no querían realmente ningún cambio, dado que eran adictos a unos intereses dominantes o nos hacían temer el cambio. Hay que ayudar a que los colombianos nos demos cuenta que parte del cambio está en nuestra actitud… Si hay crítica, que sea constructiva, que se tenga paciencia porque todo es un proceso, que destrozar sin estudiar cada asunto no contribuye. Aquí es cierto la famosa frase: si a este gobierno le va bien, a Colombia le va bien y eso quiere decir que, a mí, a usted, a todos nos va bien.
  6. Hay que informar pronto y en forma completa sobre lo que se está haciendo acerca del cambio. No dar espacio a las especulaciones, al miedo y a las acusaciones falsas, demorando la información que se tiene. Esto puede ayudar a combatir la llamada «contaminación informativa».
  7. Aunque deben existir, no bastarán las entrevistas a los funcionarios por radio y TV, los comunicados, las resoluciones o decretos. La pedagogía del cambio debe recurrir a esquemas, resúmenes, videos, audios, gráficos, en estilos muy variados, siempre con fuentes claras y muchas repeticiones.
  8. No apelar, para impulsar el cambio, al enjuiciamiento de los contradictores o adversarios, ni a la rabia, el rencor y mucho menos al odio o la venganza por sucesos del pasado, ni reaccionar o dejarse llevar allí por los que intenten hacerlo, sean del equipo del cambio, ajenos u opositores al mismo. Debemos concentrarnos en hablar más del futuro, de lo positivo, del renacer, del porvenir. Necesitamos impulsar mucho más un enfoque y una cultura de vida, paz y armonía.

César Augusto Muñoz Echeverry

cesarm@cmconsultorias.com

3174310806

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