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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

SociedadVacunación contra el Covid: No todos están en las mismas condiciones

Vacunación contra el Covid: No todos están en las mismas condiciones

Por LUIS FERNANDO CARDONA G.

Los ojos de doña Elvira

Los ojos de doña Elvira lo han visto todo. La segunda guerra mundial, una guerra fría entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, la violencia política en su patria, que ya es endémica; el despojo de sus tierras en la vereda La Quiebra, en Balboa y la pandemia del Covid 19.

Tiene la salud de un roble, pero también su cuerpo se quiebra por el peso de los años.  Ella nació en diciembre de 1932, dio a luz 11 hijos, de los cuales sobreviven 9, tiene 15 nietos y cuatro bisnietos, y se derrite de amor cuando carga en sus brazos a la menor de su descendencia, una niña nacida en Manizales, hija a su vez del hijo más amado.  Como tantas personas que lo han visto y escuchado todo, el cerebro de doña Elvira tiene un fuerte caparazón que se niega a darle curso así no más a las noticias, por muy encumbrada que sea la fuente, por eso a pesar de los esfuerzos del gobierno por catequizar en torno a la importancia de la vacuna contra el Covid, siempre se negó sistemáticamente a atender el llamado.  Algo en su interior, la ha vuelto desconfiada; cuando las autoridades sanitarias priorizaron a los adultos mayores, encontró todo tipo de excusas para negarse a descubrir el hombro y permitir la inoculación del antígeno.  Pero las cifras son elocuentes y los muertos por el Covid no son ya desconocidos, son amigos, vecinos, seres de carne y hueso de quienes por lo menos una vez en su vida oyó hablar, y entonces los argumentos a favor de la vacuna comenzaron a hacer efecto.  Personajes de la vida pública, artistas por quienes lanzó más de un suspiro, amigos y conocidos de sus hijos y nietos, todos ellos cada vez más próximos, se fueron despidiendo del mundo terrenal antes que ella.  Algo difícil de aceptar para quien sabe que la muerte es una condición inevitable en el camino hacia el Paraíso. Para ella, en ocasiones, la vida se convierte en una carga tan dura de llevar como el peso mismo de su cadera, que solo se puede movilizar con el apoyo de un bordón.

Al otro lado del río La Vieja, en Cartago, vive Jorge Mario, de 38 años de edad, a quien a pocos días de su nacimiento le diagnosticaron una extraña complicación de síndrome de down y esquizofrenia.  Su sola mirada inspira ternura.  Tiene textura media, ojos claros, tez blanca y una disposición constante al movimiento, pero le aterran las aglomeraciones y las aves, y entonces se torna agresivo.  Solo su padre, que lo ha acompañado toda su vida, sabe cómo reaccionar en estos casos.

La esquizofrenia, según el portal www.mayoclinic.com , “es un trastorno mental grave por el cual las personas interpretan la realidad de manera anormal. La esquizofrenia puede provocar una combinación de alucinaciones, delirios y trastornos graves en el pensamiento y el comportamiento, que afecta el funcionamiento diario y puede ser incapacitante”.   

Jorge Mario, por estos motivos no solamente no ha sido vacunado, sino que cada intervención médica con él es una verdadera odisea.  Ni siquiera una cita odontológica es fácil para quien tiene esa particular forma de interpretar la realidad.

¿Qué tienen en común doña Elvira y Jorge Mario?

Sucede que la primera, doña Elvira, es su abuela.  La madre de su padre, Jorge Antonio, quien va a cumplir 70 años y es pensionado del Inpec.  Jorge Antonio y Jorge Mario viven solos, porque enviudó y las hijas crecieron y hacen sus vidas de forma independiente.  Y ambos, abuela y nieto, pese a los anuncios oficiales de masivas campañas de vacunación contra el Covid 19 para alcanzar en Colombia la inmunidad de rebaño, están a la espera de recibir el inmunizante.

Pero, contrario a lo que predica el gobierno por los medios de comunicación, y pese a que la abuela logrando vencer sus prejuicios en torno a la vacuna le dio el Sí a la campaña, ahora es el personal sanitario el que le niega esa oportunidad, tan necesaria para ella como para el resto de la población que requiere prevenirse del contagio.

Sus hijos lo intentaron todo:  primero por la plataforma de MiVacuna, al consultar por el número de la cédula encontraron que no requería agendamiento previo (lo cual resulta apenas natural dada su avanzada edad de 88 años y su movilidad reducida), pero otra cosa dijo una dama vestida de enfermera en la puerta del hospital Santa Mónica, quien sin mediar palabra le señaló a su hija un letrero con la dirección de la página web, negándose a darle siquiera el beneficio de escucharla.

Por fortuna, la secretaria de salud de Dosquebradas, doctora Bibian Romero, tomó cartas en el asunto y dispuso que la octogenaria matrona fuera agendada para el próximo martes (24 de agosto).

No ha corrido con igual suerte su nieto discapacitado. El padre no se atreve a llevarlo a un lugar de vacunación por temor a su reacción ante las multitudes y no hay agendamiento especial para él

Seguramente muchos adultos mayores, al igual que los discapacitados de distintas ciudades del país, que además sufren condiciones especiales, podrían quedarse marginados de la vacunación masiva.

Es entendible, Colombia no estaba preparada para la pandemia.  El mundo tampoco lo estaba.  Pero debemos aprender de las experiencias.  Y es imperativo que se tracen planes de contingencia para atender situaciones especiales y así alcanzar la inmunidad de rebaño.   De lo contrario, cualquier esfuerzo por prevenir nuevamente la propagación de la enfermedad será vano y nos vamos a pasar el resto de nuestras vidas tratando de sobrevivir a la pandemia que cada vez vendrá en cepas mutantes y mucho más fortalecida.

1 COMENTARIO

  1. Respetado Director:
    Excelente crónica, paralelo entre generaciones, concepciones tradicionalistas sobre la vacunación.
    Realidades sobre el abismo entre vacunar y dejarse vacunar a conciencia.
    Realidades que muestran el grado de abandono estatal, para dar calidad de vida.
    P.D. Sin vacunas para primera y segunda dosis, en el país de la corrupción.

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