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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

EspiritualidadVivir en la esperanza

Vivir en la esperanza

POR PADRE PACHO

Los seres humanos no podemos vivir plenamente sin esperar en algo o en alguien. Todos buscamos una felicidad, una seguridad o una satisfacción que todavía no poseemos. En medio de nuestros miedos y sufrimientos, surge la pregunta ¿no tenemos algo más que esperar? Ante la incertidumbre que hoy vive el mundo nos preguntamos: ¿cómo mantener viva la esperanza?

Se suele pensar que lo contrario de la esperanza es la desesperación. No siempre es así. En una época de crisis como la nuestra, la pérdida de esperanza se manifiesta, sobre todo, en una actitud de desesperanza que lo va penetrando todo. Es fácil observar hoy este «desgaste» de la esperanza en muchas personas.

A veces, el rasgo más evidente es la actitud negativa ante la vida. El que pierde la esperanza, lo va viendo todo de manera cada vez más negativa. No es capaz ya de captar lo bueno, lo hermoso que hay en la existencia. No acierta a ver el lado positivo de las cosas, las personas o los acontecimientos. Todo está mal, todo es inútil. En esa actitud negativa y desesperanzada va malgastando la persona sus mejores energías.

La falta de esperanza se manifiesta, otras veces, en una pérdida de confianza. La persona no espera ya gran cosa de la vida, de la sociedad, de los demás. Sobre todo, no espera ya mucho de sí misma. Por eso, va rebajando poco a poco sus aspiraciones. Se siente mal consigo misma, pero no es capaz de reaccionar. No sabe dónde encontrar fuerzas para vivir. Lo más fácil entonces es caer en la pasividad y el escepticismo.

La desesperanza viene otras veces acompañada de la tristeza. Desaparece la alegría de vivir. La persona se ríe y divierte por fuera, pero hay algo que ha muerto en su interior. El mal humor, el pesimismo y la amargura están cada vez más presentes. Nada merece la pena. No hay un «porqué» para vivir. Lo único que queda es dejarse llevar por la vida.

A veces, la falta de esperanza se manifiesta sencillamente en cansancio. La vida se convierte en una carga pesada, difícil de llevar. Falta empuje y entusiasmo. La persona se siente cansada de todo. No es la fatiga normal después de un trabajo o actividad concreta. Es un cansancio vital, un aburrimiento profundo que nace desde dentro y envuelve toda la existencia de la persona.

Sin duda, son muchos los factores que pueden generar este desmoronamiento de la esperanza, pero, muchas veces, todo comienza con la pérdida de «vida interior». El problema de muchas personas no es «tener problemas», sino no tener fuerza interior para enfrentarse a ellos.  

Esa fuerza interior la podemos vivir en lo que nos propone la esperanza cristiana, por un lado, nos libera de un optimismo excesivamente ingenuo, donde puede pensarse que el hombre puede darse a sí mismo todo lo que anda buscando y, por otra parte, nos puede despertar del inmovilismo propio de quien se siente resignado o satisfecho. 

El hombre es mucho más que necesidades que se esfuman cuando han quedado satisfechas, es propio del hombre ese deseo que nunca se sacia, puesto que está abierto a lo infinito y universal. ¿Qué puede haber que satisfaga por completo sus deseos? 

Tener encendida la esperanza cristiana no es otra cosa que estar eternamente insatisfechos, de sí mismos y del mundo en que vivimos, que estamos en permanente lucha; que somos hombres de anhelos incansables, que luchamos por un mundo más humano, donde se es consciente que éste, no será un mundo logrado a base del simple esfuerzo personal, sino de gracia y regalo de Aquél con quien nos encontraremos un día.

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