miércoles, febrero 4, 2026

EL TESORO OCULTO DETRÁS DE LAS COLUMNAS

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En medio de mi apasionante trabajo de editor, donde tengo el honor y el placer de revisar previamente cada artículo para que cuando lleguen a manos del lector hayan pasado un filtro positivo, que evalúe su importancia y pertinencia, me encontré con un tesoro.

 

Hay un columnista oculto en cada uno de nuestros lectores.  Uno que no se limita a transformar símbolos en palabras y oraciones, sino que las mastica, las digiere y las transforma en su alimento espiritual.

 

Ese escritor anónimo es cada uno de los miles de personas que diariamente reciben la edición matinal de El Opinadero, bien sea por medio de una suscripción o porque se atreven a explorar en el portal web digitando las tres w y luego el nombre del medio con sus dos sufijos:   www.elopinadero.com.co

 

Así, este ejercicio que nos enaltece y le da sentido a nuestra misión, no termina en la lectura de los, por cierto,  bien estructurados y multitemáticos artículos que surgen de la mente creativa de nuestros colaboradores.

 

Al pie de cada columna de El Opinadero va sucediendo la magia.

 

 “Mi Phillips doble barra inglesa, que mi papá me dio a cambio de la Monark que ganamos en un sorteo, fue mi orgullo.” — Don Javier
“Era un lujo llegar en bici donde la novia, uno exhibía lo que el padre cuidaba.” — James Llanos
“La ciudad enmarañada… lo visible son los cables. El resto de la maraña bien camuflada en el silencio de los responsables.” — Ferley Henao
“Ah… a veces los personajes de fantasía tienen más consistencia que los considerados históricos.” — Gustavo Colorado
“Quien lo hace, lo hace tal vez porque le nace.” — Julio C.
“El humor fino da cuenta de mentes brillantes.” — Martha Cecilia Meza
“Y pensar que ahora se sustituye semejante poder por las máquinas y la IA…” — Adriana

 Desde el 9 de febrero de 2020 hasta la fecha, hemos publicado 12.563 notas al pie de las columnas, que constituyen un potosí, in imaginado, para nutrir los cerebros y los espíritus de cientos de lectores, pues las columnas no terminan en el punto final: los comentarios las continúan, las contradicen, las enriquecen.

        “La cicla de turismo, hierro y memoria”: Aquí los lectores activan la memoria afectiva. Las bicicletas se convierten en símbolos de infancia, deseo, competencia fraterna y orgullo familiar. La evocación de marcas como Phillips o Monark no es técnica, sino emocional. El comentario de Don Javier es casi una columna paralela: tiene ritmo, personajes, contexto histórico y una voz entrañable.

A guisa de ejemplo, estas reseñas tomadas al azar:

 James Llanos y Manuel Pérez refuerzan el tono nostálgico, aportando detalles técnicos que se vuelven poéticos (farolita, dinamo, parrilla). La bicicleta es patrimonio emocional.

  • Martha Cecilia Meza en “Mis vicisitudes” celebra el humor fino como signo de inteligencia. No solo agradece, sino que interpreta.
  • Adriana, en “Cada forma es apenas un estado transitorio”, conecta el texto con una reflexión sobre el cuerpo y la IA. El comentario no responde, sino que expande.
  •   Gustavo Colorado, en “Letra Prima”, introduce una reflexión sobre los personajes de fantasía como más reales que los históricos. Es una idea potente, que podría inspirar una columna futura.
  • Julio C., en “No confunda el servicio generoso…”, ofrece una ética del gesto: “quien lo hace, lo hace porque le nace”. Es filosofía popular, con tono de refrán.

Lo anterior nos lleva a invitar a nuestros columnistas a responder oportunamente los comentarios de los lectores y por qué no, tomarlos como tema de sucesivos artículos, dándoles así una continuidad narrativa.  

 Y a nuestros lectores a que además de disfrutar la lectura de los artículos hagan uso de este derecho que les confiere nuestro medio de hacer del periodismo de opinión una forma de interacción con el autor, algo que cuando el periodismo era impreso resultaba a todas luces imposible.

PD. Sobra decir que debería ser un deber para quien escribe en El Opinadero leer los escritos de sus colegas y, por supuesto, aportar su crítica.  La mejor forma de aportar a la conversación.

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