miércoles, febrero 4, 2026

COLOMBIA ENREDADA

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Por estos días, basta mirar hacia arriba en cualquier calle de Colombia para encontrar una imagen que resume el estado de la nación, un poste saturado de cables, enredados, cruzados, sin orden ni destino aparente.

No es solo infraestructura urbana; es metáfora viva del país. Cada hilo representa una promesa rota, una política sin rumbo, una voz que se pierde en el ruido.

Las candidaturas presidenciales que hoy se disputan el protagonismo no parecen interesadas en desenredar ese caos.

En lugar de presentar planes, programas o proyectos que respondan a las necesidades urgentes de los colombianos, en sus campañas se dedican a la crítica fácil, al ataque directo, al espectáculo de la descalificación.

El debate político se ha convertido en una guerra de egos, donde el adversario no es el problema a resolver, sino el enemigo a destruir.

Pero el problema va más allá de los candidatos.

Los gremios, que alguna vez fueron referentes técnicos y articuladores de intereses sociales, han cedido su lugar a la politiquería. Muchos de sus líderes han optado por convertirse en actores partidistas, perdiendo su capacidad de incidir desde el conocimiento y la estrategia.

La academia, por su parte, permanece en silencio o atrapada en debates internos que poco dialogan con la realidad nacional.

El resultado es una profunda orfandad de liderazgo.

No hay voces que convoquen, que inspiren, que propongan rutas claras. Lo que reina es la incertidumbre, la inseguridad, el desconcierto.

Colombia parece avanzar sin brújula, sin mapa, sin horizonte.

Desenredar este país exige mucho más que discursos.

Se necesita voluntad política, pero también visión colectiva.

El Estado, los gremios, la academia y la ciudadanía deben asumir su responsabilidad histórica, para construir juntos un proyecto de nación que supere la fragmentación y el cortoplacismo.

No se trata de uniformidad, sino de propósito común.

Porque solos no podemos. Y enredados, menos.

La única salida es la unión, no como consigna vacía, sino como estrategia real.

Colombia merece líderes que piensen más allá de la coyuntura, que reconozcan el valor de la diferencia y que trabajen por el bienestar colectivo.

Mientras tanto, el poste sigue ahí, testigo mudo de un país que necesita urgentemente desenredarse.

3 COMENTARIOS

  1. Buen día Don Javier. Gran escrito.

    La falta de enfoque y la cultura del miedo para expresarse es una realidad que superó el debate crítico. Ojalá cambie esta situación para el bien de la gran mayoría.

    Feliz día

  2. RESPETADO COLUMNISTA:
    Excelente imagen: descripción de la realidad en la que desde hace más de CINCO DECADAS,el país conducido por los partidos tradicionales, quienes repartieron el territorio, las entidades de control, las empresas , las notarias, por parte de sus líderes como un patriarca que reparte sus bienes entre sus herederos., así han gobernado sin que se les incomodara.
    Sale una propuesta progresista: intentando abrir caminos de igualdad, de recuperación delos derechos sociales, de las tierras usurpadas a campesinos, indígenas, de territorios para cumplir con los acuerdos de paz, de acercar y mejorar el nivel de vida del pueblo trabajador.
    Gran sorpresa encontrar u manejo de Estado atravesado en todas sus instituciones por la corrupción, por más de cinco décadas..
    La política tradicional rancia,: » Le levantaron la enjalma y se vieron las heridas.»
    Complejo panorama en dónde los Argumentos del Progresismo avanzan sobre el discurso de violencia, de odio, por parte de los precandidatos de la clase política tradicional.

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