jueves, febrero 5, 2026

👁️ POLITIZAR LA CONSCIENCIA TODOS … 

OpiniónActualidad👁️ POLITIZAR LA CONSCIENCIA TODOS ... 

 

 🔹 Acabar el negocio de la política privatizada por operadores negociantes con disfraz de políticos. Ciudadanía íntegra, limpia. 

 🔹 Sentir la dignidad, honradez, excelencia ética de tomar decisión de plena conciencia por una vida sin trampas ni precio. 

Salirse del cáncer que hizo metástasis desde la médula por todos los órganos, tejidos y células del cuerpo enfermo que es la sociedad sometida a la expoliación, saqueo sin tregua de todo bien común alcanzado para la realización de los derechos de la gente, es el cambio esencial, inalienable e imposible de despojar de quienes tienen el poder real de darle vuelta en democracia leal a la realidad que se vive por sometimiento al engaño de quienes operan todo el aparato público. La realidad agravada hasta donde vamos trae el lastre en cadena de abusos y trampas en el despojo de lo público desde que la gente permanece atrapada en la mentira anti política.

En lo público en Colombia, Latinoamérica y el primer mundo comenzando por el espectáculo terrible desde la capital política del mundo democrático, todo, absolutamente todo debe ser objeto de duda para cada conciencia libre en cada ciudadano autónomo respetable. Como en la regla de oro del periodismo, dudar de todo es el santo grial, la verdad subjetiva del periodista. A nadie se puede creer como verdad revelada, ni última palabra, en el acto periodístico ético. Nada puede estar exento de verificación, contraste y extrema rigurosidad en todos los filtros posibles hasta alcanzar la veracidad y valor fidedigno de la verdad fáctica que debe ser contada a toda la sociedad.

No pueden existir periodismos, ni periodistas fanáticos, enceguecidos en su entendimiento por pasiones irracionales ideológicas. Quien no sea capaz de situarse en ése lugar de imparcialidad sin sesgos cognitivos, no califica para tener la confianza del ciudadano con conciencia responsable y pleno respeto propio. Es prescindible y debe ser marginado de la elección que tiene a su cargo el usuario del servicio de la información pública. Nadie puede tomar nada contaminado ni envenenado para suplir una necesidad vital. Así tiene que ser en todo lo público, para el caso en periodismo y con mayor rigor en la política.
Quienes claman y reclaman porque se cumpla el cambio deben saber que están demandando y exigiendo algo que les compete en su integridad total, el primer responsable y verdadero poder para ejecutar ese cambio que pide a otros o a un culpable elegido impune, es el mismo demandante, reclamante, el soberano rotundo en democracia real, leal, responsable. El YO ciudadano es quien tiene la rienda irrefutable del cambio que merece en su vida y en el bien colectivo. Ése cambio es total y no tiene ningún precio, solo consciencia y voluntad de autodeterminación para dejar de ser por siempre objeto, instrumento de manipulación y negocio de inescrupulosos negociantes del poder público que le pertenece a cada individuo que decide. El cambio está y lo debe hacer por cuenta propia con dignidad, cada individuo responsable.

Cuando no se asume responsabilidad plena, la mediocridad siempre elige y lapida culpables, señala, maldice, insulta, descarga la frustración sobre subalternos revestidos de falso ego imperial que hace creer son los patrones, amos y redentores de las necesidades y la vida de la gente. Nadie arregla la vida de nadie. La primera conciencia que debe adquirir el ciudadano íntegro es su autodeterminación. Sus decisiones son responsabilidad rotunda propia y se toman en su interior no por encargo, ni coima o compra de su voluntad por un dulce envenenado que son las dádivas o halagos que acostumbra la ignorancia aceptar como reconocimiento, ser tenido en cuenta. Triste acomplejamiento e indignidad, ausencia de respeto amor propio de la gente que tasa su dignidad y sentirse importante en el manoseo de los traficantes del negocio electoral, la degradación del bien público trascendente que es la democracia real.

En la mediocridad siempre hay para limpiar las culpas de la conciencia vendida por un almuerzo o un billete en la mano el día de la elección, un culpable al cual señalar, gritar y lapidar en turbamulta como en la absolución de barrabás. Así funcionan los que venden la decisión que significa el poder total que tiene como individuo el ciudadano responsable. En esa triste forma básica e ignorante de ver la democracia, se sitúan quienes están dispuestos al mejor postor y solo esperan el mosaico de aspirantes a engañar a la masa en cada elección, para terciar con todo el fanatismo posible por un supuesto o supuesta salvación, milagro, magia. Ningún mesías va a resolver el lío terrenal de la acción con responsabilidad política que es lo público. Seguir en la mentira es el incumplimiento del cambio que reclama la turbamulta manipulada. El cambio está en la conciencia de cada ciudadano que decide.

Nadie sale en limpio en el negocio político de la dañada democracia que dicen defender los operadores, manipuladores del negocio de la cosa pública. Las reglas del asunto electoral están claras y es verificable la verdad del mapa de la real política. Se repite el libreto y la fórmula en el nuevo infierno de la campaña que comenzó ya: el que mejores trampas y engaños mediáticos y propagandísticos diseñe para diseminar y contaminar todo el ambiente y entorno público con la mayor cantidad de dinero posible para pagar todo lo que se paga en las elecciones que nos dejan los depredadores de la democracia representativa. Como en la corrupción, el más hábil para aproximarse al crimen perfecto, sin rastros, evidencias, ni huellas, ese se queda con la torta pública y luego a repartir con sus acreedores, cómplices y paraísos fiscales. He ahí la síntesis. Los idiotas útiles que fueron a las urnas o se quedaron sin ir porque la política da asco, a renegar cuatro años consecutivos por lo que no fueron capaces de cambiar. Cada quien tome su decisión limpia, la que fuere, pero tómela, actúe, decida y asuma consecuencias.  Como los que eligieron al presidente gringo y también al actual colombiano.

Ya no más el cuento de «soy apolítico», «la política apesta», «no decido porque no hay nada qué hacer», «un fulano que haga el cambio».  Los procesos de transformación son responsabilidad de todos por acción, decisión u omisión. Hoy en Colombia y en las democracias presuntas, de cada tres ciudadanos que tienen la responsabilidad de decidir a quién van a mandar para que realice la tarea de gobernar, sólo uno decide. Los otros dos y el mismo elector, se subordinan al empleado que recibió el mandato de hacer la tarea de gobernar y se plantan a esperar o maldecir por la incapacidad del encartado inquilino del poder.  Así no son los procesos en democracia real. La democracia verdadera es como la vida misma y su rutina, asunto día a día en corresponsabilidad.
El cambio no es competencia ni posibilidad real de un individuo a sueldo en la función pública al cual endiosan la ignorancia y mediocridad de las conciencias que siguen tomando veneno en el fanatismo ideológico y viven con conciencia contaminada por el engaño de los depredadores de la política y lo público. El cambio no está en la burocracia ni en el tejemaneje de los aparatos de la secuestrada institucionalidad que arde en las fiebres y cáncer de corrupción, impunidad, desidia y cero control social ciudadano, mientras los fanatismos se trenzan en insultos y ofensas que distraen a la perfección mientras el saqueo fluye.

El cambio es la politización a plena conciencia de toda consciencia ciudadana de respeto en un país que no puede seguir en otros cien años de adolescencia e inmadurez sin criterio, esperando que la ignorancia y falta de educación política y democrática, permita el camino libre de los negociantes electorales que dividen e incendian con bajas pasiones, odio fanático ideologico, susto y miedo con fantasmas contrarios a sus intereses, para engañar y manipular ignorancias y negligencias que siguen esperando redenciones y mesianismos en un milagrero o milagrera que no existirán jamás. Los procesos sociales de desarrollo, avance, evolución, educación, convivencia y coexistencia en respeto, dignidad, diversidad, incluyen a todos los ciudadanos y son responsables todos del resultado final. No el autosabotaje de los que perdieron y el engaño de los que ganaron que se declaran emperadorcitos de burocracia. Como la descarga fisiológica, psicológica y espiritual cotidiana, el cambio es algo que nadie puede hacer por nadie.  Toda consciencia tiene que ser politizada por cuenta propia, con autodeterminación, honradez y sin culpables externos. Formación ciudadana en política y democracia indispensable.

®️ Escrito por Hernando Ayala M. Periodista   Mail disnnet@gmail.com ✍🏻

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