Un análisis sobre la deuda histórica con los jubilados en Colombia
El eterno “déjà vu” de diciembre.
Cada fin de año, mientras el país debate el incremento del salario mínimo, los pensionados reviven la misma frustración: sus mesadas se ajustan únicamente con el Índice de Precios al Consumidor (IPC), un cálculo que refleja la inflación promedio, pero no la realidad de quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a salud, medicamentos, servicios públicos y alimentación.
El resultado es un deterioro progresivo del poder adquisitivo. Solo las pensiones mínimas se incrementan en el mismo porcentaje que el salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV), mientras el resto recibe un “ajuste monetario” que apenas compensa la inflación, sin constituir un aumento real.
La pérdida acumulada del poder adquisitivo
Desde 1995, la diferencia entre el incremento del salario mínimo y el reajuste por IPC ha generado una brecha superior al 47%. Esto significa que, en tres décadas, los pensionados han visto cómo su ingreso se reduce en términos reales, mientras los costos de vida aumentan.
La carta enviada a la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales para el año 2026 insiste en que esta situación vulnera principios constitucionales:
– Mínimo vital y vida digna: La Corte Constitucional ha reiterado que el Estado debe preservar el poder adquisitivo real de las pensiones (Sentencias C-862 de 2006, C-258 de 2013, T-360 de 2018).
– Protección especial a la tercera edad: La Constitución ordena garantizar ingresos suficientes para la subsistencia digna.
– Progresividad y no regresividad: Ajustar las pensiones al mismo ritmo del salario mínimo sería un avance en la protección de derechos.
El costo social de la inequidad
El reajuste por IPC no refleja la inflación real que enfrentan los adultos mayores. La “canasta básica” de los pensionados es más costosa que la del promedio nacional:
– Gastan más en salud, medicamentos y cuidados personales.
– Requieren transporte especial y alimentación diferenciada.
– Sus gastos básicos crecen por encima del IPC, lo que compromete su derecho a una vida digna.
La consecuencia es doble:
- Mayor desigualdad económica en la población mayor.
- Presión creciente sobre el sistema de salud y asistencia social.
Propuestas para una reforma justa
El debate no puede seguir repitiéndose como un ritual anual. Se requieren soluciones estructurales:
– Reajuste dual: Que las pensiones se incrementen con el mayor valor entre IPC y salario mínimo, garantizando justicia distributiva.
– Reducción de aportes en salud: Pasar del 12–14% actual a un 4%, como se ha planteado en múltiples proyectos de ley.
– Recuperación de la mesada catorce: Extenderla a todos los pensionados, no solo a sectores específicos como fuerza pública o docentes.
– Defensoría parlamentaria: Crear una bancada o figura institucional que represente los intereses de los pensionados en el Congreso.
– Revisión periódica de la canasta pensional: Ajustar los cálculos de inflación según el consumo real de los adultos mayores.
– Fomento de la demanda interna: Reconocer que cada peso adicional en manos de los pensionados se reinvierte en la economía local, dinamizando el mercado interno.
La pregunta “¿y para los pensionados qué?” no puede seguir siendo un eco vacío cada diciembre. La deuda histórica con este grupo poblacional exige una reforma que supere el simple ajuste por IPC y reconozca la dignidad de quienes construyeron el país.
Garantizar pensiones justas no es un lujo fiscal, es una inversión en cohesión social, salud pública y justicia intergeneracional.



Absolutamente necesario que se implementen esas soluciones que describes, los pensionados merecemos una vejez digna y respetable. Es absurdo que nos nieguen tantas cosas que son indispensables, que nos sigan viendo como los inservibles que no necesitan nada. En países más desarrollados los adultos mayores son privilegiados y tienen toda clase de beneficios que aquí estamos muy lejos de recibir.
Muy de acuerdo Javier,nunca ha habido un parlamentario que saque la cara por los pensionados, seguimos en las mismas
Y pensar que tenemos población para poner 20 senadores que nos podrían apoyar en el problema en que nos encontramos, pero igual dentro de este gremio subsisten intereses e ideologías difíciles de conciliar.
Es un pensamiento que viene alos atrás. Dónde están los líderes sindicales. Los representantes de los pensionados. Ya es hora de reclamar al gobierno está brecha de desigualdad y mejorar los salarios. Que paguen los atrasos y así equilibrar justamente los salarios, de tal modo que se signifique por una mejor calidad de vida.
No es justo que durante más de 44 años que estuve aportando para mi pensión y ayudando a construir país tenga que seguir aportando un porcentaje tan alto para mí salud y año tras año recibir un incremento tan bajo IPC . POR FAVOR YA ES HORA DE QUE NOS AYUDEN A VIVIR DIGNA Y JUSTAMENTE …….GRACIAS.
Juicioso planteamiento, Javier. Coincido plenamente. Las reivindicaciones sociales: jornadas laborales, vacaciones, cesantías, primas, seguridad social y un largo etcétera, nunca han sido generadas por quienes han detentado el poder real en nuestro país. Así que tenemos un buen terreno para que candidatos al Congreso con sentido social, entiendan la premisa fundamental del desarrollo: crecimiento económico más bienestar social; y este incluye a quienes han construido el país y ahora son pensionados.