Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

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«DE LAS OBRAS AL OLVIDO: CUANDO LA POLÍTICA DEJÓ DE CONSTRUIR PARA EMPEZAR A SUSTRAER.»

 

 

Corría el año de 1960, ejercía funciones como alcalde de Pereira Don Emilio Vallejo Restrepo, se preparaba nuestra ciudad para celebrar su primer centenario de fundada. Era el alcalde parte de una dirigencia comprometida con el desarrollo, progreso y bienestar de sus habitantes. Sus principales aspiraciones estaban encaminadas a dotar a la ciudad de buenos y excelentes servicios públicos, vivienda, vías modernas y ante todo, de oferta pública educativa de alta calidad para las nuevas generaciones.

Por iniciativa del alcalde, el 18 de octubre de 1960 el Concejo municipal aprobó el Acuerdo No 50 por el cual se cedieron algunos lotes de terreno a diversos planteles educativos. Era en ese entonces el municipio propietario de un gran terreno que formó parte de la Hacienda “La Julia”, adquirida en un remate, y con una extensión de 167.300 M2, y de otro lote ubicado en la urbanización El Vergel, con extensión de 51.200 M2.

En ese acto administrativo aprobado por el Concejo, siendo su Presidenta la señora Violeta Londoño de Mejía, se plasmaron los objetivos del municipio de “fomentar el desarrollo de centros educativos, cercanos a la ciudad y con la amplitud que exigen los sistemas modernos y susceptibles de aumento en el futuro”.        

Ese Acuerdo, hoy olvidado en los archivos de la Biblioteca Pública, cedió a perpetuidad 57.172 M2 a la Universidad Tecnológica “para aumentar su patrimonio y facilitar su desarrollo futuro, y ante la necesidad de tener una mayor extensión de terreno para poder localizar en forma armónica y no dislocada sus nuevas y posteriores construcciones”. Al plantel educativo Instituto Técnico Superior 47.687 M2 para que la nación iniciara la “construcción de modernos y adecuados edificios, con miras a convertir este centro de educación en un anexo de la Universidad Tecnológica”. Para el Deogracias Cardona se transfirió a perpetuidad el lote de terreno en El Vergel, con área de 51.200 M2.

Incluso el Liceo de Pereira, entonces afiliado a la Universidad de los Andes, recibió 62.447 m² para subsanar sus limitaciones de espacio. De estos claustros, el Liceo fue el único que desapareció, víctima del olvido y de una gestión que languideció con pocos alumnos. Fue en ese ocaso donde comenzó la rapiña: parte de los terrenos donados fueron fragmentados y vendidos a particulares. Gracias a la presión ciudadana y a las denuncias que interpusimos ante las irregularidades de estas ventas —pues la Universidad de los Andes nunca dio la cara, ni devolvió los terrenos como era su deber legal—, esos predios fueran finalmente transferidos a la UTP, donde hoy se levantan edificaciones que honran el sueño de los dirigentes de 1960.

Esta venta a particulares para destinar estas áreas a vivienda, fueron actos ilegales, pues no existe acuerdo del Concejo Municipal que modifique el Uso del suelo de este predio para actividad diferente a la educativa, tal como lo establece el artículo 6 de la Ley 9 de 1989. Solo en 1996 el alcalde de ese entonces, tramitó y logró la aprobación de un Acuerdo en este sentido para el lote donde se construyó la Unidad Residencial Curacavi, ubicada frente al Instituto Técnico. Acuerdo que en mi condición de Concejal voté negativo, pues consideré y sigo sosteniendo la misma tesis, es ilegal, además de que no se sustituyeron por otros de igual naturaleza, como lo dispone la citada ley.

Actualmente la comunidad del barrio Los Álamos denuncia que uno de esos lotes, ubicado sobre la calle 12 con carrera 27, se adelanta la construcción de un edificio con Licencia de la Curaduría Urbana No 1, pues existen razonables dudas de no respetar los retiros establecidos en el Plan de Ordenamiento Territorial. Se está a la espera de que Control Físico adelante inspección técnica y certifique el cumplimiento de las longitudes de las secciones y perfiles viales establecidos. Se privatizó el espacio público.

Hoy no se construye ciudad; se saquean sus arcas, se apropian de las áreas de espacio público y bienes fiscales. El patrimonio público ya no está al servicio del ciudadano común, sino supeditado a financiar las maquinarias electorales de una casta que ha reemplazado el cemento del progreso por el lodo de la corrupción. Mientras los líderes de 1960 pensaban en los hijos de Pereira, los de hoy sólo piensan en sus propios bolsillos. ¡Es imperativo recuperar la ética de la gestión pública antes de que el olvido termine por devorar lo poco que nos queda de aquel centenario sueño de grandeza!

Carlos Alfredo Crosthwaite F.

 

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