Hay objetos que no envejecen, aunque el óxido y la obsolescencia los visite.
La bicicleta de turismo, a la que llamábamos “la burra”, con barra horizontal, no fue solo un medio de transporte, fue una escuela de vida, una extensión del cuerpo, un símbolo de estatus en los pueblos donde el pavimento era lujo y la tierra, compañera.
No tenía frenos especiales, amortiguadores ni cambios para las velocidades, pero si corneta como pito y luz movida por un dinamo. Con ella aprendimos a caer sin drama y a levantarnos sin quejas. La cicla nos enseñó que el equilibrio no se encuentra en los manuales, sino en el atrevimiento.
Fue la cicla la que nos llevó al paseo de río, al colegio, al mandado, al primer trabajo y también a la novia.
Hubo un tiempo en que cargar a la muchacha en la parrilla trasera era más que un gesto romántico, era una declaración pública. Uno pedaleaba erguido, con el pecho inflado, como si el mundo supiera que ese amor tenía ruedas.
Ella se agarraba fuerte de la cintura del conductor, no por miedo a caer, sino por la certeza de estar en buenas manos. Y el pueblo miraba, cómplice, mientras la cicla crujía con dignidad.
Hoy, cuando las bicicletas parecen salidas de laboratorios aeroespaciales, uno recuerda con ternura esa vieja amiga de hierro. No tenía bluetooth ni frenos hidráulicos, pero sí tenía alma.
La cicla de turismo no fue moda, fue rito. Y aunque muchos la hayan guardado en un rincón de la casa, ella sigue pedaleando en la memoria de todos.
Porque hay cosas que no se olvidan. Y la burra que nos enseñó a amar, a resistir y a llegar, aunque fuera tarde, merece más que nostalgia, el recuerdo como homenaje.



Buenas historias…..
Un bello texto, me evoco la burra Philips de mi padre. En mi casa existía pico y placa, se peleaba por ella. Era un lujo llegar en bici donde la novia, uno exhibía lo que el padre cuidada.
El texto me trajo recuerdos de la bicicleta que tenía mi padre (QEPD) a mediados de los 60’s y era tal como la describes: con una farolita que funcionaba con un dinamo pegado a la rueda, tenía parrilla y barra y timbre.
Don Javier: ciertamente (como diria Gaviria), esa bicicleta turismera fue parte de nuestra niñez y adolescencia, nunca lleve en ella a una nivia, pero si hicimos nuestros primeros pinitos de ciclismo, que nunca pasaron de der una fiebre, pero en la epoca del tigrillo Ruben Dario, Halaixt Buitrago, pablo Hernandez, el ñato Sanchez y cochise ¿Como no contagiarse y querer emular sus hazañas ?.Mi Phillips doble barra inglesa, que mi papá me dio a cambio de la Monark que ganamos en un sorteo, fui mi orgullo y la maquina para apostar con hermanos y amigos a quien hacia menos tiempo en el recorrido barrio Boston- aeropuerto y viceversa, tiempos de vigor e ingenuidad.M8l saludos y bendiciones..