A veces los grandes viajes no requieren selvas remotas ni expediciones científicas, solo se requiere disponer de un balcón, un patio y la paciencia de quien ha aprendido a observar.
Esta es la historia de Don Ramiro Cortés Gómez, un hombre que, ya entrado en sus años de retiro, encontró en su casa citadina, entre guayabos peruanos y trinos la maravilla de un mundo que siempre estuvo ahí, pero que pocos habían visto con el detenimiento que él le regaló.
Durante décadas cumplió sus obligaciones, el trabajo, la casa, la crianza, las responsabilidades que moldean a un padre, a un esposo y a un ciudadano. Solo cuando la vida le cedió el tiempo que antes siempre se le escapaba entre horarios y rutinas, descubrió el lujo de observar.
Desde su balcón, armado inicialmente con cámaras básicas y una curiosidad intacta— comenzó a congelar en el tiempo a esos pequeños habitantes del aire que en el habla popular llamamos “pájaros” inquietos, diminutos, veloces y coloridos, que llegaban a su patio a posarse, alimentarse y cantar.
Lo que empezó como un pasatiempo tímido fue creciendo en rigor, en amor y en sentido. Don Ramiro aprendió sin academia, a fuerza de ensayo, error y paciencia. Descubrió formas, colores, gestos y comportamientos. Y encontró también algo más profundo, que la belleza que Dios pone en la creación no siempre necesita de grandes escenarios para revelarse; basta con detenerse y mirar.
Con el tiempo, ese ejercicio íntimo de observación se transformó en un sueño tangible, hacer un libro, no un simple álbum doméstico, sino un libro de verdad, de pasta dura, a todo color, impreso en papel de calidad fina, digno de los protagonistas que lo habitan. Y así nació una obra que hoy puede sostenerse en las manos, el libro de fotos de aves, “DESDE MI BALCON”.
Don Ramiro es un hombre de casa, con una bella familia compuesta por su actual esposa y sus hijos Carlos Iván, Diego Fernando, Jorge Hernán y Juancho. La impresión y circulación del libro es también un acto de amor, un lindo homenaje a la memoria de su nieta Sofía Cortés López, quien dejó este plano terrenal a sus escasos 20 años.
Sus hijos, familiares y amigos contribuyeron para que este sueño se materializara, al punto que puede decirse que se convirtió en un hijo más, que ya hace parte de la familia Cortés.
Antes que el lector ingrese al inventario de pájaros retratados en sus 87 páginas, un delicado texto de Alejandra Pizarnik abre el vuelo con palabras que parecen escritas para Don Ramiro:
“Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.”
Lo que el libro ofrece no son únicamente fotografías, se constituye en un legado. Es la invitación a volver a mirar lo simple con ojos de asombro; a recordar que la naturaleza —incluso en la ciudad— siempre está esperando ser vista por quienes aún conservan la sensibilidad de un niño y la serenidad de quien ya vivió.
Don Ramiro no solo fotografió pájaros, congeló el instante del vuelo, el color furtivo, el gesto mínimo, la gracia del movimiento. Lo hizo para él, pero terminó haciéndolo para todos. Y en un tiempo en que tanta belleza se desperdicia por falta de atención, este gesto merece más que aplauso, merece gratitud.
Porque el legado de Don Ramiro no se mide solo en fotos, se mide en sensibilidad. Y hay ciudades que se ennoblecen cuando uno de sus hijos decide dejar constancia de lo hermoso. Pereira puede decir que uno de los suyos se atrevió a hacerlo.
Por eso, Don Ramiro merece más que admiración, un agradecimiento eterno por el testimonio que nos deja, porque siempre es tiempo para crear, para aprender, para mirar y para amar la vida.
Que nunca es tarde para descubrir que a la belleza no hay que perseguirla; basta dejarla llegar al patio. Y así, sin anuncios ni estridencias, Don Ramiro se ganó un título que no figura en ningún registro oficial, pero que la comunidad y la naturaleza saben reconocer el de “El Señor de los Pájaros.”



Mi apreciado Javier, cada vez cautivas más con tus exitantes relatos costumbristas, nos sueltas unas dulzuras embolventes y arrulladoras.
Felicitaciones, un abrazo.
Muy bello escrito y muy interesante la historia. Es ejemplar lo que hacen esas personas que en la edad del retiro encuentran una pasión tan estimulante y se entregan a ella con amor y dedicación para obtener resultados tan hermosos, que dejan como un legado a la sociedad. Gracias a estas personas por lo que nos dejan y al autor del escrito, por darlo a conocer!
Gracias dr. Javier por no sólo dar a conocer mi Libro de aves, sino. Exaltar mi trabajo con estas especies de las cuales he aprendido mucho
Gracias dr. Javier por no sólo dar a conocer mi Libro de aves, sino. Exaltar mi trabajo con estas especies de las cuales he aprendido mucho
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