Por: León Felipe Cubillos.
Licenciado en Filosofía y Letras, con estudios en Sociología de la Cultura y del Desarrollo.
Sostiene Pereira que entre septiembre y octubre de 2025 sumó, más de dos millones de personas, la resistencia de “la intifada italiana” al salir a las calles o reunirse en las riberas del puerto de Génova; de allí se lanzaron navíos internacionales de paz, desde el mediterráneo hasta las costas de Gaza.
Con el beneplácito de los estibadores algún día zarpó también Cristóbal Colón a “descubrir” a América haciendo escala en Palos de Moguer; ahora, por vez primera, navegaban barcazas con el mensaje urgente de evitar un genocidio aborrecible.
Sostiene Pereira, casi octogenario sobre su escritorio de retiro en Francia, que lo aspirado por su vida en la dictadura portuguesa de Salazar de 1938, quizás se estaba alcanzando con la movilización de millones de ciudadanos europeos y del mundo, tras la defensa de la libertad y de la humanidad teniendo al pueblo de Palestina como testigo.
Antonio Tabucchi, intentó sublimar con su novela (1994), su crítica al gobierno italiano de Silvio Berlusconi, que como los regímenes de derecha de comienzos y hasta mediados del siglo XX, controlaron la libertad pública, con el gigantesco uso de sus medios de comunicación, la alta corrupción a servicio de sus beneficios particulares y el interés de aferrarse en el poder desde 1994 hasta el año 2011.
Sostiene Pereira apareció, desde un inicio, pensando en la muerte: en una soleada y maravillosa tarde de verano, leyendo su página cultural en el “Diario de Lisboa”, creyendo como buen cristiano católico en la salvación del alma pero no en la resurrección del cuerpo; mucho menos, cuando las carnes que le sobraban delataban su obesidad, al respirar con dificultad cuando caminaba, o cuando su corazón dejara de funcionar en cualquier momento, al decir de su médico.
Este periodista de mediana edad, piensa en la muerte; encuentra una columna sobre este tema que le interesa, llama a su autor – un tal Monteiro Rossi – para invitarlo a escribir cada sábado un obituario sobre los grandes escritores y poetas que nos dejan para ofrecerles tipográficamente un último homenaje. Monteiro Rossi de inmediato le dice que sí, se quedan de ver justo el día en que recibe su título en filosofía, en una reunión de apoyo a quienes luchan contra las falanges de Franco y también canta en honor de sus raíces napolitanas.
Sostiene Pereira es un entregado a las artes, sobre todo a la literatura francesa, se considera apolítico, dispuesto a no meterse en problemas. Vive solo, solo con la imagen de su esposa fallecida con quien habla a menudo como confidente de su cotidianidad y de sus cuitas, allá afuera Portugal y España bullen: entre sus partidos monárquicos nacionalistas, embebidos de su conservadora moral religiosa, de una policía de Estado visible e invisible que observa todas las posibles fisuras desde donde se pueda escabullir cualquier ideal republicano.
Declara el narrador que tampoco para Latinoamérica, Colombia o nuestra ciudad la muerte de más de 70000 personas -20000 de ellas niñas y niños- les es indiferente. No solamente, desde Sudáfrica se demanda este genocidio ante la Corte Internacional de Justicia en 2023, provocado por el Estado sionista de Israel al pueblo Palestino, también lo han hecho Cuba, Chile, Bolivia, México, Brasil y Colombia. En contraste de países en nuestra región con gobiernos marcados por la derecha política y económica como Argentina, Estados Unidos y el Salvador. Recuerdan las preocupaciones de dueños de los periódicos y de los medios que quieren defender su pluralidad democrática.
Sostiene Pereira que aún su actual Italia, como muchos otros países europeos hoy dispuestos a entregarse a las desesperadas ambiciones energéticas de la OTAN, también respira un interés político antiglobalista, antiderechos y antinmigración. A quienes verdaderamente se les respeta sus derechos es a los dueños del mercado en el marco de un afán cristiano, conservador y católico bajo la medula de la familia tradicional tan caro propósito para los tiempos de Franco, Salazar y Mussolini, de quien dicen ser los Fratelli D Italia ( Hermanos de Italia), sus herederos políticos, liderados por quien hoy funge como la Primera Ministra italiana, Giorgia Meloni.
Declara Pereira, de paso, su sorpresa al recordar su primer encuentro con Monteiro Rossi, verlo tan joven, que él le hubiera aceptado su invitación de escribir los obituarios para la sección cultural del “Diario de Lisboa”, escucharle que no le interesa hablar sobre la muerte pues su pasión era la vida; los escribiría pues necesitaba de partida una entrada económica.
Le sorprendió también, sostiene Pereira, conocer a Marta, la compañera de Monteiro Rossi, y recibir de parte de ella una crítica directa a la falta de compromiso político de su periódico y de su sección; como quien no quiere oír ni observar, lo que pasa a su alrededor inmediato, ante los abusos de una dictadura que los periodistas oficiales no se atreven a denunciar.
Sostiene Pereira que , ni mucho menos, eran las únicas cosas que le extrañarían, cuando el mundo en torno juega a preservar la vida y no a obedecer los azares de la muerte, el trasegar diario se “malbarata”, se complica y se vitaliza: tratando de comprender mensajes y ausencias inesperadas, militantes biografías que rompen con tranquilizantes mitos nacionales, visitas con motivos velados, reflexivas curaciones de aguas y algas, olvidos de conversaciones con fotografías afectivas, espionajes en la puerta entre limpieza y pulcritud. Al dejar entrar en su vida a Marta y a Monteiro Rossi, – y otra serie de personajes auténticos – Pereira, comprende haber mordido de un fruto prohibido del que descascaró su inocencia, conformidad y quietud y aún purga la semilla de su acción y decisión.
Desde un principio, sostiene Pereira, se identificó con el joven Monteiro Rossi: por sus ganas de vivir, su canto, el mechón de cabello indomable que le recordaba su juventud, sus años de Universidad en la histórica y bellísima ciudad de Coímbra. Como en una novela de formación del espíritu y del alma, él como personaje, Pereira, hace suya tantas nuevas facetas de su ser, quizás dándose cuenta, por intermedio de estos dos jóvenes revolucionarios ante las dictaduras de Franco y de Salazar, que ese otro “Yo” dominará al anterior y le hará participe de un nuevo ciclo de aventuras y renacimientos que no debe dejar para el futuro con la resurrección católica del alma, ni mucho menos, con su cuerpo obeso.
Declara el narrador, que le es imposible quedarse apacible en su presente y en su lugar frente a lo que sostiene Pereira. Su país ha vivido desde su existencia como república el control de dos fuerzas políticas tradicionales, la autocensura se ha impuesto en los medios de comunicación, los eruditos, los investigadores, los profesores, los artistas y los intelectuales; dicha autocensura teñida, en bastantes casos, de neutralidad e indiferencia se ha convertido para muchos en condición irrecusable para mantener su estatus, los valores tradicionales de la familia y el conservadurismo religioso que legitima diversas exclusiones y violencias opacando la verdad oficial de nuestra historia y presente con lo políticamente correcto.
Hace parte de nuestras heridas lo sucedido con la eliminación de más de 5000 integrantes de la Unión Patriótica, los 6402 jóvenes asesinados extrajudicialmente en los mal llamados “Falsos Positivos”, y los más de 800000 víctimas de nuestro propio genocidio colombiano, durante los últimos sesenta años.
Declara el narrador, observando también al Pereira Octogenario, que la derechización del mundo le preocupa. No solamente son los gobiernos conservadores de Trump o de Putin, también en una Europa donde – a diferencia de los Estados de Latinoamérica- los gobiernos progresistas son minoría; donde aún, gobiernos que se eligieron por el respeto a los derechos y las diversidades como España y Francia han tomado posiciones de represión social en las protestas contra el genocidio palestino, como en la primera – a pesar de sus posiciones en escenarios internacionales – y colonialistas como en la segunda.
Impresiona ver que países como Italia, Polonia, Inglaterra, los países escandinavos y los países bálticos, para nombrar solo algunos, inclusive la misma Alemania con Olaf Scholz y Friedrich Merz, hoy sean belicistas y que en este momento se esté hablando de continuar o comenzar las guerras entre Rusia y Ucrania, en el Medio Oriente, China y Taiwan, y se reconozca como una probabilidad real el surgimiento de una posible tercera guerra mundial.
Sostiene Pereira, al pensar en esos tumultuosos tiempos, cómo algún día se decidió a traducir un relato de un escritor francés inacostumbrado. Ya no era el de un poeta, ni del escritor de la comedia humana, ni de un neoromántico poeta místico alemán. Era un relato de un escritor como Alphonse Daudet, considerado por algunos críticos de su tiempo, como un escritor menor y costumbrista.
Nunca había tenido ni una crítica, ni una desconfianza, ni una llamada de atención por parte de su jefe inmediato a quien se lo solía encontrar en momentos inoportunos. Jamás creyó recibir del diario de Lisboa, ni mucho menos una censura. Sin embargo, en palabras de su médico – psiquiátrico ,también amante de la literatura francesa, inconscientemente ese otro “Yo” inadvertido, había subido tan alto que cada vez se apoderaba más de su acomodado “Yo” anterior.
Declara Pereira que su cotidianidad ya no era la misma, rígidos horarios entre su casa, su oficina y el café Orquídea donde solía tomarse la limonada acostumbrada, conversaciones y fisgoneos constantes con el retrato de su esposa fallecida. Ahora le acompañaban prevenciones con preguntas y saludos, desconfianzas al responder el teléfono, solicitudes de ocultar familiares de Monteiro Rossi quienes vivían en la clandestinidad. La elección de este relato de Daudet gritaba una clara posición política, cuando entre la guerra prusiano francesa un humilde profesor de una escuela rural de la campiña gala, dejaba claramente escrita para sus alumnos del futuro, la palabra “libertad” como anticipándose al famoso poema de Paul Éluard.
Sostenía Pereira la mirada de su Director, mientras este censuraba el publicar la traducción de este relato. A la vez, le escuchaba su recomendación de dedicar su sección más bien a la obra de baluartes nacionalistas de la Portugal de Salazar y aferrarse, entonces, a esos anteriores ideales conservadores que mudaron como otra capa de la cebolla en su antiguo “Yo”, timorato, cabizbajo y silencioso.
Como un Tabucchi que hablase ente los medios corporativos de Berlusconi, Pereira sabía muy bien que tal petición no habría de ser acogida, de la misma manera como un demócrata de su tiempo no podría escuchar un Volkslieder (canción del pueblo) en Alemania, una tonada de Joselito en España, o un fado romántico de los que abusaba la dictadura en el país de Magallanes, Camoens y Saramago. Las circunstancias y acontecimientos del país eran cimbreantes, también todo el desarrollo de acontecimientos que sucedían en España, los cantos de sirenas de potencias nacionalistas en el centro de Europa, quienes aliados de los regímenes ibéricos auguraban otro conflicto internacional. Para Marta, para Monteiro Rossi, para toda la intelectualidad disidente y para el ciudadano del común trasgresor de la monarquía; la lucha clandestina se desenvolvía a un todo o a un nada, en las más difíciles instancias; sin darse cuenta, sostiene Pereira, a él le subyacía una situación semejante.
Dicen que las épocas pasadas, a pesar de sus semejanzas, no vuelven jamás. Declara el narrador. Se señala que estamos atravesando épocas oscuras por las que pasaba la humanidad en las postrimerías de los años 20 del siglo anterior. Se exacerban los nacionalismos, se habla en occidente del “peligro chino”, se exalta la xenofobia, toman fuerza partidos como Fratelli D Italia, Alternativa para Alemania o VOX quienes reviven ideales de los antiguos fascismos italianos, alemanes y españoles de la nuova (nueva) Italia, los últimos estertores de la república de Weimar, o los herederos del Escorial. Incluso al hablar de las consecuencias deparadas con el fin de la segunda postguerra, se cita una segunda guerra fría como otra renovada escalada armamentista, donde Rusia y Estados Unidos continúan en contienda y competencia.
Sin embargo, esos síntomas de las actuales realidades políticas similares a lo ocurrido hace prácticamente un siglo antes, no pueden leerse y entenderse en un tiempo y un contexto transfigurado. Ni los lideres, ni los idearios políticos de la derecha o de la izquierda eran los mismos, tampoco hablamos de guerras imperiales o bajo los presupuestos de las anteriores luchas ideológicas.
Declara quien narra, que los monstruos no han acabado de aparecer, mientras en este interregno entre un pasado que no ha quedado en el olvido y un futuro que no ha acabado de llegar, aún hay quienes aspiran a cristalizar una enunciación definitiva para estos nuevos tiempos actuales y por venir. Un capitalismo financiero, cada vez más corporativo, cunde aliado con un desarrollo científico tecnológico, cada vez más invasivo de las organizaciones sociales, hasta de los espacios, territorios, guaridas y zulos individuales.
Para los mercaderes de datos, el algoritmo quisiera controlar nuestra cotidianidad, nuestros deseos, entretenimientos, búsquedas y construcción de nuestras identidades; relatos de ciencia ficción que se intentan materializar en las sociedades de control contemporáneas, como evocando cualquier nueva o vieja utopía conspirativa.
Parecieran, estos nuevos buhoneros, mostrarnos obsoletos el poder de la dictadura de reinos monárquicos como los de Franco o Salazar; no obstante, hasta la información que sirve como in put del logaritmo y la inteligencia artificial, se afinca sobre una afinidad de valores de aquellos que cimentan lo que se suele llamar lo políticamente correcto. Lo intangible depende de lo tangible humano, así como una respuesta o una imagen de la IA , depende de un alto volumen de agua ubicada en nuestros ecosistemas.
Al leer “Sostiene Pereira” (1994), declara el narrador, se piensa inexorablemente en la exclusión política, en las desigualdades sociales, en los retos sempiternos de la legitimidad en las tomas de decisiones, en nuestros desaparecidos de ayer, de hoy y de mañana, en la poca autonomía y autocensura de nuestros medios, en el papel estético de una imagen recortada de la cultura, en nostalgias tradicionalistas que niegan las diversidades. ¿Cómo bajo una tarde soleada de verano, bajo el azul del cielo y con el fresco oleaje marino, se puede filtrar en entresijos de instantes, un poder poroso que visible o invisiblemente define las palabras y silencios por decir y por callar?
Sostiene Pereira que la novela como cualquier escrito, tuvo que encontrar un final. Él como protagonista no lo querría contar, salvo en el libro, por mi parte como narrador respetaré su voluntad: queda al lector seguir atento sus últimas páginas.
No me es posible imaginarme un lector que alcance tal meta sin unos ojos, un alma y un corazón demasiado abiertos … sin emociones encontradas que quisieran colocar en su regazo, por horas, el destino último de algunos de sus personajes; sin compartir la sensación de extrañeza entre los vínculos comunes que compartimos con nuestros vecinos, colegas, calles y cafés. Portugal no nos será ya más indiferente, como tampoco el pensar qué hay detrás de cada periodista, de cada escritor, detrás de cada página de un periódico como este mismo en el que escribo.
“Sostiene Pereira” sigue siendo escrito en lo que dejó por contar, por humanidad y por prudencia, Antonio Tabucchi; sigue siendo escrito en el impacto ralentizado que deja el aroma de su lectura.
Como tantos otros héroes literarios, Pereira permanece y permanecerá, por que no nos sería posible vivir sin él; como no nos es posible desgajarnos de un Fausto, un Hamlet , un Gregor Samsa, un Dr. Jekyll y Mr. Hyde, un Harry Haller o el mismo Don Quijote de la Mancha.
En este país de García Márquez, donde quien escribe habita, sostiene el narrador, también allí muy cerca en el caribe sucede lo inusitado: el temor de otra nueva guerra. Más de un centenar de lancheros extrajudicialmente asesinados y el nombre de una operación de un comando sur desde el norte, preocupan luego de realizada una intervención en el país hermano desafió incendiar todo el continente.
En este país donde no es denominador común la libertad de opinión ante unos medios corporativos rentados, donde también se censura la posición de su Presidente frente a la defensa al pueblo Palestino ante las Naciones Unidas y en las avenidas de New York, se clama y se exige cada día en mayor proporción, el poder de la fuerza entre valores conservadores.
Hay quienes añoran monarcas con raigambres ibéricas. Pereira está allí… agazapado, algunas veces, de cara con las multitudes otras muchas veces, seguro que su voz no solamente resuena en la Francia a la que marchó en la última página de su novela, también en la Portugal después de la revolución de los claveles en 1974. Pereira, también vive en los millones que han y siguen marchando por el derecho a la vida; donde la fuerza, la violencia jamás tendrán la razón. Sí en un juicio internacional Pereira, por fin, se defendiese y fuera sentenciado, tendría que ser legalmente liberado pues se convirtió finalmente en un apasionado de la vida haciendo mustia la muerte … esa fue la sublime lección agónica de su joven maestro: el filósofo, escritor y militante Monteiro Rossi.
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“Sostiene Pereira” vino a mí por casualidad y por herencia. Tengo el libro del Geólogo Alemán Michael Tistl quien nos acompañó y fue pilar fundamental desde la GTZ en el proyecto de cooperación internacional con nuestra Facultad de Ciencias Ambientales en la Universidad Tecnológica de Pereira. Vino a mí este libro, junto con otros en su lenguaje nativo… sus parlantes, su escritorio; los recibí de mi admirada amiga la poeta boliviana Martha Gantier Balderrama actualmente residente en Berlín, quien me honró con este privilegio. El libro lo leí directamente del alemán “Erklärt Pereira, 1997”, me dejó una visión en claro oscuro, que iluminé con la película de Mostroianni.
Agradezco también a mi apreciada amiga italiana Alessia Quaglia, residente en Zürich, Suiza, quien me hizo comprender toda la esperanza que, por sobre la derecha, se agita en su madre patria; pues desde hace muchos años no se exponían por semanas, más de dos millones de ciudadanos, desafiando un gobierno represor por una causa ajena: una multitud que no se dejó apaciguar ni instrumentalizar por el gobierno de Giorgia Meloni, cuando quería sostener ante escenarios internacionales que tales muchedumbres era una presión de la ciudadanía italiana en apoyo a su gobierno, para lograr junto al gobierno de los Estados Unidos, lo que hoy conocemos como el fallido acuerdo de paz de Trump y Netanyahu en la franja de Gaza.
Al igual que la humanidad, que el pueblo Palestino, que Colombia, la capital del departamento de Risaralda enfrenta un fenómeno de violencia que la convierte en la ciudad colombiana donde ha crecido el más alto nivel de homicidios en el último año. Urge una nueva ética y política pública, una verdadera política social, un alejamiento de ese “más de los mismo”, que ha hecho tanto daño a nuestro país, nuestra región y a la “Perla del Otún”, una mayor transparencia, un alejarse de todo nepotismo, pues como quisimos transmitir con todo el sentimiento y sentido que nos dejó el relato de Antonio Tabucchi: el más moderno alumbrado, o más de 600 miembros del Bloque de Búsqueda, como cualquier otro ejército, o como cualquier otra medida de fuerza, serán siempre insuficientes y opacos para sostener a Pereira.
BIBLIOGRAFÍA
Tabucchi, Antonio. Erklärt Pereira. München, Deutsche Taschenbuch Verlag,1997


