“LAS QUEJAS SE CONVIRTIERON EN ACUSACIONES Y CALUMNIAS “
Agradecimientos
Gratitud a mí gran amigo Richard Ramírez Quintero, compañero de estudio desde el año de 1986, con una amistad sincera hasta la fecha de 41 años la cual sigue vigente y quién me impulsó a llevar a cabo esta columna tan cargada de actualidad y realidad con una apreciación muy acertada ante la realidad docente.
Preámbulo
Cabe destacar lo siguiente: La queja expresa inconformidad sin necesariamente imputar un delito; la acusación señala a alguien de una falta (pudiendo ser verdadera o falsa); y la calumnia es la imputación falsa y deliberada de un delito específico con el fin de dañar el honor, siendo esta última un delito penal.
Llevando a cabo con detalle las diferencias, se hace mención de la siguiente manera:
Queja: Es una expresión de disgusto, insatisfacción o inconformidad por un servicio, comportamiento o situación. No implica necesariamente la comisión de un delito.
Acusación: Señalamiento que se hace a una persona como responsable de un acto, ya sea ilícito, disciplinario o simplemente incorrecto. Una acusación puede ser cierta (sustentada con pruebas) o falsa.
Calumnia: Es la acusación de un delito falso y a sabiendas de su falsedad. Para que sea calumnia, debe atribuirse un hecho delictivo concreto (ej. «Juan robó el dinero») sabiendo que no ocurrió, buscando afectar la honra de la persona.
Tabla Comparativa: Calumnia vs. Injuria vs. Acusación
| Concepto | Definición Clave | Objetivo |
| Calumnia | Imputación falsa de un delito. | Dañar la reputación y honor penalmente. |
| Injuria | Expresión que lesiona la dignidad (insultos, deshonra) sin imputar un delito. | Ofender la autoestima o buen nombre. |
| Acusación | Señalar a alguien de algo (puede ser real o falso). | Señalar responsabilidad. |
| Denuncia Falsa | Similar a la calumnia, pero se hace ante una autoridad, moviendo la justicia. | Engañar a la administración de justicia. |
Puntos clave a recordar
La calumnia es falsa: Si el delito que se imputa es real, no existe calumnia.
El honor es el bien protegido: Tanto calumnias como injurias buscan proteger la honra de la persona frente a falsedades o agresiones verbales.
La difusión: La calumnia realizada ante muchas personas (redes sociales, medios) se considera a menudo una forma agravada de difamación
Desarrollo y amplitud legal con estudios de caso previo al título de la columna
El temor docente en las aulas, a menudo vinculado al síndrome de burnout, surge del miedo a represalias de padres, acusaciones falsas de maltrato al corregir, la burocracia excesiva y la falta de respaldo institucional. Este clima genera inseguridad, estrés crónico y crisis emocionales que afectan la identidad y labor del maestro.
Los miedos más comunes incluyen:
Gestión de aula: Temor a corregir comportamientos por miedo a ser denunciados por violencia o abuso. Los insultos y golpizas a los docentes por parte de estudiantes y acudientes se han normalizado de una manera vergonzosa y vulgar sin ningún tipo de sanción y aplicación de la ley hacia el agresor.
Evaluación de desempeño docente: Miedo a la evaluación anual de desempeño por parte de los directivos docentes acompañado en muchos casos de informes sicológicos inconclusos y amañados para perjudicar dicha evaluación.
Responsabilidad Civil: Preocupación por la seguridad física de los alumnos y la responsabilidad legal en caso de accidentes.
Falta de Apoyo: Sensación de soledad ante problemas de disciplina y falta de respaldo por autoridades, ya que en muchos casos se recibe con prontitud la queja, acusación o calumnia del docente mientras que la defensa del docente es intimidada por el mismo directivo docente en muchas ocasiones a través del envío de casos a las Secretarías de Educación quienes inmediatamente envían a Control Interno y a las demás instancias ( Personería, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, Bienestar Familiar , Comisaría de Familia y otras más) saltándose en muchos casos el conducto regular, generando malestar laboral y enfermedad al docente, además, del pago a un abogado para que lo defienda en situaciones que no ameritan semejante dimensionamiento en muchas ocasiones.
Salud Mental: El estrés constante puede llevar al «síndrome del profesor quemado» o burnout.
La no credibilidad al docente: Se ha vuelto costumbre no creerle al docente absolutamente nada, pero al estudiante con su acudiente todo lo dan por cierto y veraz, acompañado del matoneo de muchos directivos ante estas situaciones.
La escrupulitis docente : Se ha vuelto costumbre señalar al docente de manera verbal y no verbal, cargada de escrupulitis desmedida ante determinadas situaciones, con el agravante en muchos casos que los mismos docentes, directivos docentes y personal de apoyo (sicólogos) dan ideas de ataque hacia el docente indicándoles hacia donde deben dirigirse, a quién deben dirigirse y qué deben escribir.
La evasión del conducto regular: Se han visto muchos casos donde el conducto regular es ignorado en aras de perjudicar al docente, situación terrible porque la sensación de injusticia y de imposibilidad en una primera reacción es fuerte y nociva, siendo una manera disimulada de afectar el bienestar docente para que la labor sea la mejor.
El peor enemigo de los buenos profesores son sus propios compañeros
El peor enemigo de los buenos profesores son sus propios compañeros. Ellos son los que les ponen trabas y zancadillas para formar grupos de trabajo, poner en marcha mejoras e innovaciones, coordinar las actuaciones en cada curso y en el centro en su conjunto. Son ellos los que cuestionan y critican de manera encubierta o incluso abiertamente las iniciativas que quieren emprender. Esta situación se puede ver perfectamente ilustrada en el artículo «Sé profesor y sé sumiso» (leer) donde el autor y varios profesores que lo comentan, se burlan de manera cínica de estas iniciativas, a las que otros llaman «milongas educativas». Otros no tienen ningún escrúpulo en llamarlos directamente tontos útiles, charlatanes, colaboracionistas, incluso asociarlos con el fascismo (leer), aunque ello resulte esperpéntico.
Esgrimiendo todo tipo de causas y razones buscan, dice Débora Kozak (una maestra con una larga trayectoria), desesperanzar a todo aquel que quiera hacer algo diferente y, si es joven, explican su comportamiento atribuyéndolo a la corta trayectoria en el sistema y rematan con la frase: “en unos años se te va a pasar”, como si quien trajera las nuevas ideas portara una enfermedad transitoria que se irá diluyendo con el paso del tiempo.
La oposición que ejercen este tipo de profesores propicia que cuando las iniciativas para mejorar la actividad docente y/o el aprendizaje de los estudiantes, finalmente logran llevarse a cabo, sean experiencias en general de carácter individual o aisladas.
El trabajo colaborativo, en equipo, entre los profesores de los centros educativos es poco frecuente, no porque no haya en cada centro profesores dispuestos a trabajar de esta manera, sino porque tienen compañeros que se niegan en rotundo aduciendo una inadecuada interpretación de su “libertad de cátedra” u otro tipo de excusas: no se puede, para qué, así no se hace, que lo hagan otros, nada sirve, etc.
Esto conduce a que en muchos centros los profesores realicen su trabajo de manera individual, en soledad. Es común que no exista “ambiente de trabajo” entre ellos, o que este sea irrespirable.
Esto también hace que los esfuerzos y las energías de los buenos profesores pierdan eficiencia y eficacia. Y que bastantes de ellos tengan que realizar, a su vez, tremendos esfuerzos psicológicos para acudir a sus centros, que finalmente se traducen en depresiones y en el síndrome del “profesor quemado”.
No es extraño comprobar que cada comienzo de curso se produzca una situación paradójica: muchos estudiantes desean que éste comience para encontrarse con sus compañeros, mientras que son numerosos los profesores que lo que más les acongoja es justamente encontrarse con los suyos.
Los profesores de los centros donde estas situaciones son habituales harían un gran servicio a nuestro sistema educativo, y a ellos mismos, si superaran el espíritu corporativo que les impide enfrentarse, pronunciarse o incluso denunciar las malas prácticas presentes en sus centros. Mientras su silencio siga amparando las actitudes, formas y actuaciones de los compañeros que dificultan o impiden introducir los cambios y las mejoras que nuestro sistema educativo necesita urgentemente, poco se podrá hacer. Es necesario romper con el hermetismo presente en los claustros de profesores.
Entiéndase esta reflexión como un mensaje de ánimo y apoyo a esos magníficos profesores que hay en nuestro sistema educativo, y que día a día se esfuerzan por mejorar en un entorno como el que se acaba de describir, no es un cuestionamiento o un ataque a la profesión docente, todo lo contrario, es una reivindicación de la misma. Tampoco con esta reflexión se pretende que se olviden las consecuencias de unos recortes mal intencionados en educación. Pero estos no pueden seguir siendo la excusa para el inmovilismo.
Fuente: https://fracasoacademico.wordpress.com/profesorado/el-peor-enemigo-de-los-buenos-profesores-son-sus-propios-companeros/
Pero: “Las quejas se convirtieron en acusaciones y calumnias “
La realidad en los ambientes escolares se puede esbozar de la siguiente manera antes de profundizar en el título de la columna presentada a nuestros lectores así:
Las instituciones educativas se convirtieron guarderías y centros para cuidar estudiantes con todas las realidades posibles, situación que se complejiza con la política de inclusión y sobre todo con los estudiantes sicosociales al desconocerse con amplitud y detalle su realidad comportamental y sobre todo la manera de reaccionar ante situaciones como el estrés , la frustración , la exigencia docente, la falta de medicación en las horas asignadas por el médico que sigue el caso del estudiante, entre otras, lo cual en muchas ocasiones se traduce en agresión hacia los docentes, directivos docentes, estudiantes y el que se le atraviese por la pérdida de su brújula cognitiva y emocional, además, personalmente he pasado de la creencia a la convicción que muchos de estos estudiantes no son aptos para estar en un ambiente de formación porque la exigencia acorde a su alcance se debe hacer y en ese orden de ideas el estrés, la presión y demás sensaciones propias de las exigencias controlados pueden ser detonantes para su agresividad, justifica o injustificada porque en muchos casos no son dueños de sí desde el punto de vista comportamental, además, las instituciones educativas no son correccionales, ni hogares de paso, clínicas de reposo ni hospitales mentales, además, carecemos de personal de apoyo expertos en controlar y someter a estas personas en caso de recaída comportamental, sin obviar que el docente carece de formación ante estos casos ya que la academia es lo nuestro.
Con los estudiantes sicosociales no se puede obviar la figura de “inimputables” como se mencionará a continuación: En derecho penal, un inimputable es una persona que, al momento de cometer un hecho delictivo, no tiene la capacidad de comprender su ilicitud (distinguir el bien del mal) o de determinarse conforme a esa comprensión, debido a trastornos mentales, inmadurez psicológica (menores) o estados similares y como consecuencia, no se les impone una pena, sino medidas de seguridad.
Aspectos clave de la inimputabilidad
Causas principales: Trastornos mentales (esquizofrenia, demencia), inmadurez psicológica (menor de edad), o diversidad sociocultural, según el código penal de cada país.
Momentos: La incapacidad debe existir en el momento preciso en que se ejecuta la conducta típica.
No hay culpabilidad: Al no tener conciencia o voluntad, el sistema penal no les atribuye responsabilidad penal (culpabilidad).
Medidas de seguridad: En lugar de cárcel, se aplican medidas de protección, tratamiento médico o internamiento en centros especializados para rehabilitación.
Semi imputabilidad: Ocurre cuando la capacidad de comprensión no está totalmente anulada, sino disminuida, lo que puede resultar en una reducción de la pena.
En este orden de ideas y con letras resaltadas hago la siguiente mención: “Muchos docentes no son informados por parte del personal de apoyo y Sico orientación si los estudiantes que atendemos con problemas sicosociales son inimputables o no lo son “lo cual es preocupante por la falta de claridad al respecto, ya que el derecho a ser informados desde la certeza y la precisión con relación al alcance de estos estudiantes tanto inimputables ( Los cuales no deben estar en la institución porque es convivir con el peligro y con la muerte) como los no inimputables cuando los detonantes sicológicos hacen lo suyo, hace que la labor sea compleja, además, se debe estar vigilante que otro compañero de aula no sea agredido por su compañero con dificultades sicosociales.
La queja se convirtió en acusación y calumnia por parte de los estudiantes y acudientes, porque además de ser guarderías las instituciones educativas y aceptar estudiantes con realidades difíciles desde lo social y lo peor con trastornos y dificultades mentales, han creído que el docente “tiene que ser imagen y semejanza tanto del estudiante como del acudiente” y si no lo es, lo acusan de maltrato o bullying docente hacia sus hijos cuando les exige mejoras desde lo académico y desde lo comportamental, porque el joven “ disque se traumatiza, que se le disparó la tiroides, que se deprimió y otras excusas más “, pero para molestar, no dejar dar clase y ser irresponsables e irrespetuosos no se afectan, al contrario, son felices, agregándole que en muchas ocasiones el infractor se rodea con falsos testigos, es decir , un estudiante es corregido y orientado por el docente pero como son estudiantes altaneros, vagos, vulgares, groseros y anárquicos, además , frágiles cuando son corregidos pero no cuando se indisciplinan, toman la orientación como maltrato y con tres o cuatro compañeros sintonizados con su mal comportamiento se convierten en testigos del supuesto maltrato, llevando al docente a situaciones difíciles donde su actuación es puesta en duda, lo cual ha complejizado dicha labor porque por cualquier cosa el educador es sancionado si no se sabe defender ante estos ataques tanto del estudiante infractor, de los falsos testigos, de los acudientes que en muchas ocasiones llevan cartas firmadas para robustecer y fortalecer este tipo de acusaciones y difamaciones, además, la complicidad de los malos compañeros de trabajo, sin dejar pasar ciertos directivos, personal de apoyo y docentes orientadores , quienes se les hace más fácil apoyar al infractor que escuchar con imparcialidad al docente, en aras de recibir un trato justo.
Los estudiantes de cristal, la crisis de valores, la falta de formación de muchos acudientes quienes son alcahuetes con sus hijos y que no aceptan ningún tipo de correctivo frente a sus hijos, el odio al docente, la falta de carácter de algunos directivos para proceder y en general el miedo de actuar ha enredado esta labor. Es una realidad que se debe cambiar a partir de la credibilidad hacia el profesor porque las personas que se van a entregar a la sociedad no van a ser las mejores porque la exigencia y el respeto por las normas no va a ser parte de su formación pero el entorno externo no permite estas situaciones, corrigiendo y castigando con severidad si lo amerita.
Apoyen al docente porque él quiere lo mejor para sus hijos, estudiantes que en la actualidad son difíciles e inmanejables en muchos casos.
Colofón
Damos cierre con varios ejemplos:
“A ningún estudiante le llaman la atención por portarse bien en los ambientes de formación donde se encuentren“.
“Si el maestro de una obra llega y observa a los trabajadores tirándose ladrillos, arrojándose la mezcla, jugando a los espadachines con las herramientas” su deber es frenar de inmediato estos actos de indisciplina porque la construcción no se puede realizar. En la mayoría de las situaciones este ejemplo sucede en las aulas de clase, no con ladrillos ni herramienta pero si con situaciones como estas : los estudiantes se golpean (se dan calvazos y coscorrones), se tiran las cosas, se irrespetan verbalmente, gritan de una manera desaforada y con un alto volumen cargado de vulgaridad e insultos entre ellos, conversan en clase mientras el docente explica y quieren así aprender y aprobar si no prestan atención mientras se explica, no saben qué preguntar porque no están atentos, en fin, tantas cosas que se ven en un aula de clase y el docente debe hacer lo mismo que el maestro de obra para que el proceso fluya, poniendo orden y enfoque pero se expone con este proceder a que lo difamen y calumnian de acoso y maltrato pero si hace el desentendido y no disciplina le abren proceso disciplinario por omisión, entonces, ¿ Disciplinamos o no disciplinamos, educamos o no educamos, enseñamos o no enseñamos, gana la disciplina o la indisciplina, ganan los que no quieren estudiar sobre los que si quieren hacerlo, en fin, qué hacemos entonces?
El estudiante y el acudiente creen que los colegios son guarderías, que los docentes son cuidadores de cualquier tipo de estudiante, que no se les debe exigir n comportamental ni académicamente a sus hijos y que aprueben el año así no aprendan nada, es decir, además de tener que soportar el irrespeto, la amenaza de calumnia debemos mentir con las notas.
Si el docente no se sintoniza con estos requerimientos lo perjudican sin mayor esfuerzo. ¿Quién está fallando realmente ante situación?
Mención para el lector
Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino. Es una invitación a la reflexión y al debate para la construcción colectiva, ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.
El Opinadero “pregunta:
- ¿Qué se debe hacer ante esta realidad ya que esto no le sucede únicamente a los docentes?
- ¿Cuál es la responsabilidad de los padres de familia y el sistema legal frente a estas malas actuaciones como son la difamación y calumnia?
- ¿Se está violando el derecho al trabajo al docente?


