martes, febrero 3, 2026

MISCELÁNEA:  EL SAINETE DE LA VIDA  

OpiniónActualidadMISCELÁNEA:  EL SAINETE DE LA VIDA  

 

Soy oyente habitual de la Luciérnaga, el programa de Caracol Radio que de lunes a viernes, a partir de las 4 pm, nos rescata del cada vez más azaroso acontecer mundial y local, con su mezcla de ficción y realidad.

Escucho la Luciérnaga para reír en vez de llorar, frente a todas esas cosas que suceden que uno no se explica cómo puede ser posible que sucedan. Por ejemplo, cómo así que un señor presidente de una nación muy poderosa y muy respetable le dio porque a todo aquel que no se adecúe a sus políticas e intereses le aplica la llave inglesa de las medidas arancelarias y lo va diciendo así nada más como si fuera un emperador romano en pataleta o el gobernante del mundo. Esto en referencia a la persecución que Donald Trump ha emprendido en contra del grupo de los denominados BRICs al cual Colombia pretende incorporarse a través de su línea de crédito.

Los BRICs son algo así como el grupo de los no alineados de la economía mundial. Pues bien, ha determinado Trump que si los países emergentes siguen en su empeño de impulsar acciones multilaterales que no convengan o afecten los intereses de los Estados Unidos, les aplicará un 10% de arancel adicional a las cargas ya dispuestas para los estados con los que no logre un acuerdo comercial.  

Ese mismo señor, me refiero a Trump, que ha excluido a los Estados Unidos de cuanto pacto preservacionista o ambientalista existe, que no cree en el cambio climático, al que le importa un pito la huella de carbono, el que le ha hecho la vida imposible a los inmigrantes, el que sin  miedo alguno a los conflictos de interés promueve criptomonedas apalancadas en su poder y su fama de presidente, el que abiertamente se ha aliado con los gigantes tecnológicos prometiéndoles planes y recursos para expandir sus negocios, los mismos recursos que le está negando a las universidades que subvencionan a estudiantes extranjeros, al que en general le estorban todos los que piensan diferente, y además, como si fuera poco, a ese señor que quita y pone en el juego de la guerra, a ese señor es que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha postulado para el premio Nobel de la Paz.

Ya entenderán por qué esa noticia es preferible oírla en la Luciérnaga y no en la mañana, porque parece un chiste, una tomadura de pelo. Y es muy posible que le den el premio a quien respalda la fuerza desmedida del ejército israelí que aplasta al pueblo de Gaza, al que ya no quiere doblegar sino aniquilar para convertir sus territorios en un balneario.

Semejantes problemas, que están más allá de nuestro alcance y de nuestro entendimiento, no deberían afectarnos, pero nos afectan consciente o inconscientemente, y nos hacen perder la fe en Dios y en la humanidad. Quizás la solución sea la más fácil, dar la espalda, apagar la radio y anestesiarnos con las redes sociales y perdernos en las series de NETFLIX, pero eso  no quita que todos los días en Gaza, en Ucrania, en Pakistán, o acá más cerca, en el Catatumbo o en el Plateado, muere y muere gente, como si la vida no valiera nada, como en la canción de Pablo Milanés.

Para rematar, este oscuro panorama, he visto el cuadro desgarrador, la imagen distorsionada de un señor en un pueblo de la costa, llevando a enterrar el cadáver de su hijo asesinado cargado en una moto. El mundo es deprimente.

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