miércoles, abril 1, 2026

LOS MIMOS NO LLEGARON A PEREIRA

OpiniónLOS MIMOS NO LLEGARON A PEREIRA

Crecí en Pereira. Aprendí a cruzar la calle entre motos que no frenaban, buses que se comían la acera y peatones que le apostaban al riesgo como si fuera un deporte popular. Nadie decía nada. Era el orden natural de las cosas.

Hoy vivo en Bogotá, y aunque la ciudad cambió mucho desde los años en que Mockus mandó a los mimos a reemplazar a los policías de tránsito corruptos, la herencia de ese experimento todavía se siente en ciertos gestos: el conductor que de vez en cuando cede el paso, el peatón que espera el semáforo, aunque no haya nadie mirando. No siempre. Pero existe. Hay una memoria de que la norma puede ser algo más que una amenaza.

En Pereira, esa memoria es más difusa.

No digo que la ciudad no haya crecido. Ha crecido y mucho. El Viaducto ya es paisaje, la Avenida del Río fue una apuesta urbana seria, y hay barrios que se renovaron con dignidad. Pero el ciudadano, ese sujeto que habita el espacio público y decide cada segundo si respeta o no la norma, ese sigue siendo un proyecto inconcluso. Y no es un problema solo de Pereira: es un problema nuestro, de colombianos que aprendimos a ver las reglas como obstáculos para el pillo, no como acuerdos para el bien común.

Lo que Mockus entendió —y que sigue siendo una lección sin aprender— es que ninguna norma funciona sola. Las leyes sin cultura ciudadana son papel. La cultura sin normas es caos con buenas intenciones. El mimo que se burlaba del conductor que invadía el paso peatonal no estaba siendo gracioso: estaba diciéndole, delante de todos, esto que haces nos perjudica a todos. Y eso, la sanción social, duele más que la multa.

¿Por qué nos cuesta tanto esa idea en Colombia? Porque durante décadas nos enseñaron a asumir que el Estado era el responsable de todo y el ciudadano era víctima de todo. Que, si el andén está roto, es culpa del alcalde. Que, si el caño huele mal, es culpa del Concejo. Que, si el vecino parquea sobre la rampa del discapacitado, pues qué le vamos a hacer. Esa resignación activa —porque no hacer nada también es una decisión— es la que alimenta el deterioro de nuestras ciudades.

Pereira tiene un reto mayor que el promedio, y hay que decirlo con respeto, pero sin rodeos: es una ciudad que creció rápido, que recibió muchas olas migratorias, que construyó identidad sobre el trabajo duro y la informalidad, y que todavía no ha terminado de construir el pacto de convivencia que una ciudad moderna requiere. El andén invadido por el local comercial, la moto en contravía, el volumen del negocio que no respeta al vecino, la basura dejada en la esquina ajena — todo eso es síntoma de lo mismo: no me identifico con este espacio como mío.

Bogotá tiene sus propios demonios — y no voy a romantizarla. Pero hay algo que la capital sí logró instalar, aunque sea parcialmente: la idea de que el espacio público es de todos y por lo tanto su cuidado es responsabilidad compartida. Ese concepto todavía suena a cuento en muchas cuadras de Pereira, de Cali, de Barranquilla, de cualquier ciudad colombiana que no haya pasado por su propio sacudón cultural.

La pregunta no es cuándo llegan los mimos. La pregunta es cuándo decidimos, cada uno desde donde estamos, ser parte de la solución.

Eso significa ceder el paso, aunque nadie esté grabando. Significa recoger la basura, aunque el contenedor esté a media cuadra. Significa decirle al vecino, con respeto y sin cobardía, que el ruido a las once de la noche afecta al edificio entero. Significa votar en las juntas de acción comunal, participar en el cabildo abierto, reportar la irregularidad en la app de la alcaldía, aunque sepamos que probablemente nadie responda de inmediato.

La cultura ciudadana no es un programa de gobierno. Es una decisión cotidiana y colectiva. Es el resultado de miles de personas que eligen, en silencio y sin aplausos, comportarse como si la ciudad fuera de ellas — porque lo es.

Mockus lo intentó con mimos. Nosotros podemos intentarlo con algo más sencillo todavía: con ejemplo.

Fernando Sánchez Prada.

Comunicador y columnista.

2 COMENTARIOS

  1. Excelente reflexión….. Todo cambio comienza con un cambio de mentalidad… y lo que relata la columna, cada uno de nosotros es parte del cambio. Gracias por hacernos pensar

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