sábado, marzo 7, 2026

TODOS TENEMOS UN PASADO COMÚN   

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Por: María Elena Murillo

Conocer la historia   del apellido, es estar al corriente de su origen en el sentido natural de la palabra.  Es una cadena que nos va conduciendo por laberintos de enmarañadas relaciones familiares, sociales, y políticas. Otras, nos develan las razones de odios ancestrales, de guerras regionales, de pasiones inadmisibles o de una genética, que no siempre comprendemos.  También, los cruces de caminos nos muestran viejos horizontes, gestas fundacionales, expresiones del trabajo colectivo del hombre, y de sus antepasados  En alguna serie de televisión de la BBC “Who do you think you are?» (¿Quién crees que eres?), el actor Danny Dyer descubrió que estaba relacionado con Eduardo III.  Alexander Armstrong, actor y comediante,  se sorprendió al darse cuenta de que era descendiente de Guillermo el Conquistador; eso comprueba que muchísimas personas tienen ascendientes en la nobleza, así desempeñen oficios humildes, vivan en otro continente y el color de su piel sea diferente, porque el hombre tiene tendencia nómada  y eso le  ha permitido por siglos sembrar su semilla por el mundo.

Según los expertos en genealogía lo que este fenómeno representa es que si miramos hacia atrás en el tiempo;  un número sorprendentemente alto de personas encontrará un antepasado  de la realeza.  Graham Holton, profesor de un curso de posgrado sobre genealogía de la Universidad de Strathclyde en Glasgow dice:  “que él mismo es descendiente del rey Eduardo I.”  pero el académico afirma que el problema es «si realmente se puede probar» esta conexión.  Seguramente muchas personas que lo son, no pueden corroborar la relación con evidencia documental.

Sobre la cantidad de descendientes a lo largo de las generaciones, continúa   “como estimación general, podría haber dos millones de personas vivas relacionadas con Eduardo I.”

Turi King, profesora de genética en la Universidad de Leicester, ha investigado a Ricardo III —rey de Inglaterra entre 1483 y 1485— y dice que hay «literalmente millones» de personas vivas que hoy están relacionadas con la familia inmediata de este soberano del siglo XV. Los descendientes de una de sus hermanas  permitieron a los investigadores usar el ADN para ayudar a identificar los huesos de Ricardo III encontrados en Leicester. La académica dice que a menudo no se comprende cuántos árboles genealógicos pueden superponerse cuando se remontan tantos años,  si retrocedemos más o menos veinte generaciones, según la tasa de reproducción promedio, todos tendremos millones de antepasados y en lugar de árboles  genealógicos, lo que tendríamos, es  una enmarañada selva de matorrales entrelazados.

Aunque existe la idea  que los miembros de la realeza son seres tocados  de manera exclusiva por la divinidad,  la realidad es que todos somos el producto de siglos de mezcla,  fusión, migración, ascensos y caídas sociales, interrelacionados de diferentes maneras.  Muchos de nosotros tenemos antepasados variados y compartidos.  Si desandamos  el tiempo unos  dos mil años, veremos hay patrones aún más amplios de ascendencia común, no sólo son   europeos, también encontramos orientales y posteriormente africanos.

Todos somos parte de una gran familia. Navegar por un camino de regreso a un pariente medieval, dependerá de encontrar un «antepasado de entrada», dicen los genealogistas. La    historia de este continente, después del entronque cultural de la conquista precolombina,  es nuevo,   es así como  las leyendas de algún  pariente famoso, o tal vez lo suficientemente canalla, nos  permiten  tener una documentación más fácil de detectar,  proporcionando  rastros  para el historiador, quién desde este punto de partida, puede  armar un camino donde se tope con ese eslabón  perdido que lo conduzca  a parientes que jamás se hubiera imaginado. También ayudan los registros de las iglesias, las notarías, los listados de Pasajeros de Indias, las   incorporaciones militares y los  libros de historia por supuesto, todo ese tipo de archivos son un tesoro para quien quiera  conformar  una historia familiar. Tenemos el mismo número de antepasados, y aunque  no siempre sabemos sus nombres, hay parientes con linaje,  campesinos,  mestizos, zambos etc.,   y  esto no depende de su apariencia, es por eso que se recurre cada vez más, a exámenes especializados para establecer vínculos familiares.  Después de estudiar por años mi ascendencia familiar, sobre todo su paso por los caminos de la colonización antioqueña, tenido que leer   un número indeterminado de libros de historia, revisar miles de  registros que he encontrado en las bases de datos , escudriñar en iglesias,  y otras  tantas fuentes de información, las que nos llevan a  entender que   el trazo genético que  heredamos de nuestros abuelos, tiene una  influencia   marcada por la endogamia, las creencias y el comportamiento social. Con todo esto he llegado a la conclusión que: La fraternidad entre las naciones es un vínculo místico que hace que todos los hombres sean hermanos, que  cada ser humano en este planeta  lleva en su sangre alguna  parte del ADN  del otro, que somos una sola raza, sin importar su cultura.

4 COMENTARIOS

  1. No solo debe ocuparnos el «rancio abolengo» que en el caso del europeo es de muy mal olor a rancio por sus costumbres antihigiénicas tan distantes a las del aborigen americano que algunos tanto repudian! Hasta el más pobre de nuestros coterráneos, la más apasionada vendedora de amor, el más hábil hampón, el más obscuro y feo de los habitantes del tugurio o de la calle, es también nuestro ascendiente o pariente no reconocido.
    Que esto nos sirva para reconocernos, para relacionarnos, para respetarnos, para solidarizarnos en la adversidad..

  2. Me encantó éste artículo, que además de agradable, es ilustrativo y nos demuestra la importancia de un tema que, a simple vista pareciera intrascendente, pero que da respuestas a muchos «Porqués» sobre nuestros orígenes, nuestras características y nuestras historias.
    Bienvenida esta nueva Columnista, que tiene mucho que aportarle a nuestra Pereiranidad.
    Estaré atenta a sus próximas entregas.

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