Durante los días 21 y 22 de febrero de 2025, se realizó en el Corregimiento del Chicoral, Espinal, Tolima, el encuentro nacional campesino, con la participación activa de al menos 2.900 líderes y lideresas de las principales organizaciones campesinas y agrarias del país y del gobierno nacional, en cabeza del presidente de la república Gustavo Petro y la ministra de Agricultura Martha Carvajalino.
Esta vez se firmó el “Pacto por la tierra, la vida y la paz”, por oposición al regresivo y antidemocrático “Pacto e Chicoral” firmado el 9 de enero de 1972 por el entonces presidente Misael Pastrana Borrero, en pleno maridaje con los latifundistas, terratenientes y voceros de los gremios más atávicos el país, entre esos el de los ganaderos. Este pacto, el de Pastrana, fue un reversazo a la ley 135 de 1961 o de Reforma Agraria. A lo largo de estos 53 años del pacto de Chicoral latifundista de 1972, lo que hemos visto es una verdadera contra reforma agraria, que, aunada a la acción paramilitar que se campeó por el país durante las décadas de los 80, 90 y parte de 2000, llegando a resultados escandalosos: (i) Un nivel de concentración de la tierra productiva en poquísimas manos, donde la relación poco más o menos es la siguiente: El 15% de propietarios, son dueños del 85% de la tierra productiva, al paso que el 85% de propietarios sólo tienen el 15% de dicha tierra productiva; lo anterior, ha llevado a su vez a la quiebra del campo, pasando de ser un país auto sostenible en la agricultura, a tener que importar cerca de 14 millones de toneladas de alimentos al año. Lo anterior sin contar los millones de campesinos (as) desplazados de sus tierras y que fueron a parar bien, a conformar los grandes cinturones de miseria en las ciudades y pueblos de Colombia, o a tener que adentrarse monte adentro, descuajando más montaña para poder sobrevivir.
Es “Pacto por la tierra, la vida y la paz”, es el que le apuesta a revertir ese estado de cosas, a sabiendas que, resolver el problema de la tierra en Colombia, es avanzar en serio hacia una paz estable y duradera, pues tenemos bien claro que sin una reforma agraria democrática, que le entregue la tierra a quien la trabaja, no será posible consolidar la paz en nuestro país.



Respetado Columnista:
Acierto total cuando expone que la Reforma Agraria, es un paso importante para alcanzar la paz.
Reforma Agraria que nunca interesó a los gobiernos tradicionales , es allí en la tierra donde más esclavitud han ejercido, dónde se empobreció a las comunidades.
La tierra en manos de gamonales de corbata, aliados con toda clase de delincuentes.
No les satisface esa Reforma, pierden poder
Estamos ante un gobierno que » levanta la enjalma y se ven las heridas.’. muy incómodo para los líderes tradicionales, para los medios de desinformación Hegemónico.
Vale la pena, el esfuerzo del CAMBIO.
Vale la pena en casi tres años recuperar derechos sociales, que fueron atropellados por más de cinco décadas.