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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad¿Y si sembramos comida?

¿Y si sembramos comida?

Los costos de los alimentos en Colombia siguen por las nubes y las causas son las mismas: crisis de contenedores y dificultades de transporte en los puertos más importantes del mundo, y escasez de fertilizantes y dependencia de las importaciones al interior del país, lo que está empujando hacia arriba la inflación.

La realidad, es que no hay suficiente comida en el territorio nacional y la que hay no sólo está impactada por el crecimiento interno de los precios, sino por la devaluación del peso y por la inflación que viven los países a los que les compramos.

Asistimos a un momento extremadamente crítico, en el que estamos pagando un costo demasiado alto por la ineficiencia y el abandono históricos del sector rural, cada vez más empobrecido y menos competitivo.

Colombia no produce cereales, pues la mayoría de la avena, cebada, maíz, sorgo, trigo, e incluso, arroz, se trae del exterior. Leguminosas como garbanzos, lentejas, soja y frijoles, no se ven en el país.

Y aunque parezca mentira, importamos café, plátano, naranjas, duraznos, mandarinas, maracuyá, uvas, peras, kiwi y manzanas, según se desprende de un informe de la DIAN.

Bloomberg revela que Colombia compra en el extranjero leche, mantequilla, yogurt, miel y queso. Trae, adicionalmente, pulpa de fruta, carne de cerdo y trozos de pollo congelados. También carne de vacuno.

Lo que sí producimos son huevos, ñame, arracacha, papa, yuca, panela, carne bovina, pollo, aceite de palma, cacao, café, aguacate y azúcar. Pero es insuficiente.

Para decirlo con claridad, los colombianos no tenemos seguridad alimentaria, y gracias a tratados internacionales, no contamos con soberanía alimentaria, dado que hasta el derecho a tener y usar semillas nativas y ancestrales, se convirtió en un delito.

El nuevo gobierno nacional está prometiendo convertir a Colombia en una potencial mundial de la agricultura para la alimentación, y ello será posible si se rescata el derecho a usar también, de manera libre, las semillas autóctonas; si se incrementa la inversión rural, que hoy es marginal; si se inyectan suficientes recursos a la investigación aplicada al campo; si hay planeación en la siembra y recolección; si se evita que se pierda el 18% de la comida; si se garantiza el mercadeo; si se mejoran las condiciones de vida de los productores y campesinos; y, si hay créditos baratos, precios de sustentación y asistencia técnica constante. Ah, y si hay tierras productivas disponibles, con una buena infraestructura de vías y servicios.  

La promesa de un campo moderno, productivo, seguro y justo, implica el esfuerzo técnico y económico del gobierno, el compromiso del capital privado, el interés de la academia y la consolidación de la paz.

Hay tierra productiva suficiente para convertir a Colomba en una potencia agrícola y para sustituir las importaciones. Además, hacer de la agroindustria un puntal del crecimiento económico del país. El mundo lo agradecería.

*Estos comentarios no comprometen a la RAP Eje Cafetro, de la que soy Subgerente de Planeación Regional

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