No nos sentimos seguros

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Lo habíamos predicho al inicio de esta larga cuarentena, que con el encierro para prevenir el Covid 19, en Colombia se desataría una ola de inseguridad de inimaginables proporciones.

Porque el hambre no da tregua y el aislamiento social llevó a muchos, que antes dependían económicamente de las ventas ambulantes o de trabajos humildes y negocios informales, a jugarse la vida así fuera delinquiendo para llevar a casa el sustento. 

Mientras la mayoría aceptamos cuidarnos en casa, otros cada vez más desafiantes, se apoderaron de los andenes, los puentes y hasta las plazas públicas.  Los ciudadanos de bien estamos literalmente arrinconados por la delincuencia. La inseguridad ciudadana está desbordada. 

En notas televisivas se puede ver al asaltante que despoja de la moto a su víctima y sin motivo aparente le dispara.  O a la adolescente que se arma de valor para defender a su madre en un atraco al negocio familiar.  En Bogotá, lo informa otro noticiero, antisociales que llegan en vehículos de gama alta, ingresan a un conjunto residencial con la complicidad del vigilante y a través de llamadas telefónicas exigen rescate para devolver las pertenencias que se han sustraído.  Mientras tanto, en redes sociales, se comparte el video de una banda que después de consumar un asalto corren por la plaza de Bolívar de Armenia, blandiendo uno de ellos un machete. 

Los asaltos a residencias y personas se han convertido en el pan de cada día.  Nosotros mismos fuimos víctimas de atracadores que armados de puñales nos despojaron de nuestras pertenencias en un puente peatonal al norte de la capital de la república sin que nadie, policía o ciudadano, se percatara para acudir en nuestra ayuda.

Ni qué decir del temor que se siente al intentar caminar por las calles de los barrios de Pereira y Dosquebradas y sentir que un desconocido nos respira muy cerca con mirada amenazante y un objeto oculto en su mano. 

¿Si la Policía no es capaz de garantizarnos la seguridad en los espacios públicos, qué nos hace pensar que podrá hacerlo en el interior de nuestras propias casas, ante el asedio de los hampones que campean?

Según encuesta realizada durante la pandemia por el programa Ciudades cómo vamos, 4 de cada diez colombianos se sienten inseguros; 37 se sienten seguros y 23 no se sienten seguros ni inseguros.  Peor sucede con la clase media donde el 43 por ciento de los entrevistados dijeron que se sienten inseguros y solo el 33 por ciento se sienten seguros en sus ciudades. 

Ayer nada más, por Caracol Televisión se informó de una actualización de dicha encuesta, donde 30 de cada 100 bogotanos se muestran inseguros en la ciudad capital.

Según la misma encuesta, durante la pandemia, nueve de cada diez ciudadanos víctimas de algún delito no lo denunciaron y 61 de cada 100 ciudadanos se declaran insatisfechos con los servicios prestados por las entidades de justicia.

¿Qué nos espera?  Ojalá no suceda lo peor, como empieza a advertirse en algún barrio al suroccidente de Bogotá donde desesperada por los continuos robos y agresiones contra mujeres, niños y ancianos, la gente se armó de palos y garrotes y salió al encuentro de los delincuentes, llegando incluso a destruirles sus cambuches.   Recordemos que de forma similar nacieron las Convivir, tan asociadas con las AUC, por todas conocidas como grupos paramilitares. 

El monopolio de las armas y la seguridad ciudadana deben estar en manos del estado, pero se necesita un estado fuerte y confiable que nos sepa defender de nuestros verdaderos enemigos.  

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