Estoy preguntándome hace días el por qué la gente cambió de un momento a otro el tradicional trato decente y respetable que por mucho tiempo se usó, refiriéndose a alguien en particular o al escrito sobre algo dentro de cualquier género: Fueron muchos los logros de Don Eladio en su alcaldía. De la misma manera se usaba al hablar con un interlocutor: buenos días Don Jerónimo, cómo está usted? El Don reinaba por todas partes y había que escribirlo con mayúscula.
Sin embargo, esta honrosa y selectiva palabrita como tan amada por los adultos mayores, tiene jijuemil significados que incluye agravios e ironías: Eres un Don nadie. O la irónica frase con el Don femenino, muy usada: ¡ Quien la vé a usted tan orgullosa Doña Perfecta !
Pero saliéndonos del Don y entrándonos a las actuales expresiones de la jerga callejera, la sociedad ha logrado cambiar la palabra Don por la palabra Señor: Buenos días Señor José, cómo está usted?
Y qué tal la palabreja parce, que parece menos peyorativa que la palabra cucho, y que sin saberlo, la juventud actualizó como una expresión de solidaridad y pertenencia. Al sacarla de la biblia, posiblemente descalificándole la definición original de la época, que significa ni más ni menos una oración ritual, correspondiente a la primera de las Lecciones de Job y que además se cantaba en el oficio de difuntos. Hoy, sardónicamente, parece que la juventud se apropió de ella: Buenos días Parce, como va. O al niño: ¡ Hola parcerito !
De otro lado, posiblemente la juventud se cansó de tratar amablemente a sus amistades con el término coloquial de guevón (tonto o falto de inteligencia). Claro, con iguales sentimientos de jocosidad o cariño, de un momento a otro, la palabra guevón fue cambiada por la de marica (y sin ofender a nadie): ¡ No marica, no te preocupes, mañana nos vemos ! Entonces, el vulgo se ha venido acostumbrando a recibir de buenas maneras ésta clase de expresiones y sin inmutarse.
Coletilla: para la generación Alfa, los mayores ya no somos amigos guevones sino amigos maricas. ¡ Qué cosa !
Directivo SOER (Sociedad Escritores de Risaralda)



Qué gran texto. Es importante reflexionar , porque ese respeto que se debía tener por el lenguaje,se convirtió en un acuerdo convencional para los jóvenes e incluso, adultos y lo màs curioso es que desconocen el significado que le atribuyen a dichas expresiones.