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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadY, ¿de la seguridad ciudadana qué?

Y, ¿de la seguridad ciudadana qué?

En las ciudades tiemblan de miedo ante la proliferación de avezados cuadrilleros, raponeros, matones, cuchilleros, pistoleros que atentan contra vida y bienes. Aterra a los convivientes en su desprotección, que los delincuentes cuenten con instrumentos jurídicos que se convierten en patentes para seguir su quehacer criminal.

Cuando se aprehende a un reincidente en la calle, este grita: “no me hagan daño que soy colombiano…” buscando que un juez de Garantías lo suelte “por no ser un peligro para la sociedad”. Con éso se logra que a la población le quede el mensaje de la indefensión, de esquivar el denuncio respectivo y por ello las estadísticas así señalan su ausencia. La verdad es que la gente se siente desamparada. Un dirigente suramericano dijo: “la inseguridad afecta negativamente al desarrollo humano, a la calidad de vida de las personas y la consolidación de las instituciones democráticas”. Es claro que no se ve una política de seguridad ciudadana (SC) que demuestre un ambiente grato de convivencia. La SC es la defensa del Estado y su correspondencia es el apoyo a los asociados al garantizar la integralidad personal, colectiva y haberes en inminencia de pérdidas; la solidaridad en símbolo patriótico es más cercana a quiénes la brindan. En sentido contrario, la impotencia y la rabia por ser víctimas de tal confluencia ilegal, no es raro que, en dolor de agravio, se piense en abjurar o al menos maldecir la razón de su nacionalidad. Habría que decir también que el socorrido instrumento de “verificar comités de seguridad”, y no de ahora sino de tiempo atrás, no han pasado por lo general de ser escenarios mediáticos y movimientos que rápidamente se disuelven por agotamiento múltiple. Dentro del cuadro constitucional es fundamental el papel de la Policía en condiciones preventivas y operativas para salvaguardar la vida, bienes y honra de los moradores, y de allí se desprende el servicio institucional que goza mayormente del respaldo de los ciudadanos; pero comienza a sentirse cierta acción restrictiva que preocupa a opinadores y otros. Es significativo lo consignado por el exvicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras, en su artículo de El Tiempo “La mala hora de la Policía”, en el que se refiere a una situación ocurrida a su hija y al novio de ella, al recibir maltratos y golpes por parte de un grupo de iracundos viajeros, hecho que no mereció la intervención policiva ahí presente, tal vez, intuye Vargas Lleras, por estar ante una protesta social que con ese acto ya no era pacífica. Y lanza varios interrogantes: “Yo me pregunto qué instrucciones del mando están recibiendo los agentes de policía para actuar de esta manera. ¿A qué sanciones se exponen por cumplir con su deber? ¿Cómo hemos podido llegar a la completa indefensión ciudadana?”

Pero, independiente de eso, hay que apoyar a la Policía como un factor necesariopara combatir el crimen. Debe seguir siendo un organismo profesional, competente y no ideologizado. Sus miembros arrestan en dispositivos, muchos concretados por dispendiosas tareas de inteligencia, a delincuentes de distintas raleas, que en el exceso de avales salen de inmediato a más fechorías, mostrando una nueva estrella en su “palmarés” delictivo. Frente a esa mirada, la alcaldesa de Bogotá ha pedido a los líderes de la Nación contextualizar una gran reforma de hondo calado para proteger. Agregó recientemente que en el Gobierno impera la impunidad y que hay más preocupación por los presos que por los habitantes. Ya lo había dicho Carolina Villadiego de la Comisión Internacional de Juristas que de los programas presidenciales el que menos propuestas tiene es el de la Justicia. En campaña Petro propuso “aumentar el número de jueces por cada cien mil habitantes”, pero no es solo eso, asimismo los sistemas carcelarios, reformar los códigos penal y procesal para que coadyuven a una “pronta y cumplida Justicia”.  Pero la inquietud del ministro del ramo es abrir las puertas de las cárceles para que salgan de día los detenidos y regresen “puntuales” a dormir.

Es necesario exigir a candidatos a gobernaciones y alcaldías planes de coordinación de mando para mostrar resultados en protección.

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