1 de febrero – del Viejo Caldas, a Risaralda, un modelo propio de desarrollo
Beatriz Helena mira el calendario y marca en rojo: 1 de febrero. Carlos Andrés, con el tono de quien ya entendió que las fechas son excusas para hablar de fondo, suelta: “Risaralda no cumple años: se vuelve a examinar”. Y tiene razón.
Porque este departamento no nació por inercia sino por decisión: la decisión de tener agenda propia, de ordenar sus prioridades y de discutir el poder sin pedir permiso. Y ya son 59, cerca de las 6 décadas de vida
Risaralda fue parte del llamado Gran Caldas -el Viejo Caldas de la memoria regional- hasta que el civismo, la organización y la política territorial empujaron una separación que se volvió ley. Desde entonces, la mariposa verde del mapa se convirtió en algo más que metáfora: un territorio capaz de combinar paisaje y productividad, café y servicios, montaña y ciudad. Hoy, además, es Eje Cafetero en versión moderna: movilidad, logística, exportación, turismo y una conversación permanente entre lo urbano y lo rural.
Una creación con tensión real
En los relatos de la creación se repite una anécdota: la supuesta “huida” de diputados risaraldenses desde Manizales en días de presión política. Más allá de la literalidad del cuento, lo importante es el significado: el proceso no fue suave. Hubo confrontación, campañas duras y un pulso por autonomía. Risaralda no “se la regalaron”; la disputó.
La bandera dice lo esencial
La bandera resume una visión: verde esmeralda -fertilidad, vocación agrícola y territorio vivo- y 14 estrellas, una por cada municipio. Ese símbolo no es decoración. Es un recordatorio técnico: el desarrollo se mide por resultados para todo el departamento, no solo para la capital.
Paisaje que es infraestructura: Tatamá, Cauca, Batero y el agua de Los Nevados
En Risaralda la geografía no es un fondo bonito; es infraestructura vital. El cerro Tatamá y su parque nacional representan biodiversidad y regulación hídrica. El río Cauca, a su paso por La Virginia, es corredor fluvial y punto de intercambio regional. En Quinchía, el cerro Batero funciona como hito de identidad montañera. Y, sobre todo, está la seguridad hídrica de Pereira: el Parque Nacional Natural Los Nevados, compartido con Caldas, Quindío y Tolima, y la Laguna del Otún como reservorio estratégico. De allí desciende el río tutelar, el Otún, que abastece a la capital y sostiene su vida cotidiana y económica.
Mezcla cultural: la ventaja que no se copia
Risaralda no es homogénea y esa es una de sus fortalezas. A la colonización andina y la cultura cafetera se suman los pueblos indígenas Emberá, la migración afro -incluida la chocoana- y la huella de familias de origen sirio-libanés que impulsaron comercio y empresa. Sin fabricar genealogías, la memoria pública local registra apellidos como Chujfi/Chufji, Merheg, Abi-Saab, Abuchar y Meluk como parte de ese tejido. Esa mezcla produjo un rasgo común: pragmatismo. La cultura de “hacer que las cosas pasen”.
El punto central: modelo de desarrollo (economía e infraestructura)
Si hubiera que resumir el modelo risaraldense en una frase, sería esta: conectar para producir. El desarrollo del departamento se entiende mejor cuando se mira como un sistema de conectividad y servicios: integración metropolitana, corredores viales, conectividad aérea, plataformas logísticas y una economía que se diversifica sin renunciar al café.
En infraestructura, el viaducto César Gaviria Trujillo no es solo un ícono: es una pieza estructural que integra la dinámica diaria entre Pereira y Dosquebradas y organiza flujos laborales, educativos y comerciales. En el plano regional, la conectividad vial del Eje Cafetero es arteria económica y, por lo mismo, tema de gobernanza (costos, peajes, mantenimiento, tiempos de viaje). En logística y comercio exterior, las plataformas empresariales y la zona franca consolidan vocación exportadora. Y en conectividad aérea, la modernización del Matecaña sostiene turismo, negocios y movilidad del capital humano.
Risaraldenses ilustres
Dos listas ayudan a ordenar el reconocimiento sin confusiones.
A. Solo risaraldenses por nacimiento
- César Gaviria Trujillo
- Lucy Tejada
- Luis Carlos González Mejía
- Gabriel Vallejo Chujfi
- Samy Merheg Jr.
B. Adoptados por obra y legado (no nacidos aquí, pero parte del resultado)
- Carlos Lleras Restrepo (por sancionar la ley que dio vida al departamento)
- Empresarios, educadores y líderes sociales llegados de otras regiones que se quedaron e hicieron institución, empresa y civismo en los municipios.
Risaralda no se celebra solo con actos: se sostiene con decisiones medibles. Si de verdad queremos honrar el verde y las 14 estrellas, el llamado es simple: convirtamos el aniversario en agenda pública. Como ciudadano de a pie, revise el plan de desarrollo de su municipio, pregunte por metas concretas en agua, vías y empleo, y exija reportes periódicos con indicadores claros. Una región se construye cuando sus ciudadanos no aplauden: verifican.


