miércoles, febrero 4, 2026

A MARÍA VICTORIA CALLE

OpiniónActualidadA MARÍA VICTORIA CALLE

 

 

Adiós «Totica». Quise escribir esta columna desde hace varios años, pero una remota esperanza me lo impedía. Quería que sanaras como lo quisimos todos quienes te admiramos y albergué la posibilidad de una recuperación que con los días se hizo imposible. Quise entonces que murieras, que tu cruel destino terminara. Era desgarrador visitarte y descubrir tu conciencia viva en medio de tu cuerpo malogrado. Una prisión que nadie quiere siquiera imaginar. Tu sonrisa se fue apagando velozmente al contrario que tu vida, que lo hacía muy lentamente. Perdón por mi egoísmo, que encontró sin embargo refuerzo en el anhelado deseo de partir que se advertía en tus ojos.

 

Pero tu legado no es para lamentos, tampoco para lágrimas.

 

A la «Tota» no hay que recordarla por la ironía de su destino, sino por la magnanimidad de su existencia. Se fue un ser excepcional, una mujer aquilatada que supo cultivar virtudes por montones, que fue amiga sin límites, que amó su profesión, que se entregó a las causas nobles de su segunda patria chica, Pereira. María Victoria Calle Correa deja una huella indeleble en el universo de la ética. Una frase suya describe con exactitud y sin lugar a equívocos su talante, la templanza de su espíritu y la pulcritud de sus actos: «Un juez le debe lealtad y fidelidad al derecho y a la Constitución. Normalmente, la gratitud y la fidelidad son valores positivos en las relaciones sociales… Se trata, más bien, de que esa circunstancia sea indiferente al juez cuando se le presente un caso que comprometa los intereses de su nominador o elector».

 

Algunos la acusaron de desleal y hasta traidora por su voto en un momento definitivo para la suerte del país. Se votaba la constitucionalidad de una tercera reelección presidencial que ya había sido aprobada por el Congreso y que entraba a revisión en la Corte. Su voto negativo sorprendió a la opinión política del país, sin recabar en que el resultado final fue 7-2 porque la gran mayoría de los magistrados de la Corte encontraron insalvables los vicios incurridos en el trámite de la iniciativa. El machismo de nuestra hipócrita sociedad quiso culparla del fracaso sin advertir que otros dos magistrados, amigos personales de Álvaro Uribe, como Jorge Pretelt y Mauricio González la acompañaron en esa decisión, que sin duda fue en derecho y no en gustos o apetencias electorales.

 

Aquella jurista, que despertaba desconfianzas por su supuesta escasa idoneidad y por su juventud, llegó a la Corte Constitucional para fulgurar. A sus 59 años sería la primera mujer en ser elegida presidente. Su contundencia e independencia jurídica se recordarán por su decisiva participación en temas como el aborto, la eutanasia y el matrimonio igualitario, e incluso en su clara oposición a la amplitud de poderes camuflados en el llamado fast track que promovió Juan Manuel Santos.

 

Adiós Totica. Que sigas teniendo «buen viento y buena mar». Tuve la fortuna de contar con tu selecta asesoría cuando fui gobernador, de gozar por décadas de tu amistad desbordante, de compartir contigo la pasión por la música en todos los géneros, de apreciar tu incansable lucha por sacar adelante el concurso nacional del bambuco, de admirar tu pluma cálida y amorosa, tu garbo, tu elegancia y tu sencillez. Doy gracias a la vida por tantos regalos inconmensurables.

 

A su familia paisa, a Gustavo, a Eduardo y a todos sus amigos y admiradores, que fuimos por montones, las más sentidas condolencias. Una estrella brillará por siempre en el firmamento y al mirarla los amigos de la Tota diremos como dice su canción: «Te miro y suspiro».

2 COMENTARIOS

  1. De acuerdo. Fue gran jurista, amiga y sobre todo, persona. Es una gran pérdida, desde todo punto de vista. Acompañamos espiritualmente a la familia.

  2. Muchos recuerdos tengo de mi vecina, la Tota adolescente, estudiante de La Enseñanza.
    Que nos haya salvado de un tercer período de MATARIFE GENOCIDA, la hace merecedora de gratitud eterna.

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