La tecnología virtual, el internet, los celulares, el WhatsApp y las demás redes sociales revolucionaron el mundo de las comunicaciones. Pertenezco a una generación que en épocas tempranas se comunicaba con cartas manuscritas, con teléfonos de manivela, con telegrafía y años después con teléfonos digitales, con beepers, faxes y también con grabaciones de voz que se hacían en casetes y discos (CDs). Oíamos radio en A.M (casi nadie sabe que significa «Amplitud Modulada») y en H.F (High Frequency), leíamos periódicos en papel y mirábamos televisión en blanco y negro. Los jóvenes de hoy no saben que son «cartas amarillas», ni telegramas, ni radioafición, ni sellos postales; aprenden a escribir a mano solo para firmar, la única acción que los obliga. Aprendieron y se acostumbraron a comunicarse únicamente a través de las redes sociales y están pagando un alto precio por esta circunstancia: están cada vez más lejos los unos de los otros.
Sí, así es. Mientras más fácil es la forma de contactarse más efímera y pobre es esa comunicación. El hombre es social y por ende conversador y es innegable que la mejor fuente de salud son las relaciones humanas. Pero las estamos perdiendo. Mientras más conectados, más lejanos. Las redes sociales (especialmente el WhatsApp) ofrecen una vía muy expedita para entrar en contacto con los demás, para dialogar, hacer negocios, transferir información, etc., pero lo grave del asunto es que reemplazan el contacto personal con las consecuentes repercusiones en el desarrollo de las relaciones personales, la construcción de amistades y sin duda en los escarceos que conducen al amor. En los últimos años, pero especialmente después de la pandemia, tomó fuerza la figura del trabajo virtual, una forma de actividad laboral que nos permite adelantar nuestras tareas y obligaciones sin desplazarnos de casa. Y otra circunstancia que nos obligaba a ser citadinos y a entrar en contacto con los demás eran las actividades bancarias. Teníamos que ir al banco a consignar, a cambiar el cheque, a pedir un crédito o a firmar. Ahora todo eso se hace desde el celular y en la comodidad de nuestra casa. Ya no salimos a la calle. Entonces no interactuamos, no nos relacionamos, no nos encontramos —ni casual ni furtivamente— con nadie. No sé si el mundo ha dimensionado las enormes repercusiones que todo esto tendrá en nuestra vida social. Han cobrado una fuerza inusitada las relaciones amorosas que nacen en las redes. Quizás pronto sea la única manera de conseguirlas y quizás también sea el futuro de las amistades.
Otra característica de estas nuevas formas de comunicación es la posibilidad de conversar simultáneamente con muchas personas. Llamadas tripartitas, aplicaciones para reuniones masivas como Meet, Zoom, etc. y cadenas de mensajes son algunos ejemplos cada vez más crecientes. Toman fuerza también las universidades a distancia y pronto esta figura se extenderá a colegios, institutos y bibliotecas. Todo está en internet. Pregúntenle a la IA.
En la mayoría de todos estos casos, la gente conversa con conocidos y amigos, e interactúa también con desconocidos, pero pasan meses y años sin una conversación personal, sin un contacto físico. Por consecuencia los abrazos y los besos están en vía de extinción.
Hasta la forma de coquetear se va transformando. Por celular o a través de la pantalla del computador pierden sentido guiñar un ojo, susurrar al oído y hasta bailar. Y para qué les hablo de «amacizar». Cada día nos parecemos más a las máquinas. Pronto seremos robots y nuestras conversaciones serán frías y distantes, sobre algoritmos, fórmulas y otras «cosas» de la modernidad.



Si Ernesto, comparto tu reflexión. Sin embargo a veces me reconforta mucho poderme comunicar con personas distantes a quienes no tengo la posibilidad de ver y estos aparatos me permiten acercarme a ellas lo que me hace muy feliz. También siento que estos aparatos me dan muchas posibilidades de aprender cosas, de informarme, de compartir, así que también les veo su lado positivo. Creo que lo importante es mantener un equilibrio entre el uso de los aparatos y el contacto con las personas que tenemos cerca, que no los podemos descuidar. Creo que ambos en su justa medida nos pueden proporcionar muchas satisfacciones! Un saludo muy especial para ti!