miércoles, febrero 4, 2026

SON DATOS Y HAY QUE DARLOS, LAS MUJERES TRABAJAN MÁS QUE LOS HOMBRES! 

OpiniónActualidadSON DATOS Y HAY QUE DARLOS, LAS MUJERES TRABAJAN MÁS QUE LOS HOMBRES! 

 

Por Jorge Cardona  

 

Hay un término bastante desconocido en el promedio de la sociedad, denominado economía del cuidado, atribuido a todas aquellas labores relacionadas con el cuidado de adultos, niños, abuelos, y discapacitados, que muchas personas hacen diariamente en extensas jornadas de trabajo, pero que ni la familia ni la sociedad las remunera monetariamente. 

 

Para explicar comparativamente el término de economía del cuidado, recurrimos al análisis de las áreas que más impacto tienen en el producto interno bruto del país; en el primer renglón, está el comercio de bienes y servicios con un 18% del PIB (producto interno bruto), seguido de la administración pública con todo el sistema de salud y educación que aportan un 17%, descendiendo a otras actividades como la manufacturera que aporta el 12% y así se va segregando la cuota, entre diversas actividades técnicas, profesionales, agrícolas, mineras, entre otras que se ejercen el Colombia. 

 

Pero esta comparación numérica no tiene otro propósito diferente que llamar la atención del impacto que tiene en la economía, el trabajo no remunerado e invisible que además damos por hecho que alguien lo tiene que hacer, son labores que representarían casi el 20% del PIB del país, calculado mediante el cómputo de las horas que invierte un cuidador al servicio de otras personas vulnerables o no, como si se tratara de un trabajo, pues implica una inversión de tiempo y energía. 

 

La sociedad ha impuesto una carga predominante a las madres y abuelas para cuidar niños, esposos, preparar alimentos, arreglar la casa, cuidar ancianos y un sinfín de tareas agotadoras que nadie paga, nadie calcula y nadie reconoce, pero que corresponden a un trabajo que si se remunerara correspondería a la quinta parte (1/5) de la economía del país. 

 

Para ser gráfico, una madre se levanta a las 5:00 a.m. para alistar y despachar a sus hijos para el colegio, después de invertir cerca de dos horas en estas labores, entre preparar uniformes, alimentos y arreglar la casa, se traslada a su trabajo para laborar una primera jornada de 4 o 5 horas, las cuales interrumpe para salir al supermercado a comprar algunos pendientes, preparar el almuerzo y lavar nuevamente la cocina; en la tarde regresa después de otra jornada de 4 o 5 horas para preparar los alimentos de la noche, ayudar a hacer tareas, llevar medicinas a sus padres, sin contar con las citas médicas y los cuidados de la tía enferma. 

 

Al final del día fueron 9 horas invertidas en el trabajo remunerado, sumado a 6 horas dedicadas a labores no remuneradas entre alistamiento, alimentos, transporte y cuidado de familiares cercanos.  

 

Desde luego que esta reflexión no incorpora a las familias que tienen empleada doméstica, que corresponde aproximadamente al 4% del total de las más de 18 millones de familias colombianas, lo que significa que tener una cuidadora remunerada es un verdadero lujo que sólo se puede dar una minoría de la población; el restante 96% está sujeto a que diversos cuidadores sin pago, hagan la labor no remunerada, a veces ni siquiera mediante remuneración emocional. 

 

Por estos hechos la ley 1410 de 2010 estableció la obligatoriedad a cargo del DANE de incluir la economía del cuidado en el sistema nacional de cuentas nacionales, como una política para reconocer y medir el trabajo no remunerado en Colombia; posteriormente y con la finalidad de que la ley no se quedara en simples mediciones románticas, el congreso de la república promulgó la ley 2281 de 2023 que creó el Ministerio de la Igualdad, instituyendo un sistema nacional del cuidado que tenía como propósito reconocer, reducir, redistribuir y recompensar el trabajo no remunerado, a través de un modelo entre el Estado, la sociedad civil, comunidades, mujeres y hombres para compartir equitativamente las labores en los hogares. 

 

Por desgracia para los trabajadores invisibles no remunerados, la declaratoria de inexequibilidad proferida por la Corte Constitucional eliminó la posibilidad de visibilizar y resignificar esa labor que generalmente es realizada por mujeres, toda vez que cuatro de cada cinco personas que se dedican al cuidado no remunerado pertenecen al género femenino. 

 

Nótese como en las canchas de futbol están predominantemente los hombres, mientras que las mujeres están cuidando el hogar, por su parte los billares y otros sitios de entretenimiento están ocupados por hombres mientras sus esposas, madres, hermanas y abuelas asisten a quienes de una y otra manera requieren de atención, evidenciando el machismo y discriminación negativa que asignan automáticamente las tareas del hogar y el cuidado a las mujeres. 

 

El propósito de esta reflexión es poner sobre la mesa una notoria desigualdad que intentó visibilizar el legislador, pero que en última instancia es la conciencia generalizada de los hombres la que permitirá redistribuir las labores; lavar la cocina, arreglar la casa, cuidar niños y ancianos, no nos hace menos machos, por el contrario nos humaniza y nos permite reconocer que si algún día fuimos exitosos fue porque una madre, abuela o hermana estuvo sembrando las semillas del éxito y que nos permite constatar la máxima que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. 

 

 

 

Jorge Cardona  

 

 

 

 

 

1 COMENTARIO

  1. Es cierto Jorge, muchas mujeres que se vincularon al mercado laboral han tenido que asumir una doble jornada, ya que las labores en la casa siguieron a cargo de ellas. La sociedad tiene que replantear estas funciones y no se trata de ponerle sueldo a las mujeres para que hagan las labores doméstica incluida la de cuidadores, sino que el Estado debe asumir estas funciones tal como lo hacen en países más desarrollados. Adicionalmente los hombres deben replantearse su papel en el hogar y compartir responsabilidades con la mujer, así como ellas comparten obligaciones económicas con ellos.

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