Quiero hacer alusión a la cocina, pero no como el sitio donde se preparan los alimentos para ser consumidos, sino al acto en sí.
Cuando la soledad se convierte en un estado, se crean muchos mitos, entre tantos es el de no cocinar. La expresión común es: ¡Qué pereza sentarme solo (a)! Entonces surge un interrogante, ¿No merezco consentirme a través de un buen plato preparado por mis manos?
Si cambiáramos esa perspectiva, encontraríamos encanto en cada preparación, sería recrear sabores a través de mezclas, cuyo resultado es transformar esas papilas gustativas en explosión.
Nadie imagina la sinergia que puede experimentar una papa cuando es llevada a la mesa, después de vivir su proceso junto a las técnicas utilizadas (cortar la cebolla blanca en doble cincelado y la cebolla larga en paysanne), no es un hecho demandante, simplemente es creación, allí en ese acto la mente, sus manos y sentimientos generan una amalgama que solo la descubrirá su gusto, al probar el primer bocado.
Las hortalizas, vegetales, diversas proteínas tratadas con magia, convertirán el plato más sencillo en un apetitoso manjar. Es simple, ser magos con los productos que produce una tierra tan rica como Colombia.
El arte, exige técnicas, la cocina en esa acción cuenta con muchas preparaciones que garantizan lo excelso de cada plato, me atrevo a compararla con la confección de un buen traje, cada puntada debe ser precisa. Quien cocina, debe conocer la ración exacta de aderezos para que el plato que es su responsabilidad sea apetitoso y cumpla su función. Ahora, bien, si esa cocción es para mí, hay más motivación, porque es mi paladar quien saboreará lo que mis manos y mi creatividad alcanzaron a lograr. Simplemente es eso, entender que será ese protagonista, y por respeto, haré un buen trabajo.
Me atrevo a aseverar que esa apatía, es fruto de muchos factores: Desconocíamos ese sitio (cocina), porque era nuestra madre quien se dedicaba a las labores realizadas allí. Ahí empieza el temor a hacer de las suyas.
La rutina opacó esa creatividad. Nunca avanzamos en el descubrimiento de los poderes que contiene cada producto (el ajo, la pimienta, el jengibre, el pimentón y por supuesto la sal), porque acudimos a lo práctico, sin comprender que los elementos antes mencionados son las pinceladas que le dan el toque final a esa obra de arte.
Muchos prefieren consumir alimentos procesados y congelados por la practicidad que ello representa y no se dan cuenta del riesgo al que se exponen con sus procesos e incluso, no se toman el tiempo para refrendar su fecha de vencimiento… ligerezas del día a día.
La infancia, juventud, adultez, etapas de la vida, van corriendo con la prisa de los años y en esa travesía no miramos hacia atrás, vamos siempre adelante, no importa cómo; sin embargo, en algún momento de esa estación llamada adultez, el organismo colapsa y anhelamos cambios, pero, no se dan porque nos faltó conciencia en actos simples como trabajar para realizar procesos de alimentación saludables.
Eliminar los mitos alrededor de cocinar para esperar mi vejez y acompañarme, debería ser una tarea a realizar. Se come bien, solo o con una grata compañía, porque esa obra de arte en principio la realicé pensando en mí; después, en los demás.
La soledad no puede verse como olvido; al contrario, ese estado debe acompañarse de buena comida con la mejor sonrisa, usted lo merece. Lleve a su mesa la mejor compañía y buen vino.



Estimada Luz Marina.
Buenos días.
Primero, un deleite leerte con tus primeras columnas, ahora, una sensaciones de sabores y combinaciones gastronómicas que pasan de los ojos a la boca.
Que agradable es saber que todavía existe ese amor a las pequeñas cosas (no tan pequeñas), porque no hay guerra ni paz que no se haya librado sin que el, o la guerrera, primero ensayara en la cocina con un buen plato, ideando una buena estrategia.
Muchas gracias por su buen texto.
Saludos.
Diego eFe
Amigo:
Aprecio mucho sus comentarios, máxime tratándose de una persona que aprecia el arte en toda su extensión ( incluyendo la gastronomía).
Bendiciones.