En septiembre de 2009, la Alcaldía de Pereira inauguró con entusiasmo la llamada Sala de la Ciudadanía, ubicada en el primer piso del edificio Torre Central.
El espacio, concebido como un salón de encuentro ciudadano, prometía acceso gratuito a internet, una sala de lectura, conferencias y un telecentro apoyado por el Ministerio de Comunicaciones.
La inversión inicial, cercana a los 50 millones de pesos, buscaba abrir una ventana de participación y modernidad para la comunidad.
Sin embargo, el paso del tiempo y la indiferencia administrativa convirtieron aquel proyecto en un recuerdo.
Hoy, lo que alguna vez fue símbolo de inclusión tecnológica y ciudadana, se encuentra en estado de abandono, sin luminarias, sin internet, sin aseo y sin responsables. Un espacio lúgubre que perdió su vocación original.
Bajo la coordinación del curador de arte, dibujante, escritor y crítico de cine, Germán Ossa, un colectivo de dibujantes, pintores, escultores y talladores se apropiaron de la pared trasera del centro comercial Victoria, justo en el paso de acceso entre este y la Torre Central. Allí, colgando sus obras, los artistas buscan no solo visibilizar su talento, sino también llevar sustento a sus familias.

Poco a poco, lo que antes fue la Sala de la Ciudadanía comenzó a ser reconocido por la comunidad artística y cultural como el “Pasaje del Arte”.
A falta de un lugar para los artistas Pereiranos, este lugar también se ha convertido en lugar de encuentro y reunión espontáneo de poetas, escritores, teatreros, músicos, coleccionistas e intelectuales, todos ellos unidos por la vocación de mantener viva la memoria cultural de la ciudad.
El Pasaje del Arte no es solo un espacio físico, es la expresión de una ciudad que se resiste a olvidar su alma creativa. Allí, entre paredes húmedas y luces apagadas, late la cultura popular de Pereira, pero, la precariedad del lugar exige un compromiso real de las autoridades administrativas de la ciudad.

La administración municipal tiene la oportunidad de transformar este pasaje en un referente cultural digno para el sector artístico y cultural, dotándolo de iluminación, aseo, internet gratuito y programación artística periódica con la coordinación de las secretarías de cultura local y departamental, este se constituiría en un acto de justicia y reconocimiento hacia quienes, con esfuerzo y pasión, sostienen la vida artística de la ciudad.
Reivindicar este espacio como el Pasaje del Arte, es reconocer que la cultura también es ciudadanía y que los artistas, académicos e intelectuales que allí se reúnen merecen un espacio digno, no solo para exponer sus obras, sino para dialogar con la comunidad y fortalecer la identidad colectiva de Pereira.
Lo que nació como un proyecto tecnológico y terminó en abandono, hoy debería renacer como un epicentro cultural gracias a la resistencia de sus creadores.
La pregunta que queda en el aire es si la ciudad sabrá responder a este llamado y convertir el Pasaje del Arte en un verdadero patrimonio vivo.


