La muerte del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay no solo enluta a su familia y a sus seguidores. Es un golpe al corazón de la democracia colombiana. Un recordatorio doloroso de que la violencia sigue siendo parte del paisaje político y social del país. Pero también es una oportunidad —si la sabemos aprovechar— para reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal y cómo podemos cambiar el rumbo.
En las calles, en los medios, en las redes sociales, en los debates políticos… hay una tensión que se siente. No es solo que pensemos diferente. Es que hemos dejado de escucharnos. Hemos convertido las diferencias en trincheras. Y eso tiene un nombre: polarización.
La polarización es cuando las ideas se vuelven armas. Cuando el que piensa distinto ya no es un ciudadano, sino un enemigo. Cuando el diálogo se reemplaza por el insulto, y la crítica por la calumnia. Como decía el filósofo alemán Jürgen Habermas, “la racionalidad comunicativa se pierde cuando el otro deja de ser interlocutor y se convierte en amenaza”.
La Constitución Política de Colombia, en su artículo 11, establece que “el derecho a la vida es inviolable”. Pero la vida no solo se atenta con balas. También se hiere con palabras, con exclusión, con indiferencia.
La Ley 1257 de 2008 reconoce múltiples formas de violencia: psicológica, económica, simbólica. Y todas ellas están presentes en el clima de polarización que vivimos.
Cuando un líder político es asesinado, cuando un periodista es amenazado, cuando un ciudadano es estigmatizado por sus ideas, estamos fallando como sociedad. Como escribió Hannah Arendt, “el poder surge cuando las personas actúan juntas, pero se destruye cuando se impone por la violencia”.
No se trata de buscar culpables individuales, sino de entender que muchos actores han contribuido:
– Políticos que prefieren el ataque al argumento.
– Medios que amplifican el conflicto sin responsabilidad ética.
– Ciudadanos que replican discursos de odio sin verificar.
– Redes sociales que premian la indignación y castigan la reflexión.
El artículo 95 de la Constitución nos recuerda que “son deberes de la persona y del ciudadano respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios”. ¿Estamos cumpliendo ese deber?
La paz no es solo un acuerdo entre grupos armados. Es una forma de vivir. Es construir una sociedad donde el respeto, la justicia y el diálogo sean la norma. Para lograrlo, necesitamos:
– Educación ciudadana: que enseñe a pensar, a dialogar, a convivir.
– Medios responsables: que informen con rigor y promuevan el pluralismo.
– Liderazgos éticos: que construyan desde la diferencia, no desde el odio.
– Justicia social: que garantice derechos, reduzca desigualdades y dignifique la vida.
Como decía el pensador colombiano Estanislao Zuleta, “la democracia no es el consenso, sino el respeto por el disenso”. Y ese respeto es la base de la paz.
La muerte de Miguel Uribe Turbay no puede ser solo una noticia más. Debe ser un punto de inflexión. Colombia necesita sanar. Necesita reencontrarse. Necesita dejar atrás la polarización y construir un país donde pensar distinto no sea peligroso, sino necesario.
Porque la paz no se impone. Se cultiva. Y todos somos responsables de sembrarla.



Positiva reflexión, en ese sentido debemos caminar y pensar
Que buen articulo Javier , gracias por recordarnos y por esta propuesta !
Nos falta es amor.
Que reflexión tan acertada para estos momentos tan críticos que vivimos como sociedad colombiana. Ciertamente el cambio hacia la paz empieza por cambiar nuestra perspectiva, por aceptar las diferencias y ser tolerantes. Profesor Javier lo recuerdo con mucho cariño, y sobre todo porque además de aprender de economía y finanzas, recuerdo sus reflexiones en clase. Justo estaba buscando articulos de opinión y me aparece el suyo ¡Que grato! Un saludo
Así es Javier… así debió ser y así debería ser… espere tantico que termine este funeral y veremos la utilización de esta “gran oportunidad” para seguir amenazando, manipulando y maquinando por un nuevo régimen de “terror” (con caras de borrego)… este país lleva muchísimos años entregado al matoneo impuesto por el narcoterrorismo y eso no va a parar… los traquetos no tienen ética ni moral y la gente ignorante en su mayoría, los sigue
Excelente reflexión, estamos viviendo un momento político muy complicado.