jueves, febrero 5, 2026

¿Y SI ELLA ES LA QUE TE PEGA?

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¿Qué pasa cuando es ella la que le pega a usted? Me inquiría mi amigo y yo lo miraba un poco confundido y entre medio sonriente y estúpido, porque parecía un chiste. Sin embargo, advertí que era una reflexión válida.

Y me la repite ¿Qué pasa cuando es ella la que le pega a usted? A este punto, y viendo la cara muy seria de mi amigo, me obligué a ponerme trascendental y solo atiné a decir, siempre pensando en defenderlas a ellas, » pues, hay que ver los antecedentes».

Siempre he querido ser muy juicioso a la hora de hablar de ellas o cuidando no referirme a ellas con palabras groseras o expresiones desmedidas de irrespeto; porque somos seres humanos, nos equivocamos y no es justo hablar de ellas por hablar. Y peor hoy día que pululan las feministas per se.

«Abordemos el tema desde los antecedentes» le dije a mi amigo y agregué: “A uno que fue levantado dentro del machismo le queda difícil entender que somos iguales en condiciones y oportunidades, especialmente, las oportunidades de decisión, porque casi siempre se hace es lo que él hombre decida y ya. Y algunas de ellas ya no son tan sumisas, reclaman de frente, ya no obedecen sin reflexionar y reclaman con justicia su sacrificio en el sostenimiento del hogar; cuando eso no se veía hace 40 o 50 años”.

Algo así le resumí, a mi amigo; pero, faltaba más.  Porque hurgar en el embeleco de una relación ajena es muy delicado. Se corre el riesgo de ser ofensivo con alguno de los dos. Qué va a saber uno si el amigo es honesto al responder o al no reconocer una falla en la relación con su pareja. Son muchos los interrogantes, las aristas y hasta los detalles íntimos en los que uno no se quiere meter y si se mete cómo hace para ser «franco, categórico y cortante» como decía un humorista.

Y aquí hay que ser franco, para desnudar verdades en el comportamiento del hombre hacia la mujer cuando la tiene solo de objeto gastronómico. Esto sí que duele entre la camada machista, que solo buscan que ellas los atiendan en la cama y en la cocina. Me ahorro comentarios que he escuchado.

Hay que ser categórico para ponerse de lado de la mujer si ella, honestamente, ha respondido a las obligaciones maritales aunque sepa de los desórdenes de su esposo en otros escenarios sociales y en la misma casa.

Y hay que ser cortante con uno mismo, conmigo, como hombre que le he negado a ella la posibilidad de sentirse igual a mí y de ejercer su posición con autoridad y decisión.

Ante este panorama, se advierte en mi un ser tan justo que hasta aplausos y vítores recibo y escucho. Pero, no hay tal ambiente tan paradisíaco, mis estimadas damiselas.

Ustedes cobran, reclaman y asumen sus derechos de igualdad y hasta de superioridad si llevan el sostenimiento económico de su hogar o si no está el esposo, el sostenimiento, bienestar y cuidados de sus hijos. Eso está bien, muy bien. Van para ustedes mis aplausos y vítores. Pero…

Y aquí llegó el matracazo de mi amigo cuando dice:

Qué pasa cuando uno como esposo ha aceptado que se ha comportado extremadamente machista, reconoce  que no les ha brindado atenciones especiales y hasta acepta que las ha tratado solo como la empleada de la casa y aunque exista el compromiso del cambio se intenta cambiar, se demuestra la corrección de esas conductas y se quiere poner al día con detalles de cortesía, humildad y valoración; y, son ellas, las que en esos momentos ya se sienten tan empoderadas que “cobran” en exceso y gritan, ordenan, golpean; golpean sí y se tornan violentas. Y no se les puede tocar. ¿No le pegue, pero si ella le pega?. Y es cuando reviven lo que se creía olvidado y ahora que uno se dispone a estar unido para mejorar la relación son ellas las que llevaron la relación al otro extremo, 180 grados. Y ahí se «vinagra» de nuevo la relación, cuando se necesita es ejercer el punto medio, en que los dos, armónicamente, nos reconozcamos como iguales, sin ofenderse más y sin discriminarse más.

Sinceramente, volví a quedar balbuceante, me sentí tímido y mostré de nuevo la sonrisa estúpida. Sucedió tan rápido y fue tan elocuente que no quise olvidar esa franca y doliente lumbrera de explicaciones. Le cedí la razón, nos despedimos de afán con cualquier justificación y me fui a escribir, así fresquito para que no se me olvidara; sobre todo lo que él me acababa de decir y aquí lo plasmé.

Para finalizar, expongo dos situaciones que nos dejan igual la calificación a los dos géneros humanos.

  1. Ellas no son perfectas, como, obviamente, nosotros no lo somos. Y si en la calle tratamos bien a un desconocido o a una desconocida, ¿Qué me impide dar el mismo respeto y cariño con quién está más cercano o cercana y es un apoyo para mí?
  2. Y como la vida es eterna y continuada, porque no hemos vivido únicamente esta “existencia” sino que esta es la número 40 mil o 50 mil, debo también deducir que al encarnar o reencarnar continuamente he alternado mi género masculino con el género femenino miles de veces; lo que significa que he sido mujer y, seguramente, he sido madre y volveré a ser mujer en mis futuras reencarnaciones y, seguramente, volveré a ser madre. Y si he sido mujer y volveré a hacerlo ¿a quién acuso hoy? ¿a quién critico ahora?

Esto que acabo de decir, en el punto 2, sí que es trascendental para muchos. Hay quienes conocen del Espiritismo Luz y Verdad y saben de qué les hablo; hay quienes han estudiado en la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal y también saben de qué les hablo. Otros leen una obra del español Joaquín Trincado Mateo y navegan en otro nivel de conocimiento más amplio con respecto a la acción de su alma y de su espíritu. A otros les ha llegado información de seres humanos que dicen haber regresado de la muerte o del más allá, demostrando la trascendencia de la vida y que no es solo un ratito aquí. Otros han estudiado en doctrinas orientales donde encarnar y desencarnar es la común línea objetiva de la vida, y, en fin, hay formas de validarlo.

Este análisis y sus respectivas conclusiones decidí escribirlas para que nos veamos, hombres y mujeres de hoy, con el compromiso de mejorar mucho más nuestro mundo de relaciones, empezando desde la casa. Y si no es una relación de «asiento o permanente» de todos modos, valorar a quien nos sirve y a quien nos valora realmente y no lo hemos entendido.

2 COMENTARIOS

  1. La columna es muy oportuna, lo que ocurre es que son más las mujeres agredidas que los hombres y eso lo señala las estadísticas. Es una realidad que las hay agresivas y que le pegan a los hombres y los maltratan de muchas maneras. Hay un nuevo término que apenas lo estoy estudiando, es: «el abuso reactivo». Si la pareja llegó a este punto, el primer paso debe ser la terapia. El segundo viviendas separadas y el tercero, ponerle fin a la relación. Es lo más sano. Gracias Don Gerardo.

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