No habían muerto mis padres que eran mayores, me tranquilizó Don Rubén el de la cantina. Entonces, quién ? Mi hermanita? Seguí caminando con el corazón en la mano. No conocía a ninguna de las personas que había en el andén y en la puerta y el muerto ahí en la sala. Gente desconocida me miraba en silencio, ya voy a irme al suelo cuando aparece mi mamá, me abraza y me lleva hacia adentro. La interrogo con los ojos, no soy capaz de hablar y tengo 18 años – menor de edad- , ya trabajo para sostener el hogar. Y esta fue su respuesta: » yo tampoco sé quiénes son, son campesinos que no tienen dónde velar su muerto y les presté la casa» . Ahí se las presento: Margarita de Jesús Hincapié Hurtado, tataranieta de uno de los fundadores de Sonsón . Ella la misma que a los 4 ladrones que llegaron a la casa con camión y todo, los invitó a entrar, les hizo chocolate , buñuelos y empanadas. También la que regalaba todo el mercado y la ropa, entraba gente de la calle, hacía que se bañara, le daba comida y ropa limpia. Margarita, la abuelita, de toda la cuadra, del sector de La Porra y el pueblo, la que » no puede acercarse a la estufa ni a un cuchillo» , hay que conseguirle quién haga el oficio y claro, así hice, le conseguí empleada y … cualquier día, llego a una hora inesperada, pregunto por ella y me responde la empleada que se fue a llevar las empanadas a la esquina . Empanadas? Si . Es que tiene una contrata. Contrata? Si. Ella vende cada día unas empanadas a la señora de la tienda. La veo llegar con el plato vacío y una sonrisa maliciosa, mirada de «yo no fui» . Le pregunto con la mirada y tragándome la risa. Es que me gusta tener platica. Pero si yo le doy y todos le damos. » Ahhh ! pero esta es ganada por mi. Ma cuánto vende ? Cinco mil . Bueno yo le doy los cinco mil diarios. Se sonríe feliz y yo quedo tranquila. Cada día al salir, » ma, tenga los cinco mil» . Y vuelvo otro día y la veo entrar con el plato vacío. La interrogo. !Ahhh! Es que ahora son diez mil . Y el dinero para qué? Para regalarlo. Y eso fue de siempre. En Viterbo , nosotros pequeños despertamos por una bulla, un sonsonete, una cosa muy rara , los 4 nos levantamos asustados , caminamos despacio, y al llegar a la sala vemos una señora sentada en el suelo entre una montaña de cajetillas de cigarrillo vacías y cantando «Buga la grande Buga la real, Buga la grande, Buga la Real» . Había entrado a la casa a que pasara la noche, a una loca que alguien dejó en el pueblo. Margarita , la que escuchaba y nada nada decía. Margarita la que oraba por todos . La que desde recién casada en Las Marcadas donde yo nací, contaba un hijo de don Juan Amariles , que conocí ya mayor y un poco antes de morir, era igual en la finca con los niños, con las madres, con los forasteros. La misma, que en La Francia, estando adolescentes nos prohibió jugar en los bajos, una pieza que tenía como bodega donde soñábamos que éramos inventores , donde hacíamos viajes al espacio y veíamos a Dios y le conversábamos . Y por qué? Ninguna razón . Y claro los que nos fuimos a mirar por las rendijas, a bregar a abrir de alguna manera. Pues tuvo que decirnos: hay un señor escondido que huye de la policia y se va mañana cuando ya no lo buscan por aquí. ! !Mamá! Es una cómplice! . » Nooo mamá ayuda al que está en apuros» , dice uno de mis hermanos mayores . Y ! claro! , yo trabajaba y llevaba la obligación y ninguna plata alcanzaba : que para las vocaciones sacerdotales, que misiá Dolores, que la niña de Luisa, que la hermana de Lucía, que los niños de primera comunión, que la visita, que la «presa» del forastero , más la » presa» de las ánimas, que los presos, los ancianos, los enfermos. Y murió . Y qué dolor de todos . Y aún hoy . » Tan bella la abuelita , era una santa» . Y mi papá, primero y yo después que sosteníamos todo ese brete, qué? Nada. No éramos . Hoy me río de cada una de sus cosas porque hay más . Hoy, más de 30 años de muerta , aún escucho más cuentos de ella. De todo, no nos dábamos cuenta .



Muy buena historia de esas personas desprendidas y generosas de las que ya no existen , o quedan muy pocas. Mil saludos.
Disfruté. Mucho el escrito, me reí y acordé de mi madre que buscaba primas en todas partes. Hay que escribir más de estos relatos para recordar lo bonito del pasado.
Excelente relato,me encantaría saber mas de ella.
Un abrazo .