Muchos de los valores propuestos por el filósofo británico John Locke a finales del siglo XVII para la educación siguen, y seguirán teniendo validez. Entre sus afirmaciones tenemos que: “la mejor herencia es una excelente educación”. Otra frase: “Las más leves o efímeras impresiones en nuestra tierna infancia pueden tener consecuencias importantes y duraderas”. Esta idea es suscrita por la mayoría de los psicólogos y educadores de hoy. Esta cita que proviene de “Some Thoughts Concerning Education” (Algunas ideas acerca de la educación), es una obra escrita a finales del siglo XVII por John Locke. Un libro que responde a la pregunta que le hizo un amigo sobre cómo educar a sus hijos. Se convirtió en el manual de referencia para la formación de los menores. Es oportuno revisar los valores en la formación clásica como las humanidades, que muchos cuestionan y las tienen de “relleno”, su utilidad es fundamental para el desarrollo integral de los niños.
Muchos padres hacen “oídos sordos” en la atención de sus hijos, y dejan que los dispositivos tecnológicos, plataformas móviles y juegos digitales, por comodidad, por falta de tiempo, por tolerancia excesiva o falta de recursos a merced de los niños y adolescentes. La adicción que genera el uso incontrolado desde temprana edad, y hoy vemos el fenómeno del “brainrot”, (podredumbre cerebral); este da porque el cerebro cuando consume en exceso contenido de mala calidad, por pasar demasiado tiempo pegado a las redes sociales, su mente sufre las consecuencias, y las habilidades cognitivas se ven afectadas negativamente. Al pasar tanto tiempo en las redes consumiendo contenido basura, se ve afectada su capacidad para concentrarse, de prestar atención, de activar la memoria o incluso de sentirnos bien y satisfechos con nuestras vidas.
Hoy se piensa incluso en la utilidad que tendrían los robots específicamente diseñados para la atención de los hijos, en tiempos en los que ambos padres trabajan y que los buenos cuidadores son caros. Ya se concibe un mundo deshumanizado, en el que la inteligencia artificial podría suplir la labor de los padres, profesores o tutores. La tecnología proporciona un gran universo de recursos para personalizar y potenciar el aprendizaje, pero la utilidad de las humanidades es vital.
La educación de los hijos es solo competencia de los padres. Aunque por conveniencia y/o comodidad esta se pueda delegar parte en algunos familiares, sobre todo en los abuelos. Es relevante en nuestra época, cuando en la mayoría de los casos, hay oportunidad de planificar el crecimiento familiar y la decisión de tener hijos debe responder a una decisión consensuada. Dada la importancia en el moldeado de la personalidad de los niños, la fijación de los valores y el desarrollo de habilidades, el Estado debe invertir en su calidad y gratuidad. El aprendizaje de idiomas debe ser más asequible en edad temprana, como también en el desarrollo de la apreciación de las artes, la lectura, música, oratoria, las matemáticas, la educación física.
La educación es la mejor herencia que se debe dejar a los hijos. Está por encima de los bienes materiales que se puedan transferir, no hay que escatimar en buenos profesores en todo. La literatura, el cine y la vida nos proporcionan miles de ejemplos de cómo muchos padres se esfuerzan por crear emporios económicos para que sus hijos los hereden, pensando que esa es la mejor contribución para asegurarles el futuro. “La diferencia en los modales y capacidades de las personas se debe a la educación más que a ningún otro factor”, dice Locke. Somos lo que adquirimos con la educación. Rechaza que nuestra manera de ser y comportarnos sea algo innato o consecuencia exclusiva del entorno en el que se ha nacido o de los bienes recibidos. Cuando nacemos, somos cero kilómetros, donde todo lo que está por escribir esta por hacer.
Explica que la educación de los hijos no consiste simplemente en prestarles atención y tiempo. Critica duramente el exceso de mimos como origen de la malformación del carácter y la creación de personas consentidas y caprichosas. Los padres, por su parte, deben mantener el equilibrio entre el cariño y la disciplina. Explica que muchos padres cometen el error de intentar hacerse amigos de sus hijos en la infancia o en la juventud. Solo en la edad adulta, cuando existe raciocinio y se entiende el valor de la amistad, es cuando los padres pueden intentar en establecer una relación de amistad con sus hijos.
Llama la atención la condena que Locke da sobre el castigo físico como remedio para corregir las faltas de los chicos. Vivió en un contexto histórico en el que esta práctica era frecuente. En vez de emplear castigos y recompensas, explica, es preferible recurrir al elogio en público cuando se realiza una buena acción o muestran méritos. En la reprensión, a veces basta con una mirada en privado, cuando el niño ha actuado de manera incorrecta. Locke es pionero en muchos otros aspectos de la educación de niños y jóvenes. Los primeros capítulos del libro anticipan las teorías de bienestar actuales. Partiendo de la máxima de una mente sana en un cuerpo sano, formula la necesidad del deporte, de la actividad al aire libre y de una dieta equilibrada; propuso prácticas de resistencia física. Combinar ejercicio físico con desarrollo intelectual forma parte del ideario de casi todas las instituciones educativas.
Es interesante la defensa que Locke hace del aprendizaje de un oficio o profesión, compatible con el estudio de las humanidades y las artes liberales. Fue precursor del modelo de estudios adoptado en siglos posteriores por muchas universidades, que combina el estudio de disciplinas generales con la especialización destinada a la incorporación al mercado laboral tras la graduación. Locke sigue la tradición clásica que centraba la educación de los niños y de los jóvenes en el desarrollo de virtudes o hábitos. Las virtudes son adquiridas. Para el aprendizaje de las virtudes sugiere utilizar ejemplos: “Los niños actúan imitando a otros”, especialmente el ejemplo de los padres.
Hoy debemos estar más que nunca, “atentos” a una teoría muy aplicada en contra de la educación, que el filósofo austriaco alemán, Günter Anders, escribió en 1956 en su primer tomo, “Obsolescencia del hombre”, sobre la manipulación de las masas. Frases que han hecho historia y de aplicación en muchos gobiernos, en especial en nuestro tiempo. Hay que estar muy “pilas” para que no caigan nuestros hijos en esa masa amorfa que han creado, que no tienen pensamiento ni lectura crítica, que se dejen manipular por las redes sociales, y de los medios de comunicación para neutralizar su verdadera formación, de ahí la importancia en el estudio de la filosofía. Algunas de las ideas de Günter, se resumen así: para sofocar de antemano cualquier revuelta, no debe tomarse de manera violenta; basta con crear un acondicionamiento reduciendo significativamente el nivel y calidad de la educación. Un individuo sin educación tiene sólo un horizonte de pensamiento limitado y cuanto más su pensamiento está ligado a preocupaciones materiales y mediocres, menos puede rebelarse.
Hoy tenemos mucho mal relleno a través de las redes sociales y medios de comunicación, con programas eternos y repetitivos en temas que no generan ningún valor en la formación de los niños y enredan a los mayores con temas como los deportes masivos, artistas con poca formación, violencia extrema, realities y el imperio de la sexualidad. Son el resultado de empresas que solo buscan el lucro, no importa la calidad de quienes promueven. Muchos magnates tienen medios de comunicación no como un negocio que arroje números negros, eso no importa, lo que vale es someter, algún costo debe tener. Estas “inversiones” se recuperan en otros negocios.
Hay que hacer cada vez más difícil el acceso al conocimiento, es la consigna del poder. La información destinada al público en general debe ser la “anestesia”, es decir, transmitiendo masivamente en la televisión y la radio entretenimiento inocuo, repetir y repetir jugadas de deportes masivos, siempre aplanando lo emocional e instintivo, ocupando las mentes con lo que es inútil. Es bueno para los poderosos impulsar la “cháchara” y música inculta sin parar. Hay que perseguir y detener el espíritu de cuestionar y pensar. Pondremos la sexualidad a la vanguardia de los intereses humanos, como anestesia social. Nos aseguraremos de prohibir la seriedad de la existencia, para mantener una constante disculpa de ligereza; para que el consumo se convierta en el estándar de la felicidad humana.
Hoy vemos cómo los gobiernos dan muy poca atención a éstas ideas, lo importante para el desarrollo de una sociedad es la “educación”. Los valores están “out”, nada de Confucio, ni de Lao Tsé, Platón, Aristóteles, no es parte del negocio, pues educar con responsabilidad genera que los poderosos tiemblen. A nivel de Pereira, es mejor hacer fiestas, gastar en cosmética inocua. No hay dinero para mejorar el sistema educativo; estamos mal en matemáticas, lectura crítica, inglés, ciencias. Lo peor, no se ejecutaron recursos del nivel central por más de $270.000 millones en 2024. La inversión en educación primaria y secundaria está deuda.


