Por: María Elena Murillo
Conocer la historia del apellido, es estar al corriente de su origen en el sentido natural de la palabra. Es una cadena que nos va conduciendo por laberintos de enmarañadas relaciones familiares, sociales, y políticas. Otras, nos develan las razones de odios ancestrales, de guerras regionales, de pasiones inadmisibles o de una genética, que no siempre comprendemos. También, los cruces de caminos nos muestran viejos horizontes, gestas fundacionales, expresiones del trabajo colectivo del hombre, y de sus antepasados En alguna serie de televisión de la BBC “Who do you think you are?» (¿Quién crees que eres?), el actor Danny Dyer descubrió que estaba relacionado con Eduardo III. Alexander Armstrong, actor y comediante, se sorprendió al darse cuenta de que era descendiente de Guillermo el Conquistador; eso comprueba que muchísimas personas tienen ascendientes en la nobleza, así desempeñen oficios humildes, vivan en otro continente y el color de su piel sea diferente, porque el hombre tiene tendencia nómada y eso le ha permitido por siglos sembrar su semilla por el mundo.
Según los expertos en genealogía lo que este fenómeno representa es que si miramos hacia atrás en el tiempo; un número sorprendentemente alto de personas encontrará un antepasado de la realeza. Graham Holton, profesor de un curso de posgrado sobre genealogía de la Universidad de Strathclyde en Glasgow dice: “que él mismo es descendiente del rey Eduardo I.” pero el académico afirma que el problema es «si realmente se puede probar» esta conexión. Seguramente muchas personas que lo son, no pueden corroborar la relación con evidencia documental.
Sobre la cantidad de descendientes a lo largo de las generaciones, continúa “como estimación general, podría haber dos millones de personas vivas relacionadas con Eduardo I.”
Turi King, profesora de genética en la Universidad de Leicester, ha investigado a Ricardo III —rey de Inglaterra entre 1483 y 1485— y dice que hay «literalmente millones» de personas vivas que hoy están relacionadas con la familia inmediata de este soberano del siglo XV. Los descendientes de una de sus hermanas permitieron a los investigadores usar el ADN para ayudar a identificar los huesos de Ricardo III encontrados en Leicester. La académica dice que a menudo no se comprende cuántos árboles genealógicos pueden superponerse cuando se remontan tantos años, si retrocedemos más o menos veinte generaciones, según la tasa de reproducción promedio, todos tendremos millones de antepasados y en lugar de árboles genealógicos, lo que tendríamos, es una enmarañada selva de matorrales entrelazados.
Aunque existe la idea que los miembros de la realeza son seres tocados de manera exclusiva por la divinidad, la realidad es que todos somos el producto de siglos de mezcla, fusión, migración, ascensos y caídas sociales, interrelacionados de diferentes maneras. Muchos de nosotros tenemos antepasados variados y compartidos. Si desandamos el tiempo unos dos mil años, veremos hay patrones aún más amplios de ascendencia común, no sólo son europeos, también encontramos orientales y posteriormente africanos.
Todos somos parte de una gran familia. Navegar por un camino de regreso a un pariente medieval, dependerá de encontrar un «antepasado de entrada», dicen los genealogistas. La historia de este continente, después del entronque cultural de la conquista precolombina, es nuevo, es así como las leyendas de algún pariente famoso, o tal vez lo suficientemente canalla, nos permiten tener una documentación más fácil de detectar, proporcionando rastros para el historiador, quién desde este punto de partida, puede armar un camino donde se tope con ese eslabón perdido que lo conduzca a parientes que jamás se hubiera imaginado. También ayudan los registros de las iglesias, las notarías, los listados de Pasajeros de Indias, las incorporaciones militares y los libros de historia por supuesto, todo ese tipo de archivos son un tesoro para quien quiera conformar una historia familiar. Tenemos el mismo número de antepasados, y aunque no siempre sabemos sus nombres, hay parientes con linaje, campesinos, mestizos, zambos etc., y esto no depende de su apariencia, es por eso que se recurre cada vez más, a exámenes especializados para establecer vínculos familiares. Después de estudiar por años mi ascendencia familiar, sobre todo su paso por los caminos de la colonización antioqueña, tenido que leer un número indeterminado de libros de historia, revisar miles de registros que he encontrado en las bases de datos , escudriñar en iglesias, y otras tantas fuentes de información, las que nos llevan a entender que el trazo genético que heredamos de nuestros abuelos, tiene una influencia marcada por la endogamia, las creencias y el comportamiento social. Con todo esto he llegado a la conclusión que: La fraternidad entre las naciones es un vínculo místico que hace que todos los hombres sean hermanos, que cada ser humano en este planeta lleva en su sangre alguna parte del ADN del otro, que somos una sola raza, sin importar su cultura.




No solo debe ocuparnos el «rancio abolengo» que en el caso del europeo es de muy mal olor a rancio por sus costumbres antihigiénicas tan distantes a las del aborigen americano que algunos tanto repudian! Hasta el más pobre de nuestros coterráneos, la más apasionada vendedora de amor, el más hábil hampón, el más obscuro y feo de los habitantes del tugurio o de la calle, es también nuestro ascendiente o pariente no reconocido.
Que esto nos sirva para reconocernos, para relacionarnos, para respetarnos, para solidarizarnos en la adversidad..
Excelente escrito, mi querida María que nos deja una gran enseñanza.
Gracias María Elena, muy interesante 👍🙅♀️
Me encantó éste artículo, que además de agradable, es ilustrativo y nos demuestra la importancia de un tema que, a simple vista pareciera intrascendente, pero que da respuestas a muchos «Porqués» sobre nuestros orígenes, nuestras características y nuestras historias.
Bienvenida esta nueva Columnista, que tiene mucho que aportarle a nuestra Pereiranidad.
Estaré atenta a sus próximas entregas.