La violencia genera…

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PENSANDO EN VOZ ALTA

Por Jaime Diego Bedoya

*La violencia engendra más violencia, reza el adagio popular que, no por ser un lugar común pierde vigencia. Tal apotegma es válido, sin importar la punta de donde se tire: Empecemos por la que generaron unos policías con el terrible asesinato del ingeniero bogotano; esa, desató los desmanes de multitudes que, aunque legítimamente ofendidas, rebasaron el derecho constitucional a manifestarse, por la condenable destrucción de bienes públicos y privados. Ésta, a su vez, desencadenó la furia entre los cuerpos armados agredidos frenéticamente e injustamente, con nuevo alto saldo de muertos y heridos. Nada legitima o naturaliza la venganza. ¿Qué ha ganado la sociedad con semejantes desmadres? En cambio, las pérdidas en vidas y equipamientos son irreparables. Pero, contrario a lo que piensan quienes condenan sólo una parte de la ecuación humana, en la sociedad hay una ira represada por tanta inequidad, que espera el primer momento para desenfrenarse.

Saber controlar el odio y la rabia es parte de una sociedad civilizada. Lo que pasa en la policía es muy grave. Como dijo Diana Calderón, ya no se trata de unas manzanas podridas, es la caja entera. Más bien quedan pocas sanas. No digo que esas criminales actuaciones sean política de Estado, pues no hay ningún manual ni orden superior que ordene disparar, secuestrar, violar, torturar o desaparecer, delitos en los cuales, a menudo, resultan uniformados comprometidos. Como tampoco los había en las FARC, pero se hacían.

Urge un proceso riguroso de selección porque no es un secreto que casi todos los agentes son bachilleres egresados de colegios públicos de mala calidad que no ofrecen la posibilidad de ingresar a la educación superior y como el asunto es de supervivencia y con ese diploma no les dan ni siquiera una escoba, el camino es la Policía o INPEC y allá, la formación humanista es muy precaria, pues el énfasis está en el manejo de armas. Por ahí tiene que arrancar la reestructuración de ese cuerpo tan necesario para aclimatar y preservar la convivencia social. Todo lo demás, es carreta. Honor y gloria a tantos policías leales a la Constitución. No olvidemos que en todas las profesiones hay buenos y malos.

No más concentraciones violentas. Nada desprestigió tanto a Ospina Pérez que la marcha del silencio del año 48 contra la represión oficial. Nada produjo mejores frutos que las jornadas pacíficas del Mahatma. Nada conquistó más derechos civiles a los negros norteamericanos, que la lucha no violenta de Luther King.

Jaime Bedoya Medina.

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