En la pasada columna abordé el tema de la interacción de los seres humanos en torno al amor como preludio al análisis del enorme cambio que la sociedad ha tenido en este aspecto en los últimos años. Pretendo ahora resaltar todas las afectaciones y variaciones que han sufrido las relaciones amorosas en las tres últimas generaciones, al menos en el mundo occidental.
Empecemos con la orientación sexual. Hasta hace poco ser gay, homosexual, trans, bisexual o cualquiera de las variantes denominadas LGTBI+ podría llevarte al escarnio público, a un «tratamiento» en centros de rehabilitación social (?) e incluso en algunos países a la misma muerte. La sociedad moderna ha ganado respeto por todas esos comportamientos y cada día crece su normalización y en términos generales, el fin de la homofobia. Pero la revolución ha ido más allá. El amor entre hombres y entre mujeres —que ha existido por siempre— tiene ahora la posibilidad de obtener status legal con el matrimonio igualitario.
Por supuesto que aún existe la fobia LGTBI+ y que queda mucho camino por recorrer, pero se advierte una rápida desmitificación de temas álgidos como el aborto en circunstancias peligrosas para la madre o en casos de violación, la adopción por cuenta de un solo individuo o por parejas gay.
Definitivamente el amor ha cambiado radicalmente. Hasta hace muy pocos años nuestra hipócrita y monógama sociedad aceptaba veladamente la infidelidad masculina y castigaba terriblemente la femenina. Ahora se admiten relaciones más libres y menos constreñidas y son comunes también las relaciones multirraciales y multiculturales.
Otra impactante novedad en la modernidad es el «poliamor», que supone mantener relaciones con dos o más personas consensuadas desde el punto de vista sexual, ético y emocional. El término —acuñado en los 90— supone que todos los implicados se conozcan y mantengan cierta lealtad, sabiendo que si amas a una persona, quieres lo mejor para ella y puede ser, entonces, que mantenga otras relaciones.
También cambiaron las formas de relacionarnos. Antes la comunicación desde la distancia era epistolar; nos escribíamos cartas con el ser amado, las cuales contenían un profundo halo de poesía. Famosas son las cartas entre Napoleón y Josefina, entre Bolívar y Manuelita, Frida Kahlo y Diego Rivera, Pablo Neruda y Albertina Rojas y Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, entre muchas. Verdaderas creaciones literarias, obras de arte que inmortalizaron a sus autores. En los tiempos actuales para el amor ya no hay distancias. Caímos en el facilismo del Facetime, el Whatsapp, los correos electrónicos y todas las comodidades que ofrecen los teléfonos celulares. Desde el polo norte o el desierto del Sahara, desde Australia o Siberia, la comunicación es instantánea. Viaja sin sellos postales, sin barcos, ni aviones. Imaginen ustedes entonces cómo sería la espera de Penélope a Ulises en esta época moderna. Homero se habría quedado sin inspiración para la Ilíada y la Odisea. Los seres humanos nos «aperezamos» y nos dejamos atrapar por la mediocridad, cambiamos el romanticismo por el pragmatismo, la inspiración por los «emojis» e incluso atentamos contra el idioma cuando nos comunicamos, o mejor cuando «whatsappeamos».
Otra revolución en el amor es el de las parejas «living apart together» (viviendo separados pero juntos) o en español «relación toalla» (tú allá y yo aquí); parejas que no comparten la vivienda quizás porque estuvieron casados antes y no quieren repasar las tensiones que ello supone. Acuerdan verse dos o tres veces por semana, viajar juntos, compartir los fines de semana… Son personas que quieren mantener su independencia a pesar del compromiso emocional, teniendo siempre espacios físicos o psíquicos dónde moverse con libertad.
Continuará …



Gracias Ernesto. Estos temas son muy álgidos. El recorrido que haces me llevó a recrear que el amor humano es transaccional. Y en ese sentido evoluciona como ha evolucionado la humanidad en su dimensión comercial, material. Entonces lleva una carrera vertiginosa hacia nuevas formas de experimentarse. El amor puro es otro estadio del ser que está, existe, es inmutable. Es el origen y es el fin. Allí noto una búsqueda que atraviesa todas las épocas.