“La gratitud es riqueza. La queja es pobreza”
Quise detenerme para evaluar lo que significó este 2025 y me encontré realizando un recorrido. Durante los doce meses, el mayor regalo fue contar con la presencia de Dios en cada acto realizado. Sentí que su amor me llenó tanto hasta indigestarme, pero, feliz. Ninguna decisión fue producto de mi intuición, todo fue obra suya. Él, mi mayor y mejor compañía. Gracias a Él, puedo realizar el siguiente balance:
Las matemáticas no se hicieron esperar: le sumé experiencias literarias a mi vida cumpliendo sueños que veía lejanos y que hoy representan la mayor satisfacción. Quienes conocen las bondades de la escritura, comprenderán que, ella permite sacar lo más recóndito y transformarlo en música para el alma cuando, requiere sanación. Así mismo, hubo quienes, a través de una palabra, una expresión, un enunciado, comprendieron los misterios de la vida y la magia del texto escrito.
También a nivel laboral, conocí seres excepcionales de quienes aprendí que el aula de clase es un recinto lleno de experiencias ocultas, porque detrás de cada estudiante hay historias que también dieron un giro en ese encuentro nocturno o sabatino. Quizá temores reprimidos que se expulsaron en ejercicios literarios y descubrir la mejor versión de ellos. Una habilidad desconocida, pero hallarla, el mejor premio.
En lo personal, hay crecimiento: con el paso del tiempo, el contexto en el que nos movemos, las personas que frecuentamos, las capacidades para analizar cada detalle por minúsculo que fuese, va forjando en nosotros seres críticos, con mayor apertura al diálogo y más empáticos. Y en ese entorno, el espectro se abre para ser racionales y visualizar el mundo de manera real, como es, sin maquillarlo. Por ello, también debo agradecer.
Cuando se tiene cierta edad, entran a nuestras vidas innumerables personas, estamos descubriendo el mundo, creando amigos, escuchando posturas, formando el carácter. Con los años, la mirada es otra, hay que enfocarse en labrar un camino, pensando en el futuro y tal vez, nos volvemos asociales. Y en la medida en que transcurre el tiempo, ese ruido que fascinaba, que nos llenaba, lo vamos alejando, Nos pesa. Se va tornando en algo apacible.
Encontré seres que, con su carisma, su optimismo, la capacidad de enfrentar las situaciones presentes, toman la decisión de avivar la objetividad comprendiendo que, las dificultades se tienen que ver como oportunidades a través de las cuales, forjamos la vida. Aportan a la relación y nos permiten construir lazos irrompibles. Nos hacemos fuertes.
Sin embargo, en esa gama, también surgen personas que se desgastan lamentándose por lo que sucedió o no. Reniegan, son tóxicas, no hacen bien. No aportan. Entonces, decido apartarlas. Es que cada paso caminado ha tenido un costo y por supuesto, resultados.
Y, por último, pero, no menos importante, la familia. Aunque ella es la mayor bendición, cada uno hemos cruzado diversos caminos que por fortuna se han atravesado con la espiritualidad sembrada por nuestra madre. El mayor ejemplo a seguir.
Ahora, reconocer que en cada acto realizado se hizo presente la madurez para afrontar y enfrentar lo que el día a día traía consigo, fue una tarea sanadora. Curé heridas que esperaban cicatrizarse, hablé de lo que creí vetado para mí, perdoné a quienes lastimaron tal vez sin pretensiones y sentí cómo mi alma se regocijaba y la salud se hacía notoria. Disfruté de mi casa, mi espacio, donde puedo ser yo, donde el aire que respiro es limpio y me transporta a otras dimensiones. Gratitud inmensa.
Ahora, reconocer que en cada acto realizado se hizo presente la madurez para afrontar y enfrentar lo que el día a día traía consigo, fue una tarea sanadora. Curé heridas que esperaban cicatrizarse, hablé de lo que creí vetado para mí, perdoné a quienes lastimaron tal vez sin pretensiones y sentí cómo mi alma se regocijaba y la salud se hacía notoria. Disfruté de mi casa, mi espacio, donde puedo ser yo, donde el aire que respiro es limpio y me transporta a otras dimensiones. Gratitud inmensa.
Es como abrir una puerta que permaneció cerrada y que hoy, accede a quienes le inyectan energía para enriquecer ese andar con la certeza de hallar siempre luz en la vía.
Gracias 2025, un año maravilloso, ahora, le doy la bienvenida al 2026 para continuar trabajando en la construcción de un ser humano mejor.



