El «niño periodista» de 25 años se regodea en sus redes sociales de que su padre director del medio del escándalo, jefe suyo, es ejemplo de integridad impoluta, en medio de semejante crisis reputacional. «Enseña con el ejemplo…» dice y exhibe la declaración pública de su director papá, donde dice que su medio industrial televisivo está de parte de las víctimas y nunca permitirá nada indebido. El vástago, periodista deportivo, expresa orgullo por su papá y jefe, en redes sociales. La reacción es inmediata. Le recuerdan que su padre «ha sido director diez años ahí donde pasó todo esto y mucho más con denuncias engavetadas durante veintitrés años». Para los dos, padre e hijo periodistas empleados de la compañía televisiva y radiofónica, todo está bien. Todo se resuelve con un par de «manzanas» podridas cortadas y ya. No pasó nada. Virus suprimido.
Otro delfín mediático, el ex director antecesor del actual en el mismo medio del escándalo, hijo de actvista político en el fútbol, vaca sagrada del micrófono futbolero, ése ex director defenestrado de ése cargo y el siguiente en radio, sale a solidarizarse con las víctimas. La reacción le reprocha, «atrevido, durante su dirección pasó tal cual». ¿Ceguera voluntaria mirando para otra parte?. Las dinastías mediáticas, que se relevan en endogamia periodística con sus delfines, actúan en tal lógica por desinformación o malformación de criterio y tal vez deficiencia ética. Un periodista veraz no puede caer en engaño por cuenta propia.
La realidad en cuestión es de hondo calado, con fondo intergeneracional que no se resolverá con episodios sin secuencia de proceso con fuerza de transformación cultural. La justicia , ley rigurosa y la acción sólida de las víctimas organizadas no deben parar para cortar plagas como esta del acoso sexual y demás violencias de género. El proceso transformador en familias, educación, formación colectiva de entornos seguros, debe ser el desafío estructural a cumplir en acción real para no permitir tanta vulnerabilidad y vulneración.
Por lo pronto, periodismo ético, fidedigno, no tiene la función de emitir sentencias ni absoluciones. Su misión es dudar de todo y de todos, hasta mostrar con honestidad fidedigna y luz total, la realidad fáctica, fehaciente, tal cual es en cada hecho.
Los delfines periodistas, el «infante bisoño periodístico» hijo de su jefe protagonista responsable en el entorno de los hechos y el delfín experimentado con varias glosas a cuesta por su parcialidad, sesgo y orilla ideológica, mañoso en desinformación manipulación, muestran lo que no puede ser periodismo ni mucho menos un periodista de total confiabilidad.
Las distorsiones del periodismo en su crisis actual, tiene que ver con las deficiencias y falta de fundamentos deontológicos evidentes.
Periodismo es mucho más, muy arriba, por encima del entretenimiento, espectáculo y espejismo de poder venal que precipita su decadencia mediática por sobreponer formatos y artificios, artefactos tecnológicos y relegar su esencia de criterio y pensamiento consistente y coherente. Muy lejos del ideal ético de excelencia periodística. 💬✒️JFA
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